Es tan imponente el marco que genera la presencia de dos hinchadas en un mismo estadio -en el fútbol nuestro, claro- que difícilmente la cosa pueda salir mal. Fue el caso de la final de Copa Argentina que jugaron este miércoles por la noche Estudiantes y Defensa y Justicia en cancha de Lanús y que terminó con los platenses cortando una sequía de 13 años sin títulos.

La noche ya empezó a pintar bien con la ceremonia de presentación, sobre todo si se la compara -chauvinismo al margen- con el desconcierto previo de la última Libertadores, antecedente más reciente de una final. Hubo show musical, juegos de luces y toda la parafernalia habitual, con la novedosa inclusión de socios vitalicios en lugar de pibxs-mascota para salir con los jugadores.

Y a la hora de jugar, los muchachos de Estudiantes y Defensa estuvieron en sintonía con la previa. Una situación de peligro por allí con centro de Sant'Anna y casi gol en contra de Zaid Romero, salvado por el travesaño; otra situación por allá, con Bologna ahogándole el mano a mano a Zapiola tras un descuido insólito de Malatini, como para entusiasmar a los espectadores desde el inicio.

Contra lo que se podía esperar de uno y otro lado, fue Estudiantes el que mejor trató la pelota, con varias secuencias fluidas de pases cortos, aunque carentes de ingenio a la hora de concluir. En este aspecto, el hábil Rollheiser estuvo poco participativo, con lo que el Principito Sosa, a sus 38 años, tuvo que correr de más.

Lo opuesto por el lado de Defensa, replegado y dispuesto a generar el error rival con presión en el medio para llegar al área de Andújar en pocos pases. Aquí el hombre clave fue Barbona, el más activo de los suyos.

Otro que anduvo muy participativo fue Malantini, pero para mal. El nivel del joven central del Halcón invitó a todos los juegos de palabras posibles con su apellido, tras un inicio de terror. Si se salvó de los insultos cuando dejó pasar la pelota sin advertir la presencia de Zapiola -la que salvó Bologna-, no zafó de los reproches de su capitán, Cardona, cuando se confió de más en un despeje. Luego sumó un tropiezo inoportuno, cuando lo desbordó Mancuso -atajó Bologna-, y al rato mandó un tiro libre en campo propio directamente al lateral. Cuatro strikes antes de la media hora de juego. Difícil noche para el exTalleres.


La final fue muy entretenida como para no tener goles, y este llegó a los 53. Sosa abrió con Godoy, quien se mandó el autopase ante Soto y sacó el centro para un "gol de goleador" de Carrillo, con el nueve empujándola entre muchas piernas y hombres caídos. Aquella banda derecha donde Sant'Anna hizo estragos en la primera parte, fue la vía de la alegría pincha en la segunda.

A partir de la ventaja fue todo de Estudiantes. Y eso que Eduardo Domínguez metió cambios muy defensivos para protegerla (Ascacíbar por Rollheiser o el central Fede Fernández por Sosa, por ejemplo). A Defensa le pesó la pelota y cometió errores llamativos en su trato, con lo que el Pincha sacó toda su chapa copera para planchar el partido y que suene bien fuerte en Lanús el "Estudión, Estudión".