La deuda externa argentina alcanza los 235.718 millones de dólares, una vez descontados los 42.355 millones de “autopréstamos” de empresas emparentadas. El 74% de esa deuda, unos 174.725 millones, corresponden a deuda estatal que afronta pagos equivalentes al 25%, unos 44.276 millones de dólares en los próximos dos años, comprometiendo la estabilidad macroeconómica.

A su vez, el stock de la inversión extranjera directa en nuestro país ronda los 132.758 millones de dólares y las inversiones de cartera de extranjeros, unos 19.445 millones. En total, los pasivos externos de nuestra economía alcanzaban los 412.776 millones de dólares para el primer trimestre de 2025 según información de PPI-INDEC, cifra levemente superior a nuestro PBI.

Semejante acumulación de pasivos externos da la idea de que nuestro país vive por encima de sus recursos, financiando sus gastos excesivos con el ahorro de los extranjeros. Sin embargo, a excepción de períodos de fuerte apreciación cambiaria y apertura importadora como el presente, la economía argentina suele tener saldos positivos en su cuenta de comercio con el resto del mundo.

Así, en los últimos 20 años, el saldo del comercio de bienes y servicios acumuló 101.445 millones de dólares a nuestro favor. Es decir, los argentinos hemos producido más de lo que utilizamos internamente, sosteniendo el exceso de gasto de nuestros socios comerciales equivalente a casi un cuarto de nuestro PBI en las últimas dos décadas.

Aún así, nuestros pasivos externos no han dejado de crecer, generando una economía hiperendeudada con su cúpula empresarial en gran medida extranjerizada. ¿Cómo se explica esa paradoja?

Bimonetarismo

La clave está en el bimonetarismo, es decir, en el uso de una moneda extranjera --el dólar--, para operaciones monetarias internas, fundamentalmente para atesorar. Los argentinos poseemos ahorros por unos 371.120 millones en billetes de dólar, depósitos en el exterior y títulos extranjeros.

Esa cifra supera en un 57% el total de nuestra deuda externa. Si le sumamos las reservas internacionales que acumula el Banco Central y las inversiones en el exterior de nuestros empresarios, los activos externos de los argentinos acumulaban 448.940 millones de dólares, es decir, 36.664 millones por encima de nuestros pasivos.

Somos acreedores netos respecto a las demás economías, hecho que coincide con la acumulación de superávits comerciales antes mencionada, aún descontando el diferencial de rendimiento que obtiene el capital extranjero en nuestro país respecto al bajo rinde de nuestros ahorros dolarizados.

El intelectual argentino Raúl Scalabrini Ortiz, al estudiar la formación del capital británico predominante en nuestra economía a comienzos del siglo pasado, señalaba que “los llamados capitales invertidos no son más que el producto de la riqueza y trabajo argentinos contabilizados a favor de Gran Bretaña”.

El manejo de los resortes fundamentales de nuestra economía --ferrocarriles, bancos y deuda pública--, eran la clave para apropiarse del excedente económico generado por la economía nacional. En la etapa de la globalización financiera no se requiere una estrategia tan compleja para apropiarse de los frutos de la economía nacional, basta con la hegemonía del dólar frente a la debilidad de nuestra moneda nacional.