El domingo murió la gran artista Graciela Sacco (1956-2017)
La politización de la vida urbana
Buena parte de su obra giró en torno de una mirada política de la vida en la ciudad; las migraciones forzosas, las tensiones sociales; las protestas y revueltas, históricas y presentes.
Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras.Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras.Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras.Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras.Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras.
Graciela Sacco; transferencia de imágenes sobre objetos, luces y sombras. 

El domingo murió la gran artista argentina Graciela Sacco a causa de un cáncer. Había nacido en Chañar Ladeado, Santa Fe, en 1956. Vivió y trabajó en Rosario. Actualmente su obra puede verse como parte de la Bienalsur.

Buena parte de su obra gira en torno de la politización de la vida urbana, la lucha por la supervivencia, las migraciones forzosas, las tensiones y reivindicaciones sociales, el movimiento en la ciudades, las protestas y las revueltas, tanto históricas como presentes. 

Su última gran exposición antológica, Nada está donde se cree, donde reunió una selección de dos décadas de trabajo, tuvo lugar hace exactamente tres años, en el Centro de Arte Contemporáneo de la Universidad de Tres de Febrero, en el viejo Hotel de Inmigrantes de Retiro. Allí, junto con los temas permanentes de su obra, puso el acento en cuestiones relacionadas con la in inmigración, tales como el viaje, la búsqueda de una nueva vida, los deseos proyectados sobre un nuevo país; la espera, la burocracia, la socialización de los conflictos individuales. 

Graciela Sacco se lanzó a la arena artística exhibiendo su obra a comienzos de los años ochenta. En 1987 egresó de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Fue docente en esa Facultad y también se dedicó a la investigación teórica y técnica. Publicó, entre otros libros, Escrituras solares: la heliografía en el campo artístico (1994). También tiene publicaciones sobre la “Interferencia urbana”, y la gráfica.

El año de despegue para Sacco fue 1996, cuando representó a la Argentina en la Bienal de San Pablo. A partir de entonces, con la visibilidad y el prestigio que tiene esa bienal, la artista comenzó a ser convocada en todo el mundo. Desde entonces  su obra se exhibió en el Festival Europeo de Arte Latinoamericano de Aahrus (Dinamarca), en la Bienal del Mercosur (Porto Alegre,1998); en Guatemala y Nueva York; dos veces en la Bienal de La Habana (1997 y 2000); en París (1999), en la Bienal Internacional de Fotografía de México (1999 y 2000). En Quito (1999), en las bienales de Fotografía de Vigo (España, 2000) y Caracas (Venezuela, 2000). Y siguió con una muestra antológica en Boston (EE.UU.); con la participación en la Bienal de Fotografía de Puerto Rico (2000), las ferias de Madrid, Chicago y Basel. En 2001 Graciela Sacco junto a Leandro Erlich, conformaron el envío oficial argentino a la Bienal de Venecia. Las muestras internacionales se multiplicaron; y por supuesto Sacco realizó exposiciones en todo el país, por supuesto en su Ciudad, Rosario, donde presentó una retrospectiva en el Museo Castagnino de Rosario.

Otra de la grandes exposiciones de Sacco de los últimos años en Buenos Aires fue Tensión admisible, en 2011/12, en el Parque de la Memoria.

En la exhibición antológica de 2014 en Buenos Aires, los temas usuales de la artista sintonizaron a la perfección con los ecos históricos y fantasmales del viejo Hotel de Inmigrantes, con sus historias sobre los tiempos de espera, las corridas, la localización de equipajes, el sellado y la confección de documentos, la mezcla de culturas; la búsqueda de trabajo para iniciar otra vida. Sacco supo señalar los momentos de cambio y excepcionalidad, los momentos de tiempo en suspenso, las combinaciones de vidas particulares y fenómenos sociales. En el contexto de aquel espacio, las instalaciones de la artista, originadas en un tiempo y en un lugar específicos (por ejemplo, Rosario en los años noventa y dos mil), tomaron nuevos espacios, nuevas formas y nuevos sentidos, que se retroalimentaron al ser contenidos en el viejo Hotel de Inmigrantes.

Más allá de los múltiples formatos de las obras de Graciela Sacco, uno de los elementos comunes fue el uso de la fotografía de prensa aplicada (especialmente por la técnica de la heliografía) en diferentes superficies: es un principio constructivo de su lenguaje visual. En tal sentido, la materia prima fotográfica es fundamental en su producción, pero al mismo tiempo la fotografía es una mediación para la búsqueda de sentido y no una técnica a desarrollar. La foto es un punto de partida. Siempre había una imagen previa sobre la que la artista trabajaba. En su obra las imágenes impresas sobre objetos generalmente son imágenes del cuerpo, que remiten a reacciones básicas: son cuerpos en estado de necesidad, de movimiento, o al límite de distintos grados de disolución visual y que expresan distintos grados violencias, tensiones o movimientos. 

Una circunstancia clave de sus transcripciones fotográficas fue la puesta en circulación en el entorno de la ciudad y en distintos objetos, situaciones y contextos. En este punto, la ciudad era vista como máquina social, política y arquitectónica. Como conjunto de signos, textos e imágenes a ser leídos. Como continuo urbano, a la vez administrado y caótico, mecanizado por rutinas y rituales y también sorprendido y expectante frente a los movimientos sociales y manifestaciones públicas. Vista a través de la obra de Sacco, la ciudad es una trama visual y social en tensión, una geografía elocuente, en transformación perpetua. La obra de Sacco se inscribe como un dato perturbador, camuflado en la trama visual urbana, que nos hace volver a pensar en nuestro tiempo y espacio.

La artista concebía las artes visuales como derivadas de un campo de investigación mayor, en el que se incluyen las ciencias humanas, la cultura urbana y la política. Su producción parte de la condición de circulación del hecho artístico, así como del análisis preciso del contexto temporal y espacial. El arte, para ella, era en parte el efecto de un eco discursivo. “El arte –decía–  puede materializarse de manera decidida en todos y cada uno de los rincones de la cotidianidad e irrumpir en ella.” 

Las miles de bocas diferentes, impresas en distintos tamaños y formatos (estampillas, afiches o tamaños mayores) de su proyecto Bocanada, por ejemplo, no son como la célebre boca que Andy Warhol diseñó para los Rolling Stones. Las que Sacco utilizó eran bocas satisfechas, amenazantes o burlonas. Las bocas de Sacco son todas diferentes y vulgares. Impersonales y nada seductoras. Son bocas que remiten al grito de protesta; a la palabra contestataria o, en todo caso, al campo odontológico y médico, a la pura fisiología. Allí buscaba materializar el tema de la protesta y del hambre, como metáforas de la necesidad. 

“Cuando levanto imágenes de los medios –dijo Sacco en uno de las entrevistas publicadas en este diario por quien firma estas líneas– no sólo me atraen los contenidos y el sentido, sino que también me atraen cuestiones formales de conjunto o, incluso, cuestiones mínimas, como la trama de puntos de la fotografía. Muy seguido uso imágenes de gente en movimiento, de inmigrantes recién llegados, cuya situación es absolutamente precaria en todo sentido. En sus caras y actitudes surge la pregunta de qué hacer, cómo hacerlo, adónde han llegado. Toda mi obra consiste en instalar preguntas sobre las dificultades sociales contemporáneas. ¿Cuántas cosas sabemos de las guerras, enfrentamientos y hambrunas? Sólo podemos acceder a los ecos que nos transmiten los medios. Los periodistas, los reporteros y fotógrafos, a su vez, también reciben y envían ecos. Y mi obra es otro recorte: un eco que yo hago de lo que recibo de todo eso.”

La obra de Graciela Sacco participa en estos días de la Bienalsur, en tres sedes argentinas: el Museo de Arte Contemporáneo de Salta, el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires y el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán, y en otras tres, del resto de América latina: la Estación Central de Río de Janeiro, El Museo Nacional de Arte de La Paz, Bolivia y el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia, Chile.