Omitir para ir al contenido principal

Diego Brodersen

Crítico de cine, docente y programador de la sala Leopoldo Lugones. 

Campo adentro

Su ópera prima, Mundo grúa, fue uno de los más altos exponentes del Nuevo Cine Argentino que se consolidaba en los tramos finales de la década del ‘90. Desde entonces dirigió varios films en los que supo abordar distintos universos sociales con una mirada de incomparable sensibilidad. Ahora Pablo Trapero está a punto de estrenar su noveno film, La quietud, que se exhibirá en los cines argentinos a partir del 30 de agosto y partirá raudamente a los festivales de Venecia y Toronto. De las marginalias notablemente representadas en El bonaerense y Carancho, La quietud salta al ámbito de una estancia de campo que lleva ese nombre, y también presenta un deslizamiento del naturalismo al melodrama. Con las actuaciones de Martina Gusman –pareja y socia creativa del director–, la franco-argentina Bérénice Bejo y Graciela Borges como una matriarca que esconde su fragilidad detrás de una máscara altiva, La quietud ofrece en sus pliegues todo lo contrario: un retrato de la inquietud de una clase, un mundo claustrofóbico, un país.

Por Diego Brodersen
La canción rioplatense en todas sus variantes.

Un río musical con múltiples orillas

La película, que reúne unos cuantos nombres famosos, surfea por la creatividad musical de estos pagos y sus versiones de algunos clásicos ofrecen más de una agradable y emotiva sorpresa.

Por Diego Brodersen
Las tensiones raciales que forman parte central de la historia se ponen de manifiesto de manera directa, sin dilaciones.

Sobre el mito de origen de una tierra baldía

Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia, Sweet Country recupera algunos de los temas, tópicos y constantes visuales del western y los traslada a tierras australianas, a finales de los años 20, en un paraje que bien podría estar detenido en el tiempo.

Por Diego Brodersen
El film se verá hoy en los complejos de la cadena Hoyts.

Instinto de supervivencia

Suerte de precuela de la exitosa Invasión zombie, la película coreana, esta vez de animación, abona la cosmogonía undead que aúna crítica social, movimiento constante y suspenso.

Por Diego Brodersen
Sally Potter con Emily Mortimer durante el rodaje de The Party.

Sin salida

Un año y medio después de su estreno en Berlín llega a los cines locales The Party, la nueva película de Sally Potter, la directora de Orlando y La lección de tango. Siete personajes encerrados, filmados en blanco y negro, en una comedia agria cuyo centro es una fiesta íntima de gente rica: se celebra el ascenso a ministra de Salud de Gran Bretaña de Janet, interpretada por Kristin Scott-Thomas. En esta entrevista exclusiva, Potter explica por qué, siguiendo la tradición de Buñuel, su película de apenas 70 minutos no es teatro filmado, por qué quiso hacer una comedia sobre la decepción con respecto a la política sin misantropía y recuerda su paso por Buenos Aires, reflejado en la inclusión de un tema de Osvaldo Pugliese durante los títulos de cierre.

Por Diego Brodersen
Sentaro (Masatoshi Nagase, visto en el Paterson, de Jim Jarmusch) junto a una adolescente problemática.

La pasta dulce de poroto como metáfora

Gracias a una estructura narrativa relativamente tradicional, la directora de Shara consigue su film más accesible para el gran público, a lo cual debe sumarse ese gran artilugio del cine-arte mainstream de probada eficacia: la comida como alegoría de la vida.

Por Diego Brodersen
En manos de Lelio, Rachel Weisz y Rachel McAdams confirman ser dos excelentes actrices.

Una película sobre los cuerpos

En un marco familiar marcado por el judaísmo ortodoxo, el reencuentro entre dos mujeres jóvenes, que habían sido algo más que amigas en su adolescencia, no sólo reaviva viejos conflictos sino que desata una disyuntiva entre la libertad individual y los mandatos patriarcales.

Por Diego Brodersen

Una luz en la oscuridad

Era pintor y un día visualizó una imagen en movimiento en medio del follaje que estaba pintando. Esa experiencia casi alucinógena lo llevó a alquilar una cámara manual, hacer unos cortos amateurs y estudiar cine en Los Angeles a partir de los ‘70. Unos años después David Lynch debutaba con un film tan extraño y experimental como Eraserhead. En 1980 llegó la gran oportunidad comercial con El hombre elefante, luego sería el turno de Duna y en 1986 se consagraría como director con sello de autor en Terciopelo azul, y con la explosión de Twin Peaks, que repitió y multiplicó en Twin Peaks: El regreso. Ahora acaba de lanzarse en Estados Unidos Room to Dream, la biografía escrita a dúo con la periodista Kristine McKenna en la que cuenta su vida en dos velocidades: la de los datos rigurosamente chequeados por el trabajo biográfico y la del propio Lynch narrada en primera persona. En conjunto, un abordaje integral, riguroso y ameno a la obra de uno de los artistas más originales de las últimas décadas. Y retrato fiel de una personalidad luminosa permanentemente atraída por la oscuridad.

Por Diego Brodersen

Cómo leer a Foucault en la cárcel

Una mano se asoma a través de los barrotes, un cigarrillo humeante entre los dedos; una ametralladora descansa, apoyada contra la pared, en uno de los miradores; en una canchita descuidada un grupo

Por Diego Brodersen

Dos o tres pequeños secretos

El realizador de Soldado asistió al complejo rodaje de Zama, pero evitó todos los tópicos del “making-of” para privilegiar el retrato.

Por Diego Brodersen