El barro como conductor
De Buenos Aires a Londres y de nuevo a Buenos Aires, la vida y obra de Ana Battersby, que tiene como hilo conductor al grés y la porcelana.

Antes de empezar a hacer cerámica como hobby, Ana Battersby pintó con óleos por un tiempo aunque nunca logró que la atrapara. Fue así como se le ocurrió probar con la cerámica y buscando encontró el taller de Jorge Bangueses a unas cuadras del PH donde vivía en Palermo Viejo. Era 1998 y según detalla necesitaba algo más corpóreo, matérico, con lo que expresarse. En ese momento no vislumbró que esa técnica y materialidad, y por qué no identidad, sería lo único que no cambiaría a lo largo de los años y muchas mudanzas. 

Comenzó haciendo esculturas, para luego empezar a experimentar con utilitarios, siempre guiada por la idea de la simpleza en las formas. Dos años mas tarde, en 2000, obtuvo el tercer premio dentro de la sección utilitaria del Salón Internacional de cerámica en Argentina.

A comienzos de 2001 conoció al que años mas tarde se convertiría en el padre de sus dos hijas, y juntos se fueron a vivir a Londres. Allí, concentró sus estudios principalmente en gres y porcelana, en el Camberwell School of Arts, Morley College, y con los ceramistas Barry Guppy y Chris Keenan. Con ellos afianzó su conocimiento de la alfarería y diferentes técnicas de construcción. Londres, como cuna del craft, fue sin duda el punto inicial para comprender y darle a este material y técnica otra dimensión y posibilidad. De regreso a la Argentina, fundó su taller Rie Potters, donde continúa trabajando en gres, diseñando vajilla y utensilios tanto para particulares como para restaurantes como Aramburu y Chila. A una semana de haber lanzando una bella colección de vajilla en gres hecha a mano en Malba Tienda, nos cuenta algunos detalles, de un proceso que involucra desde la elaboración de la pasta de gres, hasta el preparado de los esmaltes y la técnica del esgrafiado, cien por ciento artesanal. La colección incluye bowls, cuberteros, ensaladeras, jarras, platos y vasos. 

 

–¿Cómo es trabajar con barros?

–Trabajar con arcilla es casi como hacer magia. Cada uno de los pasos tienen un poco de misterio, desde mezclar un montón de polvos que salen de una cantera y hacer la pasta con la que trabajas, hasta sentarte en el torno y ver subir tu pieza, mientras la platina gira. Lo mismo pasa con las horneadas, donde metes una cosa en el horno y sale algo completamente diferente. Tiene algo de alquimista. Además, trabajar en el torno requiere de un cuerpo completamente presente, requiere de tus sentidos requiere de tu atención y tu intención. es casi como meditar, porque en ese momento lo único que estas pensando es como vas a hacer esa pieza que esta girando en frente tuyo. Cuando empiezo a trabajar, hago tal vez por dos días pasta, mezclo todos los materiales les agrego el agua y dejo que se moje todo bien. Tal vez después de un día o dos ya se puede amasar y guardar para empezar a trabajar. Trabajo con un gres blanco, que va a 1180 grados en el horno. Tengo un cuadernito con todos los dibujos de mis piezas y los tamaños, la cantidad de arcilla que se necesita para hacerlas, entonces cuando la pasta ya esta lista, llega el día de sentarme en el torno, donde trato de quedarme todo el día. Las piezas deben secarse un poco para poder retornearlas y darles los detalles finales.

Una vez hecho eso, aplico el engobe, que un día me salió por accidente, buscando un engobe marrón oscuro. Este me encanto y decidí adoptarlo, casi como si el me hubiese adoptado a mi sin que yo lo supiera. Al engobe los esgrafio con rayitas dibujos o hojas según el humor, y ya dejo secar las piezas muy despacio para que no se rompan. Cuando las piezas están secas se bizcochan (entran al horno) para después poder ser esmaltadas y metidas al horno por segunda vez.

–Una gran enseñanza sobre la cuestión del tiempo…

–Absolutamente. Es que el barro tiene sus tiempos. Como la tierra. El alfarero, como el agricultor, tiene que esperar a que las cosas sucedan. Si tratas de apurar algún proceso, muy probable que la pieza se rompa. Cuando empecé, me acuerdo que me hacían pedidos y yo sentía que tenía que cumplir con tiempos cortos de entrega, y me pasaba que dejaba las piezas destapadas para que se sequen más rápido, y se rompían. O trataba de esmaltar todo en un día, o preparaba la pasta y no la dejaba reposar. La cerámica tiene sus tiempos y hay que aceptarlos porque sino todo sale al revés. Es tirana de esa forma. Pero a la misma vez, te da tiempo. Cuando llegas a entender eso, vas como al ritmo de ella y todo funciona mejor. 

–Y Londres, la meca del craft, también te debe haber aportado lo suyo…

–Cuando me mudé a Londres, lo primero que hice fue meterme en una taller de cerámica. La cerámica fue la constante en un momento en mi vida donde todo cambio. 

Allá tuve oportunidad de aprender muchísimo acerca de la alfarería en particular y de las piezas utilitarias. Hay desde hace tantísimo tiempo tantos ceramistas tan grosos, como en China, Japón, Australia y toda Inglaterra. Allá todo ese mundo era super conocido, mientras que acá no había casi nada de información de ese mundo tan vasto que exista ya y era tan aceptado como “arte”.

–Gran acierto trabajar el grés en esta tonalidad.

–Creo que sí. Acá suelen usarlo sólo en el tono rosado de la tierra, y como adelantara yo lo trabajo para que quede casi blanco y con un azul bien intenso que creo que también hace la diferencia.