CONTRATAPA

Recuerdos de Don Chicho en Chile

 Por Mempo Giardinelli

A principios de septiembre de 1970, el hoy mundialmente reconocido fotógrafo Carlos Bosch y yo éramos pibes, principiantes en el periodismo. Trabajábamos en una revista que se llamaba Semana Gráfica, que era una de las tres publicaciones de actualidad de la Editorial Abril, por entonces una de las dos empresas periodísticas más importantes de la Argentina (la otra era Atlántida).

Quizá porque éramos los más jóvenes de aquella redacción, nos tocaba cubrir notas juntos, y también viajar, a diferentes puntos del país y el continente. Y a veces nuestras notas se publicaban también en otras revistas de la casa, 7 Días Ilustrados y Panorama, entre ellas. La Editorial Abril, entonces, era una extraordinaria cantera de fotógrafos, periodistas y escritores. Entre éstos, Juan Gelman, Olga Orozco, Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano y tantos y tantas más.

La semana del 4 de septiembre de 1970, cuando Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales en Chile, nos tocó volar a Santiago y lo entrevistamos por primera vez. Por ahí ha de andar el texto que escribí para la revista, pero ahora me importa más evocar aquello como lo recuerdo.

Nos veo en una casa solariega de Providencia junto a Don Chicho, como todos llamaban confianzudamente a aquel médico cirujano socialista, quien hablaba con rigor y vehemencia, movía las manos acompañando sus explicaciones y miraba trabajar a Carlos con mirada tierna y paciente, mientras nos explicaba sus planes de gobierno. Era notable su serenidad, pero también su preocupación por la existencia en la Argentina de una dictadura que sabía hostil. Pero lo mejor era su optimismo, que nos pareció fenomenal.

Es curioso que lo que me impresiona ahora, más de cuarenta años después, es la vigencia empecinada de algunos detalles: un garaje y jardín colmado de buganvillas; los sucesivos cafés en tazas de té que servía su diligente esposa, Doña Hortensia Bussi; y hasta las andanzas de dos de sus sobrinas, a las que reencontré décadas después en Italia.

No diré que nos hicimos amigos, pero seguramente la audacia juvenil con que lo asediamos hizo que Don Chicho –llegamos a llamarlo así– nos reconociera con una sonrisa bonachona cuando varias semanas después volvimos a entrevistarlo para el pool de revistas de la Editorial Abril. Fue a comienzos de noviembre de ese 1970, cuando la asunción presidencial. Y fue para nosotros una aventura desopilante.

Así lo contó Carlos hace poco a la revista Le Monde Diplomatique: “Fue un caos porque el director de Semana Gráfica se negó a mandarnos a la asunción, en noviembre, porque el tipo no era de izquierdas. Entonces nos miramos con Mempo y dijimos: ‘¡Nos vamos a Ezeiza!’. Había un avión oficial que venía de París con los cubanos, donde venían Cortázar, Nicolás Guillén..., pero estaba lleno y no nos dejaron subir”.

Ahora no sé cómo, pero ahí mismo conseguimos, a pura insistencia, pasajes para el siguiente vuelo. Carlos, con sus tres Nikon y cargado de negativos; y yo con un grabador a pilas y mi vieja Lettera 22 portátil, llegamos a Santiago y escuchamos el traspaso de mando en un taxi que nos llevó hasta La Moneda. Corrimos hasta el Patio de los Naranjos, donde enseguida apareció Salvador Allende por una escalera. Carlos, que era liviano y agilísimo, se metió entre cientos de reporteros y emergió en posición perfecta para tomar las mejores fotografías de Don Chicho presidente. Hay una, memorable, en la que Allende camina hacia Carlos, reconociéndolo. Tengo entendido que los negativos de esas fotos fueron destruidos por la dictadura, pero existen en la tira de contactos.

En 1971 regresamos a Chile para cubrir la visita de Fidel Castro a Santiago. Don Chicho ya era presidente, y en aquel momento y lugar todo trabajo periodístico era caótico. Miles de colegas de todo el mundo atestaban calles y embajadas, plazas y conferencias de prensa, y hoy me parece que éramos demasiados los que creíamos ser testigos de un hito irreversible de la Historia.

Después lo volvimos a ver en Buenos Aires en 1973, el día en que asumió la presidencia argentina otro hombre que venía del campo de la salud, el odontólogo Héctor J. Cámpora, natural de San Andrés de Giles y a cuya asunción en la Casa Rosada asistió Allende junto con su colega cubano Osvaldo Dorticós. Entonces, Carlos volvió a fotografiarlo en la explanada de la Casa Rosada, y yo vi la escena desde más lejos. Carlos me contó que Don Chicho le sonrió, reconociéndolo, y a mí se me hizo, de ahí para siempre, que acaso esa sonrisa era para los dos.

Tiempo después, en ese septiembre negro del que ahora se cumplen 40 años, Don Chicho moría bajo una lluvia de balas en el Palacio de La Moneda.

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