Gaby Comte
A su tiempo
Hija de padres actores, editora, corista requerida, fina cantante, finalmente tomó el envión que le faltaba para editar un tardío debut como solista, donde no sólo se rodeó de amigos, sino que los cantó: allí pasan versiones de Fandermole, Abonizio, Carnota, Spinetta. Y tuvo como ladero al exquisito Claudio Cardone. Un rosario es un songbook personal y caprichoso donde Gaby Comte rinde homenaje a todos estos años de gente.
Imagen: Xavier Martín

De un artista: el sonido, lo que lo identifica. De la voz: el color, el grano. Coltrane. Gaby Comte está diciendo y en ese decir cuenta algunas cosas que le gustan, que busca en la música. Y no es en vano que justo diga sobre la voz cantada.

Porque canta desde siempre. Y allí se hilvana un camino largo donde pueden rastrearse algunos hitos: los inicios en el colectivo pionero y autogestivo MIA (Músicos Independientes Asociados) hacia mediados de los `70 junto al clan de los Vitale, corista requerida por Litto Nebbia en varios de sus proyectos solistas y también de su sello Melopea. “Es raro, ¿no? Ahora, en general, se pretende que todos compongan. Hay un largo camino alrededor de eso que no es lo que el mainstream espera. Cuando yo era chica las y los cantantes eran el centro de la escena. Ya no: el centro son los compositores. Es como un lugar descentrado. Y me gusta, tiene su desafío”.

Hizo otras cosas, claro: estudió canto de manera metódica a veces, más esporádica otras; empezó, largó, retomó y se recibió de Letras; produjo ciclos y discos (por ejemplo, los primeros trabajos de Ernesto Jodos, ex pareja y padre de su hija; La Incertidumbre que aunó a Ricardo Piglia, Luis Nacht y Eduardo Stupía); y en la literatura, lugar que la encuentra hoy –después de un copioso andar en varias editoriales, desde las infantiles a las más grandes y renombradas del ambiente– como editora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Siempre vinculando esos mundos que reconoce como propios: la literatura, el texto, la música, las canciones. “Mi búsqueda pasa por la interpretación, el sonido. La palabra cantada, que no es lo mismo que la poesía y que es muy distinta a la palabra escrita”.

Vale preguntarse, entonces, ¿por qué un primer disco recién a sus cincuenta y cuatro años? Además de la motivación que encuentra en las tocatas recientes donde ha cantado acompañada de algún pianista –en uno de los últimos les dio a elegir el repertorio a varios escritores y, entre otros, Selva Almada, Leo Oyola y Marcelo Cohen hicieron lo propio–, ensaya algunas respuestas: “Muchos amigos me decían: ‘grabá esas canciones que estás haciendo´. Siempre toqué en formatos muy reducidos, acompañada de piano o guitarra y es súper difícil, porque no tenés donde esconderte. Y uno de esos amigos, que es un gran productor, me insistió: hacé un disco de piano y voz, hacé lo que venís haciendo. Decile a Cardone”. 

Y le dijo. Un mañana, llenando el changuito en un supermercado, pensó: sí, voy a escribirle a Claudio. Así iniciaron un proceso de cuatro años donde pensaron arreglos, sugirieron canciones. A veces cara a cara, otras por mail. Mono Fontana era uno de los tantos que le insistía. “El Mono me decía: vos tenés que hacer tal y tal tema. Un día le llegó a Claudio un sobre apenas escrito: ‘Para Gaby´. Era Fattoruso que por medio del Mono nos hizo llegar la canción ‘Alas blancas’”.

A su tiempo. De esa manera es que Gaby Comte fue pensando y armando el repertorio, las canciones de Un rosario: un disco que exhala un aire intimista y preciosista, sólo piano y teclados y voz. Apenas Jorge Fandermole y María Ezquiaga como coristas invitados. Todo está puesto al servicio de la canción. Cada una de ellas, de alguna manera, está despojada de su esencia genérica: “Limpiar, limpiar. Es la idea: que la canción sea el centro. Solita. La canción y la emoción que se puede desprender de ella. De qué manera esa emoción nos puede volver a conectar como ser humano, en un momento en que la gente está insensible y perezosa, prejuiciosa para entenderse entre sí”.

Un rosario es un recorrido por sus afinidades sentimentales y cancionísticas: “Te hablo” y “Violetas” (Adrián Abonizio), la citada “Alas blancas” (Alejandra Volpi y Fattoruso), una hermosa versión de “Rasante en tu oscuridad” (Lucas Martí), “El presagio” (Jorge Fandermole), “Hay un camino” de Raúl Carnota, “Ven Vení” de Spinetta, “Lo que te da terror”(Gabo Ferro) y la única que de alguna manera se distingue genéricamente, el bolero “Seguiré mi viaje” de Álvaro Carrillo. “Hubo una decisión sí tomada de antemano: que no hubiera canciones, aún de los artistas más renombrados, que fueran famosas. Sino aquellas que había que revisitar. Mucha gente ni siquiera sabe, por ejemplo, que ‘Ven Vení’ es de Spinetta. ‘El presagio’ no parece un tema de Fandermole. Eso sí fue una decisión. Todos estos compositores tenían canciones perdidas. Siempre me gustó eso: buscar qué cosas hay que volver a decir porque la gente se las había olvidado. ¡Cómo te olvidaste de esta canción!”. Y apenas arrebatada pero con un entusiasmo en los ojos, agrega: “Fandermole es el Chico Buarque argentino y nadie se dio cuenta. Lucas para mí es como él mismo dice: el gran desconocido popular. Como no es lo suficientemente reconocido o no hay más gente que graba sus temas, tiene uno más lindo que el otro. Es inagotable. Lo más complicado de elegir fue Carnota y Spinetta: dos amigos muy queridos, de ambos, que habían muerto hacía muy poco. Yo decía que no, que no podía cantarlos”.

Gaby encuentra, desde el plano más literal y religioso del nombre del disco, nuevas maneras de significar todas estas canciones: “Uno reza para adentro pero también para afuera. Las canciones son oraciones paganas. Conjuran emociones de agradecimiento, de sufrimiento, de amor, de injusticia. Dos minutos donde todo eso está condensado. De ahí salió la idea de rosario. Y creo que con este enhebrado de canciones trato de recuperar esa enseñanza de Alberto Muñoz. Él me decía: ´no te escondas detrás de las canciones como si fueran flores. Esas flores bellas son para darlas, no para guardártelas´. A Gabo Ferro lo veo como una especie de heredero de Alberto, en algún punto”.

Hay que volver, entonces, a todo aquello que medió al inicio de la charla: el color y el grano de la voz, el sonido. Porque Un rosario tiene de manifiesto eso: la personalidad, el matiz de una voz clara y diáfana, buscando y encontrándole nuevas y pequeñas maneras a algunas canciones, apoyada en el swing personal y exquisito de Cardone: “Mis viejos son actores de teatro de una época donde no había micrófonos y donde proyectar la voz y cómo decir las cosas para que te escuchen era una bajada de línea permanente. Y creo que en la manera de cantar me quedó totalmente eso”.

Claro que quedaron artistas, canciones a revisitar. Ella enumera: Nebbia y Páez. Y también Roque Narvaja, Roberto Carlos, Sandro. “Eso que la gente considera grasa”, agrega.  

Todo o parte de ello será en otro tiempo. Dentro de un tiempo. Porque ya lo cantó aquí en esa canción de Carnota: Corazón, yo sé esperar.

Gaby Comte presenta Un rosario junto a Claudio Cardone, el sábado 21 de octubre, en Plataforma Lavardén, Rosario. 

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