Pienso muchas cosas que veo contradictorias.

Un economista que no sabe nada de producción.

Un presidente antipolitica pero que se hace político y aplica políticas económicas viejas, perimidas.

Peronistas, que hablan del nuevo peronismo cimentado en un capitalismo productivo.

Mientras el Presidente llama la atención diciendo y haciendo cosas verdaderamente disruptivas o locas nos mantiene embobados, dejando la conducción política verdadera en manos no sé de quién o de qué poder, nada celestial.

Con sus políticas de recaudación impositiva (la única que hace), el Presidente está destruyendo la industria nacional y la criollada industrial aplaude babeante. Pero ninguna de estas cargas impositiva impacta en la mejoría de la vida de los argentinos.

Es porque (para mí) el objetivo principal es aplicar un gran shock social que deje a la sociedad argentina desmoralizada. No se puede contratar mano de obra barata en Argentina dado el cuerpo de leyes desarrollado en base a luchas y conquistas populares. Y por otro lado, y principalmente, una sociedad consciente de sus derechos. Si se logra el caos perfecto, con gente que para sobrevivir tenga que aceptar cualquier condición leonina, autodestructiva, vejatoria, se habrá conseguido lo que quieren. De lo contrario no puedo explicarme que haya industriales que están viendo a sus fábricas irse a pique y, al mismo tiempo, celebrar y hasta financiar esta locura. No encuentro otra explicación.

No encuentro explicación a la innecesaria tanda de idioteces y desaciertos políticos y, sobre todo, sociales. Atacando a todo el mundo, perdiendo pedazos de credibilidad a raudales sin entender cuál es el hilo conductor, el proyecto base. A menos que sea este: desorientar para deprimir, para después dominar, finalmente para saquear.

Lo que está a la venta es, no solo nuestras riquezas, sino nuestro pueblo. Y para ello se necesita que dejemos de ser pueblo, para pasar a ser una sumatoria de individualidades a merced de sus mercados. A gusto y paladar de la casta oligárquica y económica. De la casta avasalladora.

Hacernos discutir sobre sus sandeces, una tras otra, mientras la estratagema es hacer de este nuestro pueblo una turba informe de derrotados sin capacidad alguna de reacción, pobre de mente, pobre de espíritu.

Nos hacen estar preocupados por nuestros recursos naturales, nuestros recursos económicos y un largo etcétera de recursos que están siendo expoliados, para el capitalismo siempre fue y será el trabajo humano el principal “recurso”. Somos su mayor venta y estamos en “saldos y retazos”, sobrantes de la temporada pasada. Pero no somos personas para el “arcaico nuevo capitalismo”. Aprendamos a darnos nuestro verdadero valor como pueblo, no podemos esperar de los neoliberales algo tan vital. No le concedamos este derecho estratégico. Nadie se salva solo.

* Raúl Juárez integra Curas en Opción por los Pobres.