El más lindo

Pablo Mehanna

La calle Arroyo es un oasis en Retiro. Más allá de la memoria (necesaria, dolorosa) de uno de los peores atentados terroristas que haya vivido Argentina, esa calle curvada mantiene su calma, cercada por galerías de arte, palacios y algunos locales gastronómicos que le dan nueva vida. Ahí es donde está The Shelter, oasis dentro del oasis. “Hace unos seis años, de viaje por Nueva Zelanda y Australia, desayuné en Auckland un capuchino y no lo podía creer... Era algo que acá no existía: la calidad de café, el modo de servirlo, el culto por el producto terminado”, dice Jaime Chemea, para explicar el por qué de The Shelter. 

Aprovechando que la propia Buenos Aires comenzó a involucrarse con los cafés de especialidad, Jaime consiguió su máquina espresso La Marzocco (de las mejores del mundo), trabajó un blend de granos elaborado por Coffee Town y así “aporté mi granito de arena a esto que está sucediendo”. 

Pensar que The Shelter es sólo lo que va en el pocillo sería un error. Es verdad, ahí se ofrece un café delicioso, pero además enamora por toda la situación de consumo. El local es pequeño e íntimo, muy elegante pero a su vez canchero a más no poder, con sus sillones de cuero (la mesa junto a la ventana es una maravilla), la madera oscura, los azulejos en contraste, los rombos de venecitas en el piso, la música, el servicio. Entrar a The Shelter, siempre silencioso, es dejar afuera un mundo sucio, molesto, y darse un lujo. Hoy, además, con la calle convertida en peatonal, también la vereda gana en belleza y luz. 

La propuesta es simple: café de calidad, preparado por dos baristas que saben lo que hacen, desde el milimétrico Espresso ($50) al Flat White ($75), pasando por concesiones al paladar local con una Lágrima ($50) o un café con leche ($65). Lo dulce viene de L’Epi (la croissant de almendras a $47 es adictiva), los sándwiches se hacen con panes de Boûlan (con crudo y grueyre a $115), hay té en hebras, jugos detox y dos picos de cerveza artesanal de Bierhaus ($95). Eso es todo, y no precisa más. Un lugar y un momento, que es necesario permitirse. 

The Shelter Coffee queda en Arroyo 940. Teléfono: 4326-3463. Horario de atención: lunes a viernes de 9 a 20; sábados de 10 a 18.


Oculto en Villa Urquiza

Pablo Mehanna

Para los amantes de la coctelería clásica, esa que ancla a finales de siglo XIX y principios del XX, la palabra Boulevardier funciona como contraseña: un cóctel que dialoga de cerca con el Negroni, manteniendo la (omni)presencia del Campari, pero reemplazando al gin por whisky estadounidense. El que pide un Boulevardier sabe qué recibirá: una bebida potente, intensa, dura. Y ese fue el nombre que eligió poner en marquesina este bar oculto en una de las calles de Villa Urquiza.

La casa, por fuera, parece extraída de otro siglo y puesta en la modernidad porteña. Protegida por un pequeño patio delantero, mantiene su techo a dos aguas, con un exterior colorado y líneas blancas marcando sus contornos. Por dentro, la estética cambia: ahí Boulevardier se convierte en bar, con toques más trash, jugando estéticamente en la liga de cervecerías que pululan por toda la ciudad, con hamburguesas y fritas, pero sumando cócteles hechos con cariño y conocimiento, en honor al nombre del lugar. Ahí está el Boulevardier ($110), también un buen Old Fashioned ($110), y otros best sellers como Mojito, Cynar Julep y caipis (todos a $100). Entre los especiales de la casa, muy rico el Zurcher Point, mezcla de Jim Beam, Cinzano Dry, Jägermeister, soda, limón, menta y naranja, servido en copón a $120. 

Como se dijo, no todo es coctelería: BVD juega fuerte como cervecería, con varias canillas para elegir, de la marca Goyeneche, con la amarga IPA, una suave Blonde, una potente Trippel y una amigable Honey, entre otras. Todas perfectas para acompañar las hamburguesas envueltas en pan casero: hay de cordero, con dambo, huevo y panceta; también de búfalo, con barbacoa, cebolla caramelizada y mozzarella (ambas, $160), también de cerdo, de vaca y vegetariana, entre los $120 y $140. Bajo el apartado finger foods, aros de cebolla ($100), pinchos de pollo fritos ($120) y otros conocidos. 

BVD deambula en una calle poco transitada. Con estética de cervecería artesanal pero con tragos bien hechos y servidos, abre el juego a distintos sabores y públicos. 

Boulevardier Bar queda en Andonaegui 2076. Horario de atención: martes a domingos, de 18 al cierre. Todos los días, varias promos y combos. Miércoles con el cóctel Boulevardier a sólo $60.


El barrio en la copa

Pablo Mehanna

Más allá del crecimiento gastronómico que le está modificando la estética y el sabor a los distintos barrios porteños, la coctelería sigue siendo una figurita difícil de encontrar por fuera de los polos más conocidos, como Palermo, Recoleta o San Telmo. Pero ahí suele estar la excepción que confirma la regla. Y en este caso, esa excepción se llama Chaco Bar, que desde hace seis años (abrió en abril de 2011) ofrece buenos cócteles y ambiente nocturno en una muy relajada calle de Caballito. 

Chaco es la idea de Juan Pablo “Chino” González, a quien se lo suele ver en la barra, delante de un frondoso paisaje compuesto por más de 400 botellas. Hay whiskies (los que se consiguen en el país, más otros valijeados en viajes personales), rones, tequilas, absentas y toda la parafernalia del fanático de las bebidas. Queda claro que el lugar se dedica a los cócteles: la carta deambula por los clásicos, con precios bien por debajo del estándar de Palermo, utilizando la misma calidad en materia prima. Un Manhattan, por ejemplo, con bourbon Jim Beam, sale $115; un Tom Collins con Beefeater apenas $95. La mayoría de los habitués (que son muchos y fieles) apuestan por las mezclas de la casa, como el Morgan lo hizo (Aperol, mandarinas, jengibre y espumante, a $110), el dulzón Sweet Dreams, con Absolut Vanilia, licor de chocolate blanco y crema, a $115 o el más jugado Bacon Boulevardier, que usa bourbon infusionado con panceta, Campari y Martini Rosso ($140).

Un punto alto de Chaco es su horario de apertura: como buen refugio barrial, no le falla a su gente, abriendo los siete días de la semana. El público varía a lo largo de las horas: hay propuestas de cafetería, dulces y jugos; hay cervezas nacionales, importadas e incluso algunos vinos. Es común ver en las mesas o sillones a familias completas y a tortolitos enamorados, cenando una generosa hamburguesa con papas fritas crocantes, fainá rebozada o una sabrosa provoleta. Una propuesta amplia, amigable, democrática: Chaco es uno de esos lugares que todo barrio quisiera tener. 

Chaco Bar queda en Chaco 21. Teléfono: 4958-2187. Horarios de atención: lunes a viernes de 17 al cierre; sábados y domingos de 18 al cierre. Varios happy hours y promos en su FB.