Opinión
Shakespeare, “La Tempestad” y Fidel

 

Podríamos decir por ejemplo que Fidel no ha muerto. Que vuelve a cabalgar sobre su propia historia. Que a su isla regresan todas las historias y los pueblos de la tierra, los barcos de todos los desplazados y humildes que hoy siguen navegando a la deriva para salvarse en alguna orilla del mundo. Alguna vez  las tormentas y el brutal colonialismo creaban sus historias desde el centro del mundo para explicar que nuestros mundos estaban poblados de pueblos salvajes y sin historia. El propio Fidel nos aclaró alguna vez que desde Playa Girón el mundo colonial había comenzado a vernos de otra forma. No sabíamos, decía Fidel, si éramos hispanoamericanos, iberoamericanos o latinoamericanos, pero que para el Imperio no éramos más que pueblos despreciables y despreciados. Pero Fidel puso su propio cuerpo ante la historia y los pueblos humildes encontraron la primera esperanza en estas tierras de las viejas fantasías europeas. El propio Shakespeare, en su obra La Tempestad, proponía que aquel poder europeo podía desembarcar en alguna isla de la utopía para crear un estado ideal de gobierno, pero igual los nuevos colonos necesitaron de los antiguos habitantes de las islas para que los atiendan como esclavos. En ese juego de los símbolos, tan bien creados por el propio Shakespeare, hoy Fidel es más que Calibán, es mucho más que el propio Fidel que se subió a la historia, su cuerpo es mucho más grande que su propio cuerpo. Sobre su cuerpo extendido se adelantan otra vez las filas gloriosas y revueltas, se multiplican los Calibanes que levantan sus banderas y se suman los alados Arieles que levantan los espíritus de la tierra, aquellos Prósperos auténticos que soportaron travesías y tormentas reales, los Gonzalos humanistas que miran ahora la isla liberada y los Príncipes que van con su cuerpo a los combates. Sobre su cuerpo multiplicado ante la historia ingresamos todos los humillados del mundo, hacemos fila para mirarte y tocarte. Descubrimos que el mundo es redondo, que las filas son redondas, que el mundo te mira desde la redondez de la tierra. Nuestra América, que vos liberaste, se abre para despedirte para siempre. Ahora todos somos tu cuerpo.

* Poeta. Director artístico del Centro Cultural de la Cooperación.