Construcción de poder

El Ejército, la Iglesia, los periódicos, las clases altas y sus seguidores de clase media derrumban al gobierno de Hipólito Yrigoyen. Es el 6 de septiembre de 1930. Bastó con denigrar al viejo caudillo, con acusarlo de corrupción, para que la indignada civilidad repudie a ese gobierno y clame por una mano fuerte. La revolución es una fiesta. Un paseo de los cadetes del Colegio Militar hasta la Casa Rosada. Yrigoyen ha huido a La Plata, donde presenta su renuncia. Lo envían a Martín García. Dos años después muere en medio del amor póstumo de una multitud arrepentida. 

Uriburu intenta formar un gobierno nacionalista en el modo de los fascismos europeos. Pero Inglaterra no quería nada fascista en Argentina. Uriburu y los suyos advierten que no tienen respaldo. La crisis del 29 estalla en el país de las mieses y las vacas. Los términos de intercambio se desequilibran. Cae Uriburu, asume en elecciones fraudulentas el general Agustín Justo. Le gusta sonreír. Le gusta decir cheese siempre que ve una cámara. Es el candidato de la oligarquía pro británica. Sin embargo, las relaciones con Inglaterra no mejoran. El Imperio ha suspendido la compra de carnes argentinas. Es el destino de los países que se entregan al monocultivo y desprecían la industria. La industria siempre tiene valor agregado. El producto primario, no. Los términos de intercambio se desequilibran en beneficio de los productos industriales. Justo envía a Julito Roca (hijo del llamado zorro del desierto) a negociar las carnes argentinas. Se firma el Pacto Roca Runciman. La frase que lo rubrica es célebre: Argentina es la joya más preciada de la corona británica. Hoy, ni siquiera esa frase puede decirse. Argentina no es la joya de nadie. (Menos aún su propia joya.) Para nadie representa lo que significó para Inglaterra durante la década infame. 

Los gobiernos conservadores se mantienen entre el fraude y la represión. Surge un grupo de radicales personalistas, en la tradición de Yrigoyen. Se llama FORJA. Algunos de sus hombres son Jauretche, Homero Manzi y Scalabrini Ortiz. Es la resistencia en la década infame. También son neutralistas durante la gran guerra. Los argentinos queremos morir aquí, dicen. 

Entre tanto, en la economía, se ha dado un proceso de sustitución de importaciones. A causa de la guerra, el Imperio no puede proveer a la colonia las mercaderías que habitualmente entregaba. Crisis en la metrópoli/ prosperidad en la colonia. La industria liviana concentra en Buenos Aires una clase obrera joven, nueva. Son los migrantes internos. Llegan a la gran ciudad y buscan trabajo en las pequeñas industrias que han surgido: tallercitos en Munro, Avellaneda y otras barriadas del trabajo humilde y vigoroso. 

Se ha producido, en junio de 1943, un golpe de Estado con base castrense. Estos militares son industrialistas. Forman el GOU (Grupo de Oficiales Unidos). Ahí aparece un coronel que tendrá dilatada permanencia en la política argentina. Perón. Pide para él la Secretaría de Trabajo y Previsión. Era un militar obrerista. Pronto descubre al nuevo sujeto político que ha surgido en el país: los migrantes internos. Perón, desde su Secretaría, les dará cobertura política e histórica. Advierte algo que los otros políticos no. Esos migrantes son la materia disponible para lanzar una política nueva. Perón encuentra a su sujeto histórico. Y, desde ahí, construye poder. Se inicia una nueva etapa. Un proyecto de masas llamado peronismo. Algunos, hoy, dicen que está agotado. Sin embargo, ha muerto muchas veces y siempre encuentra el modo de retornar. Para bien o no, así ha sido. Habrá que analizar por qué.

En 1943, cuando llegan los migrantes a la ciudad de aires parisinos, nadie los comprende, todos los menosprecian. La oligarquía porque ve en ellos un nuevo sujeto que acaso pueda tomar la casa. Los llama grasitas, cabecitas negras. Los comunistas porque los considera obreros sin experiencia sindical anterior. Los radicales porque se preocupan por el modo aluvional y escasamente civilizado con que llegan a la orgullosa Buenos Aires. Perón, entre tanto y desde la Secretaría de Trabajo, los escucha y los respalda. Los migrantes lo van consagrando como el líder que necesitan. El vertiginoso, el incansable líder atraviesa su mejor momento. Una maniobra impecable de construcción de poder. Su nombre lo ayuda. Perón rima con todo o casi todo. Y tiene una sonoridad de tambor insolente, antipatronal. “Mañana es san Perón/ que trabaje el patrón”. Habrá de irle muy bien. Hasta que le vaya mal.

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