Arturo Jauretche señaló que la autodenigración nacional es propia de los pueblos colonizados. La superioridad bélica del colonizador fue traducida en una creencia de preponderancia intelectual, física y hasta emocional de parte del colonizador. Los pueblos vencidos terminan incorporando esos valores en su subconsciente colectivo. Ese complejo de inferioridad cultural permanece en el tiempo y se manifiesta, por ejemplo, en el título de una reciente nota de opinión en El Cronista titulada “Argentina al diván”. Un titular que descansa sobre la idea de que nuestro país tiene problemas psicológicos en un mundo que –pese a guerras, hambrunas, persecuciones a inmigrantes, enfrentamientos raciales, hiperconsumismo...– el columnista juzga psicológicamente sano.

“Está comprobado que uno de los resabios del populismo es el rechazo de la dirigencia política a discutir decisiones que la sociedad recibirá como malas noticias”, señala el periodista sin aportar prueba ni algún argumento que permita verificar quién, cómo y cuándo se logró semejante comprobación. Una afirmación sin sustento que en realidad traduce la impotencia que genera en el establishment, los límites que impone a las políticas anti populares, la herencia de derechos y la resistencia social a perderlos dejada por el kirchnerismo y, tiempo atrás, por otros gobiernos populares. 

En este caso, las “malas noticias” son la reforma laboral y previsional que buscan barrer con gran parte de los derechos de los trabajadores activos y pasivos obtenidos en el último siglo. Esa avanzada conservadora–liberal no es presentada por el columnista como un debate político sobre la calidad de vida y la distribución del ingreso en Argentina, sino como una mera necesidad de adaptarse al “mundo actual”. En el caso laboral, al tema de “la tecnología y la búsqueda de competitividad” y en el jubilatorio, “el desfinanciamiento que provoca la mayor expectativa de vida y el menor peso del empleo formal, en un universo corporativo en el que crecen los emprendedores y las firmas que operan en los márgenes de este circuito”.

Está claro que el avance tecnológico se viene dando hace siglos (¡vamos por la cuarta revolución industrial!) y eliminar las indemnizaciones, el pago del horario de almuerzo o la responsabilidad patronal de contratar una ART, no puede culparse a la robótica y la inteligencia artificial. Se trata de un debate sobre cómo se incorporan las nuevas tecnologías al mundo laboral y sobre cómo se distribuyen sus beneficios que, en el proyecto liberal, aspiran a ser monopolizados por los propietarios de las máquinas en desmedro del pueblo trabajador. 

En materia previsional, la cuestión es similar ya que gracias al avance tecnológico, la gente no sólo vive cada vez más, sino que también produce mucho más. En Argentina los 4 trabajadores activos por cada pasivo de hoy, producen más que los 10 activos por cada pasivo de hace medio siglo, mostrando que la crisis del sistema previsional es una consecuencia de la mala distribución de los frutos del progreso técnico que la reforma previsional busca acentuar.

@AndresAsiain