Opinión
La alegría de celebrar medio siglo

Rosario, mi ciudad natal, realizó el fin de semana pasado un Homenaje al Medio Siglo de nuestro Rock Argentino y me tuvo como protagonista junto a otros músicos. Asistí a la inauguración de fotos históricas, una muestra que en la Sala de las Miradas exhibe fotos, posters, tapas de álbumes y recortes de revistas, de Los Gatos Salvajes, Los Gatos, Huinca, y diversos momentos de mi carrera solista. El material fue provisto un poco por nuestro archivo en Melopea, pero también por muchos coleccionistas: uno de ellos aportó, entre otras, un par de fotos de mis 15 años por Rosario, que nunca había visto. En el quinto piso de esta legendaria Plataforma Lavardén, me invitaron a estrenar un flamante piano Yamaha vertical; me gustó tanto que terminé tocando siete canciones. También tocaron tres jóvenes, improvisando en jazz y haciendo alguna canción a modo de tributo: Mariano Ruggieri que interpretó clásicos como “Take Five” o “Las hojas muertas”. Jubany hizo una personal versión de “Los payasos no saber reír” y finalmente Nahuel Marquet cantó “Gloria y guitarra” en una particular versión al piano.  

La siguiente actividad fue en el Centro de Expresiones Contemporáneas, donde Guillermo Coluzo organizó la presentación de mi libro Mi banda sonora: allí compartí una charla con el periodista Pedro Squilaci, para cerrar con una especie de souvenir cantando tres canciones con guitarra acústica, y la aparición final de Los Balseros, un cuarteto integrado por Ivan Tarabelli, Pablo Read, Zeta Pombo y Alejandro Lombardi. Ellos han sacado completo el primer álbum histórico de Los Gatos, y desarrollan todo con una rítmica mezcla de bossa nova y folk. No pude sino sumarme a ellos en los dos últimos temas, ante un auditorio lleno.

Al día siguiente llegó el esperado momento de presentar en sociedad el nuevo álbum que hemos publicado, Rodar de Nebbia–Pez. A la formación de Ariel Sanzo en guitarra, Juan Ravioli en teclados y guitarra, Fósforo García en bajo y Franco Salvador en batería, me sumo cantando al piano y órgano. Con la sala Lavardén a pleno, tocamos con mucha pasión, y la ayuda de la excelente labor en la operación de sonido de Mauro Taranto.

Fueron tres días de una situación emocionalmente muy alta. Tengo en Rosario la base de mi formación con mis viejos, el recuerdo de las primeras músicas que escribí desde mis 13 años. Por cualquier lugar de la ciudad que ando caminando encuentro el afecto de la gente, pidiendo una foto o contando cuál de mis canciones lo marcó en algún momento de su vida. Y para completar las emociones, mientras esto sucede Fito Páez está tocando en otro teatro, también con sala llena, y envía saludos, mensajes de felicitación y la dedicatoria especial de uno de sus conciertos.