Paul Auster
Variaciones Auster
En 4 3 2 1, su nueva, monumental y algo sorpresiva novela de casi mil páginas, Paul Auster sucumbe al inextinguible encanto de intentar su propia Gran Novela Americana. Y lo hace mediante la narración de varias vidas posibles de un alter ego del que sólo lo diferencia un mes de vida.

¿Puede 4 3 2 1 ser una novela impropia del Paul Auster que supimos conocer y al que considerábamos perfecta y totalmente asimilado y, al mismo tiempo, una más que adecuada novela de un Paul Auster hasta ahora desconocido? La respuesta es sí y tal vez y quién sabe y depende de la disposición o predisposición con que uno la abra.

Lo más saludable es aproximarse a ella con el mismo interés y humor de siempre. Con un sentimiento similar al que nos acercamos a los últimos y un tanto irregulares y automáticos y previsibles títulos de ficción de Paul Auster (excepción hecha en lo que a mí respecta de Invisible, en el 2009) que no es otra cosa, a esta altura, que el mismo sentimiento con el que uno se sienta frente a una/otra película de Woody Allen: porque están ahí, porque aparecen puntual y frecuentemente, porque uno ya leyó y vio todo lo anterior y ha recibido tantas alegrías, así que no puede ni sería justo dejarlo ahora.

Pero en esta ocasión hay elementos inquietantes y diferentes y novedosos: Auster hace siete años que no se detiene en la novela habiéndose dedicado con gracia a hacer memoria (Diario de invierno e Informe del interior) y ahora, lejos del formato y tamaño habitual (historias breves que ocupan poco espacio en el tiempo de sus protagonistas) nos ofrece otra cosa muy diferente. Algo que es como si Woody Allen estrenase film de cuatro horas de duración, presupuesto millonario, modales de David Lean y pantalla CinemaScope con sonido Dolby Atmo.

Sí, 4 3 2 1 (en la long list para el próximo Man Booker) es la prueba fehaciente de que Auster –aunque europeizado, distinto dentro del paisaje de su país, y alguna vez peregrino hasta la mesa de café francesa de Samuel Beckett– no ha sido inmune a uno de los desafíos/compulsiones a los que afronta/sucumbe todo escritor más o menos serio de su país. Auster (New Jersey, 1947) intenta con 4 3 2 1 su Gran Novela Americana. Y lo logra y no lo logra como todos sus antecesores (excepción hecha de ambos extremos de la especie a cargo de dos hombres sin tiempo ni fronteras: Moby-Dick de Herman Melville y Lolita de Vladimir Nabokov) valiéndose de mimbres clásicos: la novela de iniciación que, siendo Auster y viéndose obligado a introducir algo diferente, no es otra cosa que la novela de reiniciación. 

Reiniciación que alcanza tanto a él mismo (algunas vez considerado cima del posmodernismo Auster desciende aquí a las profundidades de lo decimonónico y está mucho más cerca del torrencial Honoré de Balzac que del avasallador William Gaddis) como a su héroe: el multifacético Archibald Isaac “Archie” Ferguson quien, de ser un super-héroe de la Marvel Comics bien podría llamarse Bildungsro-Man y su poder sería el de empezar una y otra vez, con pequeñas y no tanto variaciones que suponen colosales alteraciones de su existencia. Ferguson nace en el mismo lugar y mismo día pero un mes después que Auster (el 3 de febrero de 1947, en Newark) y su vida se ramifica en cuatro modelos/posibilidades (uno de ellos súbitamente interrumpido) con algunas constantes: la relación con su madre, su fascinación por el amor de sus vidas Amy Schneidermann, y su pasión por la palabra escrita aunque con diferentes formatos: como periodista, como precoz autobiógrafo de su amor por Laurel & Hardy, como joven novelista “experimental”. Y, sí, Ferguson es un no transparente sino turbio Auster alternativo con alternativas (siete secciones abarcando cada una de ellas un período de dos décadas en la vida; y ¿Columbia o Princeton?, ¿gay o prostituta?, ¿periodista deportivo o crítico de cine? ¿incendio o triunfo del negocio paterno?) y es la puesta en práctica de ese pensamiento tan pero tan peligroso que todo pensamos a las tres de la mañana, en la noche oscura del alma: ¿qué hubiera sido de mí sin en lugar de X hubiese optado por Y? Sabiendo, claro, que la mejor opción hubiese pasado por esa Z que nunca supimos ver.

Y Auster –aunque el mecanismo lejos esté de ser original o novedoso; hay tantas películas y aquel poema de Robert Frost y más o menos recientemente tuvimos jugando a este juego por escrito a Lionel Schriver con El mundo después del cumpleaños, a Kate Atkinson con Una y otra vez y a Stephen Dixon con esa obra maestra que es Interestatal– cuenta esto con rígida maestría y fría pulcritud, como quien practica la más implacable de las autopsias. Y aquí reside el único reproche que se le podría hacer a 4 3 2 1: este tipo de monolito hubiese ascendido más alto de gozar y hacer gozar de y con la gracia picaresca que gente como Robertson Davies, John Irving, Mark Helprin o Mordecai Richler imprimen a sus sagas existenciales. Claro, el modelo de estos no es otro que Charles Dickens. Mientras que Auster, en el modo en que funde aquí acontecimientos domésticos con efemérides públicas (greatest hits como JFK, Vietnam, Martin Luther King y revueltas estudiantiles con una cierta esquemática cadencia History Channel), parece mirar demasiado de cerca a otra de las tantas Grandes Novelas Americanas: al también impresionante pero un tanto gélido Submundo de Don DeLillo.

Y en 4 3 2 1 –sí, se trata de uno de esos libros en los que uno se va a vivir– Auster lo cuenta todo. Hasta el más mínimo detalle. Que alguien encienda un cigarrillo significa que nos enteraremos de marca y aroma y diseño del paquete y lo que produce en el fumador. Pero, en más de una ocasión, Auster está mucho más cerca de Knausgård que de Proust o de Brodkey y lo meramente descriptivo se impone por mucho a lo reflexivo y sensorial.

Sobre el final, Auster –quien no es un gran estilista pero sí es un eximio narrador– vuelve a ser el mismo Auster de siempre: el Rey de las Coincidencias y Casualidades Que No Lo Son Tanto. Y –cuando ya habíamos asumido que estas eran nada más y nada menos que cuatro novelas en una y que lo importante era el viaje y no el destino– un anticipable twist formal pone a todos los Ferguson en su sitio. Y ya no los confunde sino que los funde en un gran libro.

Y nosotros sonreímos y cerramos 4 3 2 1 –y sí, por supuesto, a no dudarlo, allí estaremos– hasta la próxima Variación Auster.

4 3 2 1 Paul Auster Seix Barral 960 páginas