Volodimir Zelenski finalmente está contra las cuerdas y, por más que se empecine en negarlo, no es debido a un complot internacional ni mucho menos a una oscura operación secreta digitada desde Moscú.

Todo se debe a lo que existió desde un principio, y a lo que muy pocos se animaron a denunciar: la presencia estructural de prácticas corruptas en el seno del gobierno de Ucrania. Una cultura opaca, fuertemente arraigada, a la que el mandatario se había comprometido a eliminar como