“Sacando fotos. Comisaría 30”
Fotógrafa al calabozo

Zulema Montero es abogada y madre de Paula Barriga, una joven de 25 años, estudiante de fotografía de la Universidad de Avellaneda. Ambas estuvieron el viernes en la marcha por el reclamo de Santiago Maldonado. Fueron por separado. Cuando Zulema volvió a su casa se enteró de lo que estaba sucediendo en Plaza de Mayo a través de la televisión. Llamó a Paula y otra de sus hijas. Paula no respondió. Poco después recibió un mensaje de ella con sólo dos frases: Sacando fotos. Comisaría 30. Allí empezó una odisea que no terminó. Su condición de mujer, ciudadana boliviana, fotógrafa y militante en el país de la desaparición de Santiago Maldonado despertaron todos los terrores de su madre. “A mí me sorprende muchísimo -dice– que en un estado democrático se actué de esta manera”.

–¿Qué sucedió el viernes?

–Soy la mamá de Paula Barriga. Paula el día viernes asistió a la marcha por Maldonado. Ella saca fotos, es miembro de una institución del Centro Marcelina Menéses. Cuando ella ya estaba retirándose, se produjo un incidente y cuando corría con la cámara, fue detenida. Ella me mandó un mensaje con un celular y me dijo: “Estaba sacando foto. Comisaría 30”. Fue lo único que dijo. Inmediatamente yo me apersonó en la Comisaría 30 para ver si estaba mi hija y en la lista de detenidos no estaba el nombre de ella. Entonces me tuve que recorrer otras Comisarías. Luego volver a la misma y constar si realmente estaba ahí, y ella estaba ahí. Estaba incomunicada. Desde el día viernes, no nos dejaron verla para nada, ni hablar, ni saber sobre el estado de salud. Sólo nos dijeron que la había visto el médico forense y ya. Que estaban bien. Y hoy (por ayer) nos convocaron a las ocho de la mañana para recibirles declaraciones indagatorias. Estuvimos esperando desde las ocho en punto, los abogados, y recién empezaron las declaraciones a las doce del día. Siguen incomunicados. Y aún no no sabemos con certeza si hoy les van a dar la libertad, pero se ha solicitado la excarcelación de todos los detenidos. 

–¿Paula logró avisarle con su teléfono?

–No. Fue una llamada de algún otro celular, sólo para decirme esas tres frases: Yo sacaba fotos y comisaria 30. Nada más. Y yo entendí. Para mí fue una odisea lo que vivimos toda la noche buscando porque no estaba en la lista oficial. Tuve que hacer que la agregaran a la lista porque me había mandado ese mensaje. Fue caminar toda la noche. Pero es la incomunicación lo que nos parece muy tremendo. Que no nos dejen verla para nada. Mi hija estaba dolorida de las rodillas, con un problema desde antes, y necesitaba algo de atención. Mi esposo es médico. También se presentó y dijo que quería ver la condición de salud. Le dijeron que ya la habían visto los médicos forenses. Insistimos, pero sólo logramos que vayan una agente a verla, a hablar con mi hija, a preguntarle si necesitaba algo, si estaba bien. La mujer volvió a los quince minutos, a decirnos que sí, estaba bien. Lo único. 

–¿Saben algo de la imputación?

–Según la información que tenemos, han armado una acusación ubicando a todos en distintos grupos para imputarlos no sé con qué criterio. Mi hija está, por ejemplo, en el grupo de las bombas molotov y hay distintos grupos de acusaciones. Pero ha sido al azar.

–¿Ustedes saben cómo fue su detención? ¿Tienen imágenes?

–Estamos buscando. Un amigo ya nos comunicó que encontró uno. Me dice que se ve a ella que se retiraba con la cámara cuando pasó una moto y ahí la detuvieron. Todavía no tenemos este video en la mano.

–¿Puede contarnos quién es Paula?

–Mi hija tiene 25 años. Está estudiando fotografía en la Universidad de Avellaneda. Ella saca fotos para una asociación civil que es derechos humanos donde podríamos decir que es la fotógrafa oficial. El Centro funciona en Ezpeleta, todos nosotros siempre estamos participando de sus actividades con eje en la defensa de las mujeres migrantes, porque somos migrantes, de Bolivia. De hecho, quiero agradecer al cónsul Valentín Herbas, que estuvo acompañándonos.

¿Qué análisis hace de todo esto?

– A mí me sorprende muchísimo que en un Estado democrático se actúe de esta manera. Yo soy militante de derechos humanos y todos somos personas humanas, merecemos respeto. No puede ser este atropello; que se armen causas de esta naturaleza. A mí como madre me duele muchísimo, me dolió muchísimo verla a mi hija de esa manera: esposada. Todos estos jóvenes no se merecen esto, no son delincuentes. ¡No son delincuentes! Ahí lo que está es el derecho a la protesta. Lo establece la misma Constitución. Esto es derecho de expresión. Y que se arremeta de esa manera contra la ciudadanía, me hace indignar. Estoy totalmente indignada.

– Sobre el mensaje que le envió Paula: ¿ya están pensando en este tipo de código?

– No, pero yo la entendí. Yo fui a la Plaza. Volví a mi casa, me quedé mirando la tele. Llamé a mis hijas, no me contestaba ninguna de las dos. Y ahí me llegó el mensaje. Yo siempre advierto a mis hijas pero porque además somos migrantes, y existe una persecución también por esto. Siempre les digo que tenemos que tener más cuidado por ser migrantes.

Cuéntenos por qué fueron a la marcha.

– Generalmente vamos todos. Esta vez fuimos para apoyar el pedido de aparición de Santiago Maldonado. Porque nos parece que no puede ser en una democracia que desaparezca una persona, no podemos quedarnos indiferentes ante esta situación. Nosotros no pertenecemos a ninguna agrupación política, nada, sólo tenemos la convicción personal y particularmente fui por eso. Yo no estuve con ella, traté de encontrarla durante la marcha pero había demasiada gente.  Me desesperé al no encontrar a mi hija. Porque además se dan desapariciones de chicas. Lo primero que me desesperó fue que no estuviera en la lista, pero después me pasaron otra lista. La primera había circulado por las redes. Me la mandaron mis amigas porque tenemos una red de migrantes. Y después me asusté totalmente: ¡cómo puede ser que de pronto la detengan! Era una marcha totalmente pacífica, había mucha juventud, yo lo he visto. Ella estuvo sin la medicación, privada de su libertad, logró escuchar de otros casos como el chico que levantaron cenando en una pizzería. ¿Cómo puede ser?