Se define el acuerdo de libre Mercosur-Unión Europea
Los industriales temen lo peor
Las autoridades europeas pusieron quinta velocidad para firmar el acuerdo y en ese tren se subió el macrismo. “Las posibilidades de protección comercial para nosotros dependen de los brasileños y de los granjeros franceses”, dicen los industriales.
El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos.El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos.El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos.El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos.El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos.
El vice de la Comisión Europea, Jyrki Katanien (izquierda), conversó con periodistas argentinos. 
Imagen: Télam

“En este momento, las posibilidades de protección comercial para nosotros dependen de los brasileños y de los granjeros franceses”. Así describen los industriales argentinos su situación de cara a la aceleración de las negociaciones del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. En otras palabras, las autoridades europeas, con la Comisión Europea a la cabeza, pusieron quinta velocidad para conseguir la firma del acuerdo y en ese tren se subió el macrismo. Los únicos elementos que podrían entorpecer el panorama son el lobby agropecuario europeo y los industriales de Brasil, que ahora se muestran más preocupados.

“Cuanto más cerca estamos del final del proceso negociador, más difíciles se tornan los temas a discutir, de ahí la importancia del componente político. Si tuviéramos una señal positiva, como espero que tengamos de la UE, podríamos acelerar las negociaciones y concluirlas a final de año”, afirmó ayer Jyrki Katanien, vicepresidente de la Comisión Europea, desde Brasilia. El funcionario participó de una gira por la región con la intención de acelerar la firma del acuerdo. En diálogo con este diario y otros medios durante su breve estadía en Buenos Aires, Katanien afirmó que “queremos este acuerdo para final de año”. La Comisión Europea es uno de los organismos clave en la aplicación de los programas de salvataje financiero con ajuste fiscal y reformas laborales en el Viejo Continente.

  El Gobierno tiene una posición muy dura hacia la industria. Necesita alcanzar la casi total liberalización del comercio en plazos que llegan hasta los diez años. Con esa exigencia, el Ministerio de Producción aprieta a los industriales para que digan qué posiciones pueden entregar al libre comercio. Las cámaras responden lo mismo: no vamos a soltarle la mano a nadie, se rechaza el acuerdo porque no hay nada para ganar. “Que los europeos bajen aranceles no significa nada porque ellos tienen reglamentos técnicos y subsidios para su propia industria. Te bajan aranceles pero tampoco podés entrar. En cambio nosotros el único mecanismo de protección que tenemos es el arancel”, explicó un dirigente metalúrgico a este diario.

  “Si en un escenario con aranceles tenemos un enorme déficit comercial, sin aranceles se espera que el desbalance sea todavía más alto”, dijo a este diario Juan Cantarella, de la cámara de autopartistas (AFAC). En el autopartismo consideran que “las amenazas son superiores a las eventuales oportunidades”. Las oportunidades son bajas porque los aranceles europeos a las autopartes y a los autos son reducidos. “Nos preocupa mucho el impacto en las inversiones. El cálculo de una terminal o autopartista multinacional a la hora de decidir una inversión incluye la situación de los aranceles. Si se eliminan, la inversión acá se vuelve menos rentable, lo cual implica que la política de libre comercio vuelve inviables algunas inversiones en el sector. Los plazos son largos, se habla de diez años. Pero esto puede impactar de inmediato en las inversiones”, explican en el sector.

  En el rubro textil se está negociando una baja arancelaria paulatina hasta llegar al cero por ciento en ocho años, muy lejos del pedido de exclusión total de la negociación que pedían los industriales locales. Ahora los textiles pelean por la aplicación de un certificado de origen para asegurarse que lo proveniente de Europa haya sido efectivamente producido allí y no en Asia. “Europa no quiere este certificado porque está muy penetrada por producción asiática. Pero incluso si se aprueba es algo difícil de comprobar, ni siquiera Estados Unidos puede hacerlo”, dicen. 

  “Con el Mercosur somos socios naturales”, definió Katanien. La “naturaleza” para los economistas se vincula a las llamadas “ventajas económicas estáticas”: la Argentina es buena con las materias primas y a lo sumo con alimentos y ensamblando bienes industriales, mientras que los europeos son buenos con la tecnología industrial y los servicios de alto valor agregado. Esa afirmación tiene estricto reflejo en la conducta de los actores. Mientras los industriales se lamentan, el ex presidente de la Sociedad Rural (SRA) y actual ministro de Agroindustria, Luis Etchevehere, se entusiasma que “el Mercosur está en condiciones de exportar 400 mil toneladas de carne al año a la UE bajo un sistema de libre comercio”. Del otro lado, granjeros europeos están en alarma. “El real desafío para la industria de carne para los próximos meses es evitar que la UE firme con el Mercosur un acuerdo de libre comercio”, dice un portal irlandés.

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