Aumenta la deuda en pesos y en dólares a un ritmo infernal. La industria no detiene la expulsión de trabajadores calificados. La red de protección social se debilita licuando programas.
El inmenso agujero de las cuentas externas, histórico talón de Aquiles de la economía argentina, está siendo cubierto por un inédito endeudamiento en dólares.
El Gobierno a través de diversos voceros adelantó varias medidas para después de las elecciones del mes próximo.
El caso del biodiésel, una muestra más del proteccionismo estadounidense.
El Gobierno tiene una prolija estrategia de manipulación de las estadísticas, subestimando las negativas, sobreestimando las positivas y alterando metodologías de indicadores y de balances. Lo hace del mismo modo que Bullrich contabilizando más votos que CFK.
Quienes transitan la actividad bursátil desde hace muchos años tienen una máxima que dice que “las cotizaciones de las acciones y bonos se adelantan a los acontecimientos”.
La recuperación económica que festeja el Gobierno y sus voceros oficiosos es débil, heterogénea, sin alcanzar a la mayoría y con un recorrido breve si se ejecuta la promesa de más ajuste en 2018.
Un poderoso lote de entidades públicas y privadas, nacionales y extranjeras, maneja el negocio legal del dólar. La total desregulación cambiaria precipitó un frenesí especulativo y un mayor deterioro de las cuentas externas.
Durante el gobierno de Cambiemos los únicos dólares del exterior que ingresaron al país fueron para comprar Lebac, acciones y bonos. El saldo neto de la inversión extranjera directa para producción fue negativo en 88 millones de dólares.
Una conducción del Banco Central dominada por la ortodoxia académica y el negocio financiero, con una gestión sin éxitos visibles, que sube y baja la tasa de interés reflejando su desorientación, q