Daniel Osvaldo / #ROCK #BURBUJA #MENTIRA #NORMALIDAD #CARETAS #FAMA
“Al ser un negocio y al haber tantos intereses, en el fútbol nada es real”
El centrodelantero se desvanece en las manos del músico en una noche de rock en Lomas de Zamora, cuando el Dani Stone cuenta su lucha por volver a ser un tipo normal después del fútbol. Honestidad brutal y Barrio Viejo.
Imagen: Carlos Sarraf

En la mesa hay troncos de pizza mordidos y amontonados sobre unas tablas redondas. Hay dos botellas de fernet empezadas y varias gaseosas por la mitad. Hay un vaso de whisky de buena etiqueta, dos cervezas de las más populares, un par de paquetes de Marlboro, un gorro, un encendedor verde, un cenicero y una hielera. Todo está arrojado ahí, en un mosaico desordenado, casi como si cada uno que hubiese entrado a ese ambiente hubiera puesto los elementos en cuestión de una manera específica pero inexplicable, con un correlato de inexactitudes, para escenificar un camarín de rock.

Detrás del humo denso e intoxicante de los cigarros, se ofrece un hombre de sonrisa fácil, carcajada gentil, postura blusera, una cuantas cadenas y un gorro a lo Indiana Jones. Podría decirse que ese tipo que está ahí es Daniel Osvaldo, el ex delantero de Boca, Inter, Juventus, Roma, Southampton y la selección de Italia. Pero no. Poco queda de aquel, a sólo un año de su retiro. A los 30 años y tras descartar una oferta de Málaga, la estrella del fútbol murió a manos del rockero sensible. Osvaldo largó todo y pasó casi al anonimato. Cerró su cuenta de Twitter de más de 600.000 seguidores y, luego de un largo silencio, ahora opera desde otra con poco más de 3.000, desde la que hace unos días publicó una emotiva carta a Santiago Maldonado. Viaja en colectivo de línea por el conurbano y toca en lugares chicos, a los que, como en este viernes de primavera en el centro cultural No Me Olvides, de Lomas de Zamora, acuden un puñado de fanáticos de su banda: Barrio Viejo. Aunque a alguien le cueste creerlo, Osvaldo lucha cada día por ser un tipo normal.

Carlos Sarraf

 

-Te retiraste del fútbol a los 30 años y teniendo ofertas. Hoy decidiste dedicarte a ser cantante de rock. ¿Qué compraste? ¿Libertad?

-Sí. Me la gané un poco, creo. Quise hacer esto y lo hice. Y no me arrepiento de nada. Vivo contento por mi decisión.

-¿Fue caro pagar el precio de algo tan drástico?

-No. Fue caro mientras jugaba. Ahora la gente es mucho más grata conmigo. Más amable. Este mundo (el del rock) me ayuda a entender otras cosas. El universo del fútbol te prejuzga mucho. Este país te prejuzga. Y al final, detrás hay una persona. Pero aprendí a que no me afecte. No me resultaba fácil el momento en el que estaba en el foco y me jodía que la gente dijera cosas de mí que no son. Pero aprendí. Con el tiempo me pude dar cuenta que no importa nada lo que digan Mirtha de Haedo, Joaquín de Burzaco o Jorge Rial, que nunca se tomó una birra conmigo. ¡Me chupa un huevo! Tomate una birra conmigo, charlemos un rato y después decime qué opinás.

-¿Los golpes del fútbol te enseñaron?

-Es que hoy vivo en un mundo en el que estás más relajado, en el que tenés los pies sobre la tierra y en el que te sensibilizás con causas que valen la pena y no con la fantasmeada de la tevé, que es una porquería. Acá no me tengo que preocupar por quedar bien con algo o por ser ejemplo de alguien. Yo no quiero ser ejemplo de nada. Quiero que me dejen vivir mi vida tranquilo, como el panadero de la esquina. Igual.

-En algún punto estás destruyendo un lugar que ocupaste, que es el de estrella del fútbol...

-Sí, yo la viví. El fútbol es una burbuja que te atrapa, porque tiene cosas atractivas, pero al final te das cuenta que eso es mentira, que la gente no vive así, que vive de otra manera. Y yo prefiero estar más del lado de la mayoría de la gente que en esa burbuja, en la que nada es real, que es todo frivolidad y en la que abundan los tipos calculadores.

-¿Te lo creíste en algún momento?

-No sé. Te diría que no, porque siempre tuve los mismos amigos y siempre mi punto de llegada fue el mismo, Lanús, con mis viejos. Pero es difícil porque en ciertas situaciones uno se mira y dice: “Che, pará, yo no soy así, ¿qué estoy haciendo?”. Y te hacés mal a vos mismo. Te preguntás: “¿Yo necesito hacer esto? ¿Necesito tener esto?”. Y no. La verdad que no. Sería ideal poder vivir todo eso teniendo la misma sensibilidad y los mismos pies sobre la tierra. Si podés lograr eso, hacelo. Pero para mí es imposible.

-¿Tan difícil es?

-Es que en el fútbol la tenés que caretear demasiado. El problema es que cuando te preocupás por lo que piensa la gente, ahí cagaste. Todos nos mandamos alguna y todos nos equivocamos. La diferencia es que de los errores de los futbolistas, se habla, y de los del verdulero de la esquina, no. Entonces, prefiero ser como verdulero, del que a nadie le importa lo que hace y por eso puede ser una mejor persona en su mundo y en su mambo.

-¿Qué era lo que más te complicaba del fútbol?

-Tener que lidiar con la imaginación de la gente. A mí me ha pasado que se dijera acá en mi país, donde venía contento y a cumplir un sueño, que yo no era profesional. La conclusión viene así: “Uh, a este le gusta el rock and roll. Entonces, le gusta el whisky. Y encima fuma. Este se debe pasar todos los días hasta las 5 de la mañana tomando whisky. Y seguro que se droga, también”. Y ya sos eso. Y yo tengo que decir: “No, flaco. Yo jugué 11 años en Europa, en la selección de Italia y en la Juventus. ¿Vos te pensás que si yo me drogo o me fumo 50 puchos o tomo whisky hasta las 5 de la mañana podría jugar ahí? No, hermano, no soy Messi, no me alcanza si hago eso. Tengo que acostarme temprano, comer ensalada y descansar bien...”. Después, claro que me gusta tomar whisky, fumar un pucho y el rock and roll, pero cuando puedo. Todos los días de mi vida no son así.

-¿El fútbol es ser y parecer?

-Es aparentar algo que no sos, también.

-¿Y el rock?

-Es más genuino. Más real. Somos una banda que recién arranca y que va a tocar a lugares donde a veces hay un montón de gente y a veces diez personas. Y está buenísimo eso. Porque ahí le das importancia a lo que hacés, porque tratás de darle la vuelta de rosca para que en vez de diez, la próxima, haya doce. Acá aprendí a valorar las cosas.

-¿En el fútbol ya no disfrutabas?

-En el fútbol la pasás bien jugando a la pelota, pero después está el pelotudo que te putea por errar un pase y ahí ya no la estás pasando bien. Encima, ese tipo sólo la pasa bien por el resultado. Ganando. Y así es muy fácil todo. ¡Aprendé a pasarla bien en todas, hijo de puta! Sería aburrido si vas a la cancha y sabés que vas a ganar siempre. ¿Vos te creés que yo quiero perder, la concha de tu madre? Yo no quiero perder.

-¿Cómo te llevás con el individualismo?

-Hoy estoy en un proyecto al que le metí todo, pero miro al costado y el violero también le metió todo. Y los ves a los pibes y a mi hermano que nos banca en todas. Y está buenísimo. Lo que me pasa es que no quiero hacer notas para que no digan que me aprovecho de mi fama de futbolista para esto. Y es justamente todo lo contrario. Tiene que pasar un tiempo para que la gente deje de verme como futbolista. La idea es que, a medida que pase el tiempo, el que te venga a buscar sea porque le gusta la música, no porque canta Daniel Osvaldo. Eso le da credibilidad a la banda, que es una grupo que respeta al rock, a la música y a las etapas. Recién arrancamos y capaz que estamos 15 años y seguimos tocando para 15 personas. Y si seguimos, me saco el sombrero. Esa es la idea.

-Entonces, ¿estás peleado con el fútbol?

-Yo le estoy eternamente agradecido al fútbol. En lo bueno y en lo malo, soy lo que soy y tengo lo que tengo por el fútbol. Es un lugar maravilloso, que me hizo conocer todo el mundo, que me invitó a jugar en muchos lugares y me hizo abrir mi cabeza. El fútbol me hizo ver a Bob Dylan en vivo. No quiero que parezca que le tiro mierda al fútbol porque no es así. Sólo que en un momento no me llevaba bien con eso. Pero era personal. El problema era mío. Yo no quiero cambiar al fútbol. Sólo decidí irme.

-¿Te reencontraste con el amateurismo en la música? Porque se dice que al fútbol se juega para ganar y en realidad, se juega para jugar, para ejercer eso y después vemos el resultado. Y vos decís que acá tocás y por ahí vienen diez o mil personas, pero que sos feliz por hacerlo.

-Es como cuando alquilás la cancha para jugar con tus amigos. Es hermoso hacer música, porque tiene la energía del amateurismo, pero con un profesionalismo que va de principio a fin, porque sino el que te viene a ver no vuelve. Una vez que ya hiciste todo y te subiste, ya estás jugando.

-¿Apostaste por un camino sin importar el resultado?

-Sí, me la jugué por un camino. El éxito no es el resultado que tengas. El éxito es grupal. Por ahí el éxito es que tengamos 60 años y sigamos juntándonos con estos chicos a tocar en una sala de ensayo, sin importar qué haya pasado en el medio. El éxito es construir una relación de toda la vida, haciendo lo que más te gusta con la gente que querés. Si partís buscando el resultado, ya arrancaste mal. O si entregás cosas. O si te ponés a tocar otra música para que venga más gente. Pero no es la onda. Ahí... Ahí me voy a jugar a China (risas). Tampoco soy boludo.

-¿Dudaste en volver después de dejar el fútbol?

-No, porque lo estoy disfrutando. Es que no es una decisión que tomé porque me rompí todo o porque no podía más por estar viejo y tener que dejar. Yo podía jugar al fútbol seis años más, pero no tengo más ganas. No me pesa. Y también me ayuda a mirar para atrás y ver dónde jugué y no lo puedo creer. Lo veo de afuera ahora y me emociona. Mientras lo hacés no te das cuenta y por eso cometés errores, porque no tomás dimensión de dónde estás. En un momento sentís que podés todo, porque el fútbol te prepara para eso, porque la burbuja te hace sentir que sos invencible. Se te contagia eso de que perdés y te ponés a llorar una hora seguida. Entonces, llegás a tu casa, tu vieja te hizo milanesas y te pregunta: ¿No vas a comer? Y vos le decís: “No, metételas en el orto las milanesas. ¿No ves que perdí?”. Y no es así. Pero el ambiente te contamina. Eso es lo dañino, porque tendría que ser justamente lo contrario. Y era lo contrario. Y no me pasó hace mucho. Al ser un negocio y al haber tantos intereses, en el fútbol nada es real. Es un espectáculo, pero perdió lo lindo. Tantas cámaras, los jugadores que hablan tapándose la boca. Es ridículo. ¿Qué le estás diciendo, el secreto de la Coca Cola? Pero encima, lo tienen que hacer, porque si justo va perdiendo uno a cero y el nueve hizo un chiste, uh, para qué. Le tiran piedras a los coches de los jugadores. ¿Cómo no va a ser así el jugador? Es enfermizo el mundo del fútbol.

-¿Qué es la fama en todo eso?

-Es peligrosa. Es peligrosa cuando sos un pibe que quiere vivir y quiere ir a un bar a tomarse una birra y fumarse un pucho y la gente te mira. Y ahí digo: “¿Qué estoy haciendo de raro? ¿Qué me mirás? ¿Por qué me sacás una foto? Mi mamá ya sabe que fumo, no pasa nada”.

-¿Te ha pasado?

-Sí, hace poco, pobrecita la chica. Le digo: “No me saques fotos cuando estoy comiendo. Vení y decime y yo me saco la foto, pero mientras estoy comiendo capaz tengo un pedazo de tarta en el diente y vos me sacás una foto”. Y la piba me dijo: “Aguantátela, si sos famoso”. Y ahí pensé: “¡Qué me voy a poner a explicarle a una persona cuya excusa es que me la aguante por ser famoso!”. Es jodido, porque la gente piensa que porque vos salís en la tele... ¡Que encima no quiero salir en la tele! Yo juego a la pelota. ¡Qué me importa! Salgo en la tele porque el fútbol es un negocio. Soy bueno por jugar a la pelota. No soy un actor que quiere salir en la tele. Se piensan que vos tenés que hacer lo que ellos quieren. Y encima si vos estás apurado y no te podés sacar una foto, sos un mala onda.

-Si volvieras para atrás, ¿repetirías todo?

-No, todo igual no. Yo me mandé mil cagadas en mi vida en general. Trataría de no repetir algunos errores. Soy un tipo raro. No soy fácil. Me cuesta cambiar, pero lo estoy intentando (se ríe). Lo hago por algunos períodos y a veces me sale y a veces no. Soy un chabón con un carácter fuerte, impulsivo y calentón. A su vez, soy sensible, entonces cuando me arrepiento, es peor porque me doy cuenta que no era tan grave el conflicto y que exageré. Pero soy buen pibe (risas).

-¿Hay algo que te reproches particularmente?

-Siempre trato de ser mejor padre, aunque las situaciones, no voy a entrar en detalle, a veces no me lo permiten. Y a veces yo me mando cagadas y tampoco facilito las cosas. Eso es cierto.

-Había pensado en el fútbol...

-No, esto es más profundo. Al fútbol le di todo lo que tenía para darle y ya no tenía más nada para ofrecer, así que no tengo ningún reproche. A mí me cuesta el compromiso. Soy muy volado. No hablo de amor, eh. La relación mía con el compromiso es jodida. A veces me digo: “No podés ser tan hijo de puta de no hacer esto. Lo tenés que hacer y lo tenés que hacer”. Y me cuesta lidiar conmigo mismo.

-¿Cómo te imaginás a los 60 años?

-Arriba de un escenario, pero con más tiempo, disfrutando todo. Y siendo abuelo.

-Es raro imaginarte de abuelo...

-Y sí. Pero a todos nos llega. Me imagino haciendo asado para mis hijos y mis nietos.

-¿Quién es Daniel Osvaldo?

-Es un soñador. Eso es. 

Natalia Seibert