Georgina Hassan presenta Madreselva, su cuarto disco, en Café Vinilo
Canto que despierta, sana y enciende
La cantora y compositora logró un trabajo de exquisita factura musical y poética, en el que se consolida como ejecutante de cuatro venezolano y bandurria.
“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan.“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan.“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan.“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan.“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan.
“Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte”, plantea Hassan. 

 La coda la sorprende. Una canción conecta las intenciones de Georgina Hassan con las de aquel Silvio Rodríguez que compuso “La maza”, cuando amanecían los ‘80. “No lo había pensado, pero sí”, admite ella. Admite, sin bemoles, que cantar “qué cosa fuera la maza sin cantera” es directamente proporcional a la frase madre de “Canto difuso”, la canción citada: “Vivir sin cantos en la boca es duro”. “Me movilizó profundamente lo que nombra ese tema de Susana Thenon, por eso quise musicalizarlo. Sentí que esas palabras tenían que volverse canto que despierta, que sana, que enciende”, detalla la cantora y compositora acerca del tema que abre el flamante Madreselva, finísimo trabajo que presentará hoy a las 21 en Café Vinilo (Gorriti 3780). “Muchas veces pienso qué sería de mí y de todos sin la función del arte, qué sería vivir sin esa cantera de la que habla Silvio, sin ese océano. Son tiempos en los que se va quitando el contenido a todo, donde lo importante parece estar en el envase, en el packaging, por lo tanto es importante recordar que la función primera de la música es la de acompañar la vida, el contenido”. 

Madreselva –cuarto disco de la cantora– contiene once piezas, varias de ellas de exquisita factura musical y poética. Brilla la participación de Marcelo Moguilevsky en los arreglos de vientos de la sosegada y austera “Jilguerito”; también el entramado andino que le aportan los legendarios Inti Illimani a “Corteza”; la hondura solitaria que rodea a “La hora”, la pieza más bella del disco; o la introducción de “Hay un silencio”, que entromete a la compositora en otra coda sorprendente: el viejo Genesis de Peter Gabriel. “Esto sí que me sorprende en serio”, se ríe ella. “Me encanta Gabriel. Incluso, uno de los conciertos más emblemáticos y conmovedores en los que estuve fue el que dio aquí en 2011 con orquesta, pero no noto tanto la influencia. Puede ser que haya tomado algo de él inconscientemente”, deja picando la artista que mostrará su disco acompañada por Diego Penelas en piano y guitarra, Rafael Delgado en violonchelo de cinco cuerdas, Maritza Pacheco Blanco en violín, Guido Martínez en contrabajo y Fernando Bruno en percusión. “Además de presentar el repertorio de Madreselva, retomaremos algunas de las canciones de mis tres discos anteriores”, anuncia Hassan.

–¿Cuáles son las similitudes y diferencias que nota entre este disco y Tornasol, su predecesor?

–La principal similitud es la poesía. En Tornasol hay una búsqueda en la palabra no solo desde el español sino también jugando con otras lenguas como el portugués. En Madreselva retomo esa idea, mi propia poesía sumada a la musicalización de otros y la inclusión de una canción en gallego que compuse sobre poemas de Eduardo Estévez. En cuanto a las diferencias, Tornasol tiene una instrumentación más grande y se grabó por separado: primero las bases, después los instrumentos melódicos, y luego las voces. Madreselva, en cambio, se grabó casi en vivo y con una formación más pequeña.

Otro dato clave del trabajo es la consolidación de Hassan como ejecutante de dos instrumentos, cuyo sonido marca la diferencia: la bandurria y el cuatro venezolano. Este último la acompaña desde hace veinte años, cuando aprendió a tocarlo en la Escuela de Música Popular de Avellaneda: “Cuando escuché la música venezolana me pasó algo fuertísimo, me conmovió y tuve el impulso irrefrenable de tocar el cuatro... quería ese sonido”, evoca ella. El vínculo con la bandurria es más bizarro, porque le llegó por parte su suegra. “El instrumento estaba en la familia, pero nadie lo tocaba, así que me la dieron a mí, y como ya toco guitarra y cuatro, pude abordar la bandurria de manera intuitiva. Así, jugando con su sonoridad, nació la música de ‘Hay un silencio’, el poema bellísimo de Diana Bellessi”, explica. Versos tan bellos como los de “La hora”, cuya pluma claroscura pertenece a María Julia Magistratti. “Este es un texto en el que están muy presentes los sentidos, así lo percibí la primera vez que lo leí. Habla de la ‘desmesura del sabor’ y me pareció acertado buscar algo de esa desmesura en la música... capas rítmicas que fuimos encontrando con Penelas, mezcladas con la serenidad contemplativa que aparece en el tema”. 

–¿Por qué Madreselva? La palabra tiene muchas resonancias en la música popular argentina, desde Gardel hasta Spinetta.

–En mi caso, surgió porque es una palabra que está dentro de la canción “Jilguerito”. La escribí partiendo de un recuerdo de mi infancia: mi mamá sentada en el patio, inmóvil, esperando la llegada de un pájaro. Me resultó evocativa, una palabra llave hacia el perfume, el color,  lo salvaje, lo femenino. En este disco hay muchas voces femeninas y sentí que la palabra “madreselva” contenía esa diversidad.

–Retomando la primera canción, la canción fuerza, aquella frase a lo Silvio deriva en otra no menos sintomática: “Es duro, casi tanto como ignorar si existen otros mundos más claros”. ¿Cuáles serían esos otros mundos?

–Lo que asocio al pensar en esos mundos más claros es el verbo humanizar, que quienes mueren de hambre o fuego no sean solo una estadística. Y, de un modo mas pequeño, echar luz sobre cada día que vivimos, en lo cotidiano, en cómo transitamos el tiempo finito que somos. Atravesar la vida buscando que también ella nos atraviese.