Federico Churba está por cumplir diez años de estudio propio, una muestra de continuidad en una industria compleja.
Experiencias

Un tema poco recorrido es qué pasa con los emprendimientos después de inaugurados, cómo se logra la continuidad y el crecimiento, en particular en el área de diseño. Es por eso que el caso de Federico Churba resulta interesante. Esto es porque trabaja para empresas internacionales desde nuestro país sino porque desde hace casi diez años su estudio, sus colecciones y sus participaciones en ferias crecen. Tiene su local fCH y trabaja para referentes internacionales de las industrias italiana y escandinava, a través de colecciones que han formado parte de las ferias más importantes del sector como Salone del Mobile, Stockholm Furniture Fair, 100% Design London, Light & Building Frankfurt y Designer’s Days Paris. Estos trabajos fueron reconocidos con premios como el 100% Foundation (2003), Design Report Award Special Mention (2010) por su participación en la feria de Milán y Premio Konex (2012) Diploma al Mérito - Diseño Industrial.

Federico lleva el gen del diseño en su ADN (hemos dado cuenta tantísimas veces desde este suplemento de su estirpe con padre -León-, tíos -Alberto y Graciela-, hermanos -Leticia- y primos -Martín- referentes). Por eso, el quinto aniversario de la apertura de su tienda en el distrito Arenales fue una buena excusa para una charla ligada a su expertise en el equipamiento interior especializado en mobiliario e iluminación, y el sin fin de variables de proyectar, fabricar y comercializar diseño al Sur.

Además de actualizarnos con las novedades que acaba de lanzar al mercado como la línea Lollipop, compuesta de una mesa auxiliar y un carro ,resueltos por discos de acero que se insertan en una estructura de madera de roble macizo. O el sofá Carl, conformado por módulos cuadrados que reposan sobre una base de madera que contiene al conjunto. Un sistema flexible que permite el armado de diferentes configuraciones, desde un sillón individual hasta un esquema en L. Y las mesas y el escritorio Río conformados por cuatro cintas de acero macizo y una tapa de madera de contorno redondeado con un desafío técnico importante. 

—Nos encontramos cuando abrías la tienda propia, hace cinco años…¿Cómo viene siendo la experiencia? 

—Más que interesante. Yo siempre digo que combino mi actividad de diseñador con la de emprendedor. Desde que empecé fue así. Primero con el colectivo Perfectos Dragones, luego con Pato Lix Klett con La Feliz y con mi propio estudio hace nueve, casi diez años, de los cuales hace cinco toma forma con un espacio donde agrupamos espacio comercial, estudio y depósito/taller de ensamble. Creo que ahora, alcanzó cierta madurez el emprendimiento que requiere de una revisión, una mirada más profunda ya que va cobrando vida más allá de lo que uno planifica. 

—¿Cuál era la meta?

—Tener un local implica muchas más cosas que vender. Involucra sobre todo involucrarte y conocer de primera mano a tu cliente y en eso, comprometerte a darle soluciones a las cosas que esta necesitando. Por eso, lo que más valoro en estos años es la información. Nosotros ahora tenemos de primera mano a nuestro consumidor en nuestra tienda observando, consumiendo, preguntando. Así el diseño deja de ser sólo una expresión de la propia voluntad y empieza a regirse por determinadas normas que nos hacen acercarnos más al cliente. 

—¿Qué aprendiste de tus clientes?

—Básicamente estamos en una etapa de ajustar mucho cada producto. Como tenemos la performance de cada uno y la respuesta del público. En general, sacamos de cinco a ocho productos al año, lo que implica un gran esfuerzo. Este año fue muy marcado por la revisión de los productos existentes. La misma gimnasia nos la dieron los productos que licenciamos al extranjero que por más que están terminados, prototipados, fabricados, muchas veces hay que hacerles adaptaciones para el nuevo mercado. Esa misma revisión este año la estuvimos haciendo sobre nuestros propios productos fabricados acá. 

—¿Es difícil trabajar en un diseño competitivo desde Argentina?

—Acá hay que sortear muchas dificultades, pero a mí me gusta pensar que eso es lo que nos hace fuertes. Diseñando y fabricando en el país, atravesamos mil de cosas pero también particularidades como estar cerca del taller, de la fabricación. Proponer el herramental o los dispositivos para que la pieza se pueda fabricar y repetir, repensar en conjunto. Eso se da sólo acá. Y es lo que hace que, por ejemplo, muchas veces nos feliciten del área técnica de las empresas extranjeras. Es que allá, el diseñador trabaja más libre. Se les pide un concepto que luego tomará el equipo de ingeniería y lo termina de desarrollar. Acá nosotros estamos atrás de cada etapa. En ese sentido nuestros proyectos son llave en mano y eso a la larga termina siendo valorado. 

—¿Cuáles son los productos nuevos?

—Acabamos de lanzar un sistema de sofás, Carl, del que estamos muy orgullosos porque logramos incorporar una tecnología. Industrializamos una pieza que es la que genera el sistema que es un panel que es tanto apoya-brazo como respaldo. Es un proyecto muy sencillo, un modelo que se repite que con herraje cambia y esa versatilidad es ideal para nuestro cliente que en general son interioristas o decoradores. Este producto nace de esa necesidad de versatilidad que vimos que necesitaban nuestros clientes. 

—Y de cosecha internacional…

—El proyecto Lollipop que tiene una hermosa trastienda. Nació del pedido de una empresa sueca con la cual venimos coqueteando hace años. Un diálogo muy constructivo pero que hasta ahora no había devenido en producto. La última vez que me llama el director, me dice que estaba como loco porque le encantaban mis productos pero hasta ahora no había incorporado ninguno a su catálogo. Entonces me pidió una pieza particular y ahí me descolocó, porque en vez de un mueble, me pidió un móvil colgante. Realmente la propuesta me sacó de mi lugar. Un móvil es un objeto que no tiene una función y es interesante ese carácter que nos puso a pensar a todos en el estudio: cuelga en el espacio, transmite sensaciones al moverse con el aire, podría reflejar luces. Así empezamos a buscarle la función al colgante y a la larga desarrollamos unos discos, planos redondos que se sostenían con palos, líneas y discos colgando en espacio y a partir de ese encastre, unión, la deformación profesional nos llevo a desarrollar más productos y nacieron unas mesas auxiliares, carros, mesas altas, percheros y estanterías. Las formas redondeadas, los juegos de escala y la paleta de color le otorgan a las piezas un aspecto lúdico. Las mesas pueden cumplir una gran diversidad de funciones y por su peso y dimensiones son fácilmente trasladables. Una de las patas del carro se extiende para servir de agarre y facilitar el traslado.

Por otro lado, otra empresa sueca con la que trabajamos nos llamo para un trabajo soñado. Habían comprado una maquinaria para hacer termo-formados de placas de superficies sólidas tipo Corian y nos encargaron el desarrollo de unas mesas bajas usando esta tecnología. 

—Entonces es posible trabajar con marcas internacionales desde aquí…

—La realidad es que no fluye con toda la facilidad. Un diálogo personal de media hora acerca tres meses de correos electrónicos. Y si además, esa reunión transcurre en una fábrica, aún más. Pero igual se puede. 

—¿Otros productos de los que estés orgulloso?

—Este año lanzamos la mesa de escritorio Río, que es un proyecto que resume parte de este aprendizaje pensando en este caso en su economía de piezas. Es una tapa que cuelga de cuatro patas iguales y de esa manera el proyecto es de una simpleza constructiva pero riqueza formal impresionante que me encanta. Igual estar feliz o satisfecho con un producto suele ser difícil, casi que va en contra de la naturaleza del creativo, sobre todo en un segmento como el diseño de producto donde todo tarda tanto tiempo. Volviendo a la pieza, el plano de apoyo cuelga de las cuatro patas, que a la vez la atraviesan y generan superficie, y en un suave pliegue, descienden hasta el piso. La materialización de estas piezas representa un desafío técnico importante. Cada una de los componentes requiere del otro para que el conjunto logre el equilibrio. 

—¿Cuántas personas conforman tu equipo?

—Hoy somos siete. Una empresa hecha casi toda por diseñadores. En ventas tenemos una diseñadora de interiores con posgrado en mobiliario, en la parte de administración una ingeniera de producto y después tres diseñadores industriales. 

—¿En que cosas sos bueno?

—Yo creo que baje mi nivel de ansiedad. Las cosas llevan un tiempo que lo merecen y creo que soy bueno en no apurar algo que no esta listo. Y soy bueno armando equipos de trabajo. Sobre todo porque algo que repito siempre es que una buena idea no te garantiza un buen producto, si no podes lidear con estas otras cuestiones. Y eso lo aprendí con el tiempo. 

—Ultima pregunta obligada: ¿Qué significa ser Churba, por dónde pasa el sello?

—A mí me hablas del apellido y no me lleva al diseño, sino a la comida y a la reunión familiar. Una cosa muy linda de unión, aprendizaje, de mucho respeto. 

Mi abuelo, el papá de mi papá, era lo anti-diseño. Vivió toda la vida en la misma casa, no consumía por ejemplo autos, le gustaba comer en su casa, pero era todo un emprendedor. Hizo muchos negocios, construyo muchas cosas y eso esta muy presente en familia. Todos hicieron su historia que más allá de diseñar, implica mucho trabajo y esfuerzo.