Trump también se escuda en la pesada herencia
La culpa la tiene Obama

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, originó ayer una nueva polémica al anunciar que no viajará al Reino Unido a inaugurar la sede de la nueva embajada de su país en Londres, porque Barack Obama malvendió la antigua, aunque según la prensa británica quien tomó esa decisión fue George W. Bush.

“La razón por la que he cancelado mi viaje a Londres es que no soy un gran fan de que el gobierno de Obama vendiera quizá la embajada de mejor calidad y mejor localizada de Londres por céntimos, sólo para construir una nueva en una mala localización por 1200 millones de dólares. Un mal trato. Querían que cortara la cinta. ¡NO!”, sentenció Trump en Twitter.

El diario británico The Guardian, que cita fuentes gubernamentales, aseguró que Trump tomó la decisión por miedo a ser recibido con grandes protestas y, en su lugar, acudirá el secretario de Estado, Rex Tillerson.

Estados Unidos resolvió dejar su antigua embajada en Londres, ubicada en el exclusivo barrio de Mayfair, por razones de seguridad, luego de haber gastado durante años una gran cantidad de dinero para tratar de asegurar el edificio. Según un artículo publicado por el diario The New York Times en junio de 2015, en el que ya se hablaba del posible traslado de la embajada, sólo en 2007 se gastaron 15 millones de dólares en mejoras de seguridad en su antigua embajada.

Pero no sólo los medios especularon con esa tesis. El alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, dijo que Trump “captó el mensaje” sobre el rechazó que su visita generaba en el Reino Unido. “Muchos londinenses han dejado claro que Donald Trump no es bienvenido aquí mientras siga esa agenda tan divisiva”, dijo Khan, en referencia a las políticas del mandatario, cuya primera acción de gobierno fue cerrar las puertas a los inmigrantes de países de mayoría musulmana. “Su visita habría estado acompañada de masivas protestas pacíficas”, aseguró el alcalde de Londres, considerada una de las ciudades más diversas del planeta.

The Guardian coincidió ayer con Khan, quien profesa la fe musulmana, al afirmar que el mandatario estadounidense “dio marcha atrás en la idea de visitar Reino Unido en medio de los temores a protestas masivas”. Por su parte, el Daily Mail indicó que el presidente cambió de idea “en medio de los temores a no ser bienvenido”. 

La primera ministra británica, la conservadora Theresa May, invitó a Trump a una visita de Estado cuando se reunió con él en la Casa Blanca después de su llegada al poder el año pasado. En ese momento, grupos de activistas anticiparon que preparaban manifestaciones al tiempo que algunos legisladores afirmaron que no le permitirían hablar ante el Parlamento. Downing Street no había fijado una fecha concreta, pero había sugerido que podría haber una “visita de trabajo” coincidiendo con la inauguración de la embajada. En un principio, May fue considerada como la “mejor aliada” de Trump en Europa, pero la relación entre ambos líderes se fue deteriorando el año pasado debido a varios polémicos mensajes del mandatario en Twitter.

En noviembre pasado, Trump despertó especial indignación en el gobierno británico y en muchos sectores en Reino Unido al compartir en Twitter tres mensajes de una política británica del partido de extrema derecha Britain First, en los que difundió videos no verificados de presuntos musulmanes agrediendo a europeos.

May no hizo comentarios sobre la cancelación de la visita, aunque en un escueto y formal mensaje, Downing Street dijo ayer que la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido es “fuerte y profunda”. Un portavoz de la residencia oficial de la primera ministra británica dijo que la apertura de la sede diplomática es “un asunto que compete a Estados Unidos”. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores británico, Boris Johnson, defendió en Twitter al “mayor” inversor en el Reino Unido y criticó que el alcalde capitalino quiera “arriesgar esta crucial relación”.

A pesar de la suspensión del viaje, el gobierno mantiene la invitación de la visita de Estado que May cursó a Trump el 27 de enero pasado.

La nueva embajada de Estados Unidos, un moderno edificio ubicado en Nine Elms, en el sur de Londres, tiene un costo estimado en mil millones de dólares y cuenta con enormes medidas de seguridad.