Tenemos la montaña delante. Todavía, lejos de tomar una perspectiva real, el fenómeno se está disparando frente a nuestros ojos. El mundo digital cambió la vida, todas las vidas. Y hubo un anime japonés, que ahorita mismo está cumpliendo 25 años, que plantó bandera sobre tópicos que por entonces eran ciencia ficción pero hoy son parte de nuestra cotidianidad. Ese anime es Serial Experiments Lain y se yergue, por muchas razones, como algo superior a un must: es una puerta al futuro (¿al presente?), una verdadera maravilla.

La obra de Ryutaro Nakamura y Chiaki J. Konaka hablaba de second life, de inteligencia artificial, del Dios todopoderoso que ulula en Internet y de la drogadependencia de las redes sociales. Una obra que se ensancha sobre un cosmos que (curiosamente) tenía marco teórico pero que (insólitamente) aún no tenía el hardware.

Allí, el espacio físico se devela como -apenas- el límite del cuerpo y el ciberespacio se convierte, definitivamente, en el código de la nueva normalidad. ¿Les suena? Vamos de nuevo: esto pasó en 1998, cuando la humanidad abrazaba la llegada del sistema operativo Windows '98, recién se constituía Google y se empezaba a proyectar sobre el potencial del bluetooth. No existía Internet móvil y Napster comenzaba a piratear sus primeros archivos. Otro mundo, digamos.

Serial Experiments Lain configuró la idea de una existencia seteada en función de una huella digital, pero sin exagerar con el Skynet de Terminator sino que esculpiendo su figura sobre límites que asustan todavía más: la batalla de la fe, la otredad, la realidad de lo material contra la irrealidad digital, la tiranía de los pensamientos, los bordes porosos de continuar la vida allí, en ese vértigo matemático, infinito, donde -probablemente- también viva Dios. Existimos, básicamente, porque estamos en Internet. Y, por caso, Internet existe muy a pesar de nosotros: la vida -en todas sus formas- echándose paso al andar.

► El presente es el futuro del pasado

"La manera en que se presentaba la inteligencia artificial entonces y la forma en que la gente la percibe ahora son completamente diferentes", avisa desde Japón el guionista Chiaki J. Konaka, en exclusiva para el NO. "En ese momento estaba interesado en una visión ficticia de las posibilidades de cosas como la inteligencia artificial y la vida artificial", continúa, a propósito del abordaje que encaró en Lain.

De hecho, el autor destaca que su animé "trataba sólo del alma, la mente y el espíritu", tres conceptos que ahora también entronizan su presencia en un universo de ceros y unos. Sin embargo, alrededor de 25 años después, en línea con la proliferación de las aplicaciones de chatbots de inteligencia artificial, Lain reapareció con un chat conversacional. "Sigo sintiendo que la naturaleza de Lain me es ajena", confiesa Konaka.

En ese momento, ni Nakamura ni Konaka creían que Serial Experiments Lain podía convertirse en un éxito de culto, perforar la barrera geográfica nipona, llegar a internacionalizarse y, de paso, transformarse en un artefacto pop que pinta con gracia los asomos de aquella Internet (del dial-up lentísimo) antes de Internet (del 3.0, el ChatGPT, la hiperconectividad y los avatares online).

"Quería conectar con los espectadores solitarios en Japón, que verían la serie tarde en la noche. Así que hice los mayores esfuerzos creativos que pude. Hubo cierta preocupación de que el programa se volviera obsoleto rápidamente después de su emisión, pero descubrimos que no fue el caso", identifica Konaka. Por estos días, Lain vive un revival insólito, propio de su cosmovisión y de su mirada retrofuturista: el futuro que se imaginó es el futuro que nos tocó.

► La vida on Lain

En Serial Experiments Lain, exhibida en este lado del mundo por el mítico canal Locomotion, se desarrolla la historia de Lain Iwakura, una chica de los suburbios que se entromete en Wired, una red comunicacional similar a Internet. Ahí, a caballo de algunos dilemas de la clase media japonesa, van abriéndose paso tópicos pesados como la existencia de Dios, el inconsciente colectivo, las teorías conspirativas, las drogas ("Intentamos representar los efectos químicos de las drogas inteligentes"), la presencia omnisciente de ese algo que habita en la red ("Que ahora percibe a Lain-chan como a un ícono") y de otros chiches tan cyberpunks como pops.

"Hace veinticinco años la red no se trataba de personas activas registrando su activismo en el mundo real, sino de introvertidos murmurando incoherencias. Ahora las redes sociales son claramente una herramienta que puede manipular el pensamiento de las personas, de manera similar a la inteligencia artificial, amenazando con hacer que piensen ciertas cuestiones sin su propia conciencia. Creo que esto es algo de lo que debemos estar alerta", advierte Konaka, también conocido globalmente por su trabajo en Armitage III, Birdy the Mighty, Bubblegum Crisis Tokyo 2040 o Digimon Tamers, entre otros.

Así las cosas, Konaka, fanático acérrimo del género horror y responsable de algunas adaptaciones de los mitos de Cthulhu (Cthulhu's Strange Record, Insmus wo Oou Kage, Terror Rate), asegura que "en primer lugar, quería atrapar a la audiencia con una sensación de miedo". No obstante, a medida que se desarrollaba la trama, el guionista comenzó a sentir "la conmovedora profundidad del corazón que el difunto director Ryutaro Nakamura buscaba expresar". Para identificar ese sentimiento, Chiaki utiliza la palabra Setsunai, que podría traducirse como "tristeza" o algo en ese mood.

Al principio, Lain circuló entre entusiastas de la periferia de Tokio y, poco a poco, luego de su primera emisión, el boca en boca comenzó a reunir a nuevos fanáticos. Entonces, las operadoras de cable comenzaron a programarlo y su presencia fue engordando más y más.

"Fue una de las obras en las que estuve involucrado durante mi período creativo más ocupado. Soy consciente de que no fue consumida durante los tres meses que se emitió por TV durante las noches, pero tuvo un fuerte impacto en muchas personas en todo el mundo y en mí mismo. Aunque nunca se pretendió que fuera así", dice. De hecho, a más de dos décadas de su creación, Konaka no termina de comprender su éxito. "Pensábamos que lo verían aquellas personas que ven anime en TV a las 2 de la madrugada. No esperábamos que incluso los jóvenes de 10 a 20 años después estuvieran interesados."

Y este es un dato que pocos conocen: el anime iba a acompañar la promoción del rarísimo videojuego de PlayStation 1. "Pudimos crear libremente sin preocuparnos por las diferencias entre el juego y la ambientación del anime", dice Konaka. "Como era una producción de un pequeño estudio, pudimos calcular dónde surgirían problemas en el entorno de producción. Y, para bien o para mal, disfrutamos de la emoción de producir un programa de TV que estaba al borde de ser transmitido."

En la foto, jóvenes efervescentes en pleno desarrollo de su vida artística, talentos mancomunados en una obra a la que, a fin de cuentas, nadie le depositaba su fe ciega. Yasuyuki Ueda, el productor, y Yoshitoshi Abe, el animador, tenían veintipocos; y tanto Konaka como Nakamura apenas pasaban los 30 años. "Todos trabajaron en este proyecto con más entusiasmo del que se les pagó. Creo que cada minuto que pasamos trabajando en ello valió la pena", confiesa.

Y sobre el infierno de lo artificial y lo sintético, Serial Experiments Lain sigue reverberando en ese guiso que conocemos como cultura pop; y su contemplación deviene más vital, más nítida, más religiosa y más terrorífica que nunca. ¿Puede la inteligencia artificial "despertar" su propia emoción y "constituir" su propia voluntad? ¿No es, acaso, la misma pregunta que le cabe a la IA moderna, la intríngulis que intenta delimitar la filosofía existencialista y la duda teñida de miedo que brota del pecho de los luditas tecnológicos?

La gama de preguntas teológicas todavía expanden su grito con fuerza: "¿existe Lain?", se preguntaba -angustioso- el recordado spot promocional de Locomotion. ¿Existe Lain, Chiaki J. Konaka? "A principios de la década del 2010, habría respondido que sí: Lain se abrió camino hacia el lado oscuro de Internet. Pero ahora, en la década de 2020, no creo que pueda responder a esta pregunta."


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