Trabajar de escribir y que te contraten para escribir la historia de tu banda preferida es algo parecido al sueño del pibe. Fernando Sánchez, periodista, guionista, escritor, y fundador y codirector de Revista Barcelona, lo cumplió: el reciente Titanes en el hit: una biografía oral es un puntilloso y dedicado recorrido por la vida y la obra de Los Auténticos Decadentes a treinta (en realidad: treinta y uno) años de su formación. Un libro que desglosa en mil testimonios la naturaleza de una banda que siempre se caracterizó por ser inclasificable: punks, tropicales, vanguardistas, populares... Todas las etiquetas y ninguna etiqueta. O más bien, una sola: Auténticos Decadentes. “La idea de hacer el libro no fue mía. Hace años que dejé el trabajo de periodista tradicional. Por eso, no tenía en el radar hacer libros de música. Pero cuando la editorial (Planeta) me hizo la propuesta, lo primero que pensé fue ‘no quiero que lo haga otro’ y, por supuesto, acepté”, recuerda Sánchez en diálogo con PáginaI12. Eso ocurrió hace más un año porque, claro, doce integrantes, tres décadas y la invención de un estilo no se cuentan así nomás. El resultado: casi seiscientas páginas de fragmentado y particular relato que da forma a la biografía de una de las bandas más inexplicables del país. “En determinado punto de su carrera, ellos, como músicos, tenían la cuenta pendiente de ser valorados por la prensa, por cierta inteligentzia musical, porque era el círculo del que provenían: el del rock –explica Sánchez–. Entonces, creían que tener la aprobación de ese ambiente era importante. En alguna entrevista, Jorge (Serrano) dijo que las notas que les hicimos mi socio en ese momento y yo sirvieron para abrir un poco ese camino. Me parece que el libro, en un punto, lleva al paroxismo esa voluntad mía de darle a la banda el lugar que yo creo que merece”.

 

–La historia está construida a partir de textuales de los entrevistados, no hay un narrador. ¿Cómo surgió la decisión de sacar su voz?

–Hay dos o tres razones. Una, ideológica, que tiene que ver con que estoy repodrido de las crónicas. Salvo excepciones, es un formato que no me gusta. Es un rechazo que me quedó de la época en que trabajaba en la Rolling Stone. En los primeros 90 se puso muy de moda. La pretensión era hacer esas crónicas agudas, con el acento puesto en la mirada... y al final siempre resultaba siendo más importante la voz del periodista que la historia. Por otro lado, también me pasó que yo ya había escrito mucho sobre los Decadentes: notas, comentarios de discos, de shows, perfiles. Iba a ser muy difícil decir algo nuevo, sobre todo porque sigo pensando lo mismo. En todo caso, evolucionó mi pensamiento –y tampoco demasiado–, pero no percibo que haya cosas que no haya dicho antes. Entonces, iba a tener que ponerme a pensar cómo decir todo eso de otra manera. Era ridículo. Además, ¿quiénes mejores que ellos para contarse? Cuando empecé a desgrabar, me di cuenta de que no iba a poder hacerlo mejor. Y si iba a empezar a poner comillas y comillas y comillas... ¡basta de comillas! ¿Qué voy a ser yo? ¿El nexo entre una frase y otra? ¿Qué sentido tiene?

–Esas notas suyas que menciona sí están incluidas en el libro. ¿Cómo fue articular la mirada del pasado desde el presente (la de la banda) con su mirada del presente en el pasado?

–Me parece que lo que funciona en ese cruce es ver cómo decían ellos, en su momento, esto que están contando ahora. Cómo contaban Cualquiera puede cantar cuando salió. Bueno: yo lo tengo, lo hice. Por eso me pareció interesante incluir las notas para contrastar los tiempos y las opiniones de ellos. Pensé el libro como una especie de documental: por eso la forma en que van entrando los testimonios en el presente y los flashbacks, que son esos artículos. El tema fue tratar de armar el discurso de modo tal que las voces de ellos suenen en la cabeza de la manera más parecida a como te las imaginás o como alguna vez las escuchaste. Creo que en algunos casos está bastante logrado.

–En uno de los capítulos, el artista visual Marcelo Pombo compara a los Decadentes con las vanguardias artísticas.

–Marcelo Pombo era compañero de Jorge Serrano del colegio. Fue él quien lo mencionó durante la entrevista que hicimos para el libro. Me parece que aporta una mirada y una posibilidad de conceptualización que no estaba prevista. Creo que él justamente dice de manera clara, con ejemplos concretos y con una voz autorizada, algo que yo pensé y podría haber dicho, pero no hubiera podido hacerlo de esa manera. El explica que las vanguardias en las artes visuales son por lo general mucho más vanguardias que las demás. Que surgen ahí y que después van decantando hacia otras artes. También, que lo que era vanguardia en las artes visuales en los ‘60 se transformó en establishment artístico en los ‘80-’90, y que en el rock tardó un poco más, pero en un punto pasó lo mismo: la Rock & Pop, por ejemplo, que había sido modelo de lo que supuestamente debía ser la rebeldía, se transformó en establishment total, era la que decía qué era rock y qué no. En los Decadentes está esa idea de “esas vanguardias ya las curtimos”. Cuando eran pendejos, circulaba eso, se consumía eso y se fascinaron con eso, pero en el momento de realizar su obra, no se quedaron ahí, hicieron otra cosa. Hay una conexión interesante en cómo dice Pombo que Jorge aborda los géneros populares de manera no irónica o satírica. Uno puede pensar que, de alguna manera, los Decadentes son hijos de Los Twist y de las Viuda e Hijas, pero en realidad es distinto, porque esas bandas eran de músicos que parodiaban esos géneros. Y en el caso de Jorge no fue así: él no se reía, él tomaba esos géneros populares y con sus herramientas, que no eran las de un músico muy formado, hacía lo que le salía.

–Entre los testimonios aparecen también muchas referencias al peronismo: que los Decadentes “tienen una base peronista”, que son “obreros de la música”, que siempre van a estar “del lado del pueblo”, que “Cucho (Parisi) tenía la sonrisa de Perón y por eso era imbatible”. ¿Los Auténticos Decadentes son una banda populista?

–Sí. Los Decadentes son demagógicos: el hit es el faro y la bandera. Al revés de esas bandas que pegan un hit y después dicen “Nah, ya estoy cansado de tocar esta canción, me la piden siempre, quiero tocar música nueva”, ellos no. Saben que la gente los va a ver por “El Murguero”, “Corazón” y ese tipo de temas. Y los tocan. Van incorporando cosas nuevas, cambian algo, pero el esqueleto siempre son las canciones que hacen feliz a la gente. No hay dudas ahí. Para mí, la demagogia en lo artístico no es condenable. Si vos hacés algo que le gusta a la gente, ¿por qué vas a cambiarlo? ¿Qué hacen los músicos populares? Canciones. Y si eso les sale perfecto, ¿por qué les vamos a pedir otra cosa?