Javier Milei debería dejar de usar la etiqueta de libertario.
Hay una capa de próceres menores que flotan en calles y plazas, entre los grandes como San Martín y Belgrano, y nos, el pueblo.
Hay viajes que, modestamente, sólo en Argentina. Tenemos una capital que es la única ciudad del mundo que inventó su propio género musical.
En Nueva York andan locos arrancando caños viejos y raspando pinturas seculares.
Hay cosas que cuestan, por estas pampas. Una, se sabe, es terminar una autopista, evento que nos toma más años que un programa espacial.
En una ceremonia política y a la vez religiosa, el gobernador Kicillof devolvió la siniestra colección Gnecco del Museo Udaondo a las comunidades huarpe de San Juan.
Caminando por el Centro, un joven norteamericano y alerta hizo un comentario agudo y a la vez despistado.
La colección de Agustín Gnecco fue donada al Museo Udaondo en 1944 e incluye cráneos y momias huarpe. El gobierno bonarense las devuelve a sus descendientes.
Fama rara la de Moris, que entre nosotros es más pionero que contemporáneo, como olvidado pero vigente.
Todos recordamos la historia medio que sin detalles, como si fueran objetos en fila. Uno vino antes, el otro después, y al final viene aquel otro.