El mundial de fútbol de 1978 despertó en mi padre, el Capitán Soriani, un interés y una pasión solamente comparable a la que sentía por su amado River.
“Andá pa’allá, andá pa’allá”, me dice Osvaldo indicándome la mesa donde quiere que me siente.
–Le aviso de entrada, jefe. De entrada nomás se lo digo, no me pida su cortado con espuma porque la espuma no va más. Osvaldo, el mozo de mi bar favorito, me recibe con ese discurso.
Los juegos en el barrio. El mundial 74 y el álbum imposible de llenar. Mukombo, el jugador inconseguible de Zaire
Necesito valor para seguir leyendo las cartas que mi padre, el Capitán Soriani, me mandaba a la cárcel durante los años de plomo.
Ahora, cuando se cumplen 44 años del campeonato mundial que ganó Argentina, encuentro algunas de las cartas que mi padre, el Capitán Soriani, me mandaba a la cárcel de Magdalena donde yo llevaba má
El Capitán Soriani, mi padre, amaba el boxeo.
Estoy sentado frente a la ventana de mi bar favorito. Charlo con Osvaldo, el mozo, al que busco cuando necesito distenderme y charlar tranquilo sobre el fútbol o la vida.
"A Norberto lo detuvieron el 23 de abril del ‘76 en un control policial.