Jayson McNamara
The Buenos Aires Affair
Diario emblemático, The Buenos Aires Herald mandó a imprenta lo que ningún diario se atrevió a decir durante la última dictadura. El Mensajero, del australiano Jayson McNamara, reconstruye con archivo inédito y una elegante estructura narrativa el cambio ético de su histórico director, el periodista Robert Cox. De cómo un joven inglés pasó de escribir sobre una pequeña colectividad anglo- argentina a salvar vidas en cautiverio con su espacio editorial.

Hacía no más de dos semanas que Jayson McNamara había llegado a Buenos Aires y ya estaba trabajando como redactor en el mítico diario de la colectividad anglo argentina, The Buenos Aires Herald. Era la segunda vez que pisaba Argentina. La primera había estado viviendo en la casa de una familia en El Bolsón, durante un intercambio. Y decidió que su lugar en el mundo, al menos por un tiempo, era Buenos Aires. Volvió a Australia, se recibió como periodista, y después de un largo viaje por Latinoamérica, se vino para acá. “Australia y Argentina son dos países que se parecen mucho, aunque no te parezca”, asegura en un más que perfecto español este periodista devenido documentalista de apenas 29 años de edad, que está por estrenar El mensajero (Messenger on a White Horse) un documental sobre Robert Cox, periodista inglés afincado en Argentina y ex director de The Buenos Aires Herald. “Mi padre es esquilador de ovejas y mi madre asistente de educación. Vengo de una familia de trabajadores. Y el sistema de valores que encontré acá es muy parecido Por otro lado, Buenos Aires es una locura. Es un lugar desafiante. Era también para mi una apuesta ver si podía venir y pelear por un espacio acá”.

El desafío fue trabajar en el desaparecido diario The Buenos Aires Herald. McNanamara entró en los últimos años, cuando el periódico enfrentaba una crisis financiera irreversible y de a poco achicaba su espacio. Descubrió un mundo hoy casi extinguido: la locura por el cierre, la corrección sobre impresos, la salida de las camionetas con los ejemplares listos. En ese tiempo inicial, apenas 14 meses en los que trabajó como redactor, le tocó en una oportunidad editar un especial sobre los 30 años de la democracia. Se encontró con un montón de columnas y artículos de uno de los directores míticos del diario: Robert Cox. “Su historia me empezó a obsesionar porque me pareció épica. Un diario comunitario que ocupa el lugar central en la agenda política de un momento tan complicado como lo fue la dictadura en Argentina.” 

Cuando encontró una pista para un posible material de archivo audiovisual, pensó en un documental. McNamara descubrió en esos artículos que en 1978 la BBC había entrevistado a Cox para un programa llamado Panorama. Allí, Cox contó sobre lo que verdaderamente estaba pasando en la Argentina. Ese informe generó un revuelo no solo en la comunidad angloparlante argentina, sino en la propia Inglaterra: un informe que debía ser apenas de rutina por el inminente Mundial de fútbol revelaba un trasfondo político de terror con desapariciones y torturas. Sentado en su escritorio, Cox fumaba con un brazo sobre el respaldo de su silla y contaba, en su inglés tan británico, lo que el Mundial venía a ocultar. Al leer sobre el informe de la BBC, McNamara prendió la luz: “Me contacté con la BBC, después de unas idas y vueltas lo encontramos y fue como un antes y un después. Fue cuando la idea del documental tomó forma. Porque, me dije, si pude encontrar esto, ¿qué más puedo llegar a encontrar?” 

Fue juntando material y filmando los fines de semana, de a poco. Consiguió una entrevista hecha a Robert Cox, pocos meses después de que se efectuara el golpe militar, por William Buckley, el emblemático periodista de derecha de Estados Unidos, que debatió en cámara con Gore Vidal durante las elecciones de Nixon y el conflicto por Vietnam. Se fue acercando a emisoras públicas europeas: Holanda, Finlandia, Alemania, algunas eran demasiado difíciles de acceder por la falta de estructura o de catalogación. Pero con otras, apenas un mail de pedido, y obtenía los clips que necesitaba.”Suponíamos que era archivo nunca visto, y efectivamente, cuando se pasó en el BAFICI mucha gente nos decía eso. La investigación se basó principalmente en eso: buscar material para revisarlo a fondo y descubrir qué pistas daban; tratar de entender a Cox como personaje y como persona. Buscar anécdotas que quizás habían quedado en el olvido tanto para él como para el resto del mundo. Y después ir a la biblioteca nacional y revisar los ejemplares del Herald e intentar captar la esencia del trabajo periodístico de esa época, ver dónde se ponían las denuncias, con qué frecuencia.”. 

El Mensajero narra la toma de conciencia del único diario que no bajó línea oficial durante el Proceso. Si bien Cox era antiperonista y apoyó el golpe por el conflicto que se vivía en las calles después de la muerte de Perón y los atentados de Montoneros, de a poco, ante la evidencia puesta en los cuerpos de las Madres de Plaza de Mayo, a metros de donde estaba el edificio del diario, se retractó públicamente y comenzó a denunciar, en sus columnas y editoriales, las desapariciones; a investigar los casos que las madres le acercaban al diario; a publicar en primera plana lo que estaba pasando. ¿Qué podía molestar un diario escrito en inglés? “Incluso antes del proceso, el Herald había tenido línea editorial en general crítica con el gobierno de turno. Se había opuesto a Perón. No se metían fuertemente en temas de política, pero era un diario que no tenía miedo de hablar o de decir las cosas cuando le parecían necesario. No solo resistieron la censura, el peligro y las amenazas, sino que Cox salía a la calle a investigar. Hacer un trabajo de periodismo de investigación muy desarrollado en un contexto como el de la dictadura es muy remarcable.” 

Cox tuvo que abandonar su puesto y el país (la dirección pasó a manos de James Nielson y después a Andrew Graham-Yool), en donde se había casado y había tenido cuatro hijos, después de recibir varias amenazas. En 1985, volvió para brindar su testimonio para el juicio a las Juntas Militares. Su postura en el juicio lo pinta, señala McNamara, como personaje: Cox tuvo que pedir un receso por una recaída en la salud. Como si su intachable postura periodística y argumentativa, a favor de la moral y de la ética ciudadana se viera sacudida por el calor de los hechos. Las columnas de opinión y las editoriales de Cox nunca dejaron de ser liberales; su visión sobre el conflicto es por momentos ambivalente y contradictoria, como todo lo contradictorio que puede ser, por ejemplo, observar el fenómeno del peronismo con un ojo extranjero. Cox era un liberal que, incluso cuando ayudaba a las Madres de Plaza de Mayo en su búsqueda, seguía llamando a los militantes de partidos de izquierda como “terroristas”. “Respondían, si querés, a una tradición muy anglosajona del periodismo. Oponerse al poder. Obviamente respondían a ciertos intereses de la comunidad británica que siempre fue muy liberal. Pero con el golpe de estado eso fue llevarlo a otro nivel”. A un nivel de compromiso que, justamente por su condición de extranjería, le permitieron accionar sobre la realidad argentina desde el periodismo gráfico oficial cuando nadie pretendía hacerlo, y le permiten ahora a Jayson McNamara (otro extranjero) poner esa historia en imágenes cuando los tiempos que corren insisten en olvidarla.

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