CONTRATAPA

Adiós a las trampas

Por Elena Poniatowska *

Mejor que nadie los niños reconocen las trampas. ¿Cuáles son las trampas? ¿Qué es una trampa? Durante la Revolución, los zapatistas cavaban unas zanjas en la tierra de Morelos y las cubrían de ramas y vegetación para que en ellas cayeran los soldados del ejército enemigo. El cazador le pone trampas a sus presas. El pescador atrae a los peces con una carnada engañosa, ensartada en un gancho, que ha de perforarlos antes de sacarlos a la superficie. Las amas de casa ponen ratoneras con un quesito, que precede a la guillotina que descabeza a los ratones. La trampa tiene que ver con el engaño y está ligada a la mentira. La trampa, cuando la hacemos, nos hace caer hasta el fondo del pozo y avergonzarnos. Si dejamos de sentir vergüenza es que nos hemos vuelto cínicos. Un tramposo suscita la desconfianza. “¿Cómo le crees si siempre miente?” Los adultos nos acostumbramos más fácilmente a las trampas que los niños. Un niño de tres años es transparente. En el juego de “¿Dónde quedó la bolita?”, el niño abre la palma de su mano, con o sin bolita, porque no tiene nada que ocultar. Sólo más tarde desarrolla la capacidad de engañar y la cierra. En ese mismo instante aprende a vivir en nuestra deficiente sociedad, donde mentir es moneda de todos los días.
Lo dice muy bien la niña Galia Schipper Cohen, de siete años, quien firma con el seudónimo Chiprica y cursa el segundo de primaria en el Colegio Hebreo Tarbut, en Huixquilucan, estado de México. El cuento de Galia resultó ganador entre los 3 mil cuentos enviados de todos los estados de la República al concurso Adiós a las Trampas. Chiprica decidió borrar del mundo todas las palabras con la sílaba “tra”, como “trampa”, “transa”, “traición”; pero como también se perderían palabras buenas, como “trabalenguas” y “tradiciones”, optó por regresarlas.
Al igual que ella, el niño Ian Luis Herrera Simpson, de 12 años, de Irapuato, Guanajuato, con el seudónimo de Silvestre, cuenta en “La mafia escolar” cómo sus cuates y él deciden robarse los exámenes, y al ser descubiertos son expulsados de su escuela.
Iván Mendoza Ríos, de 14 años, proveniente del estado de México, con el seudónimo Top Cat, nos regala un violín negro que tocaba solo, sin la intervención de Matilde, hasta que decide devolverlo porque el que tocaba era el violín y no ella.
Jorge Gómez García Travesí, de 12 años, escribe con el seudónimo Valoroso, y vive en Acapulco. Su historia nos muestra al almacenero Don Lalo, quien estafaba a los niños pesándoles kilos de 750 gramos, hasta que Jorge pidió un deseo: cambiar a Don Lalo. A partir de ese momento Don Lalo empezó a dar de más. Jorge alecciona a sus compañeros: “Cuando sean grandes traten bien a los niños. Hablen con ellos, explíquenles las cosas sin regañarlos, respétenlos y los respetarán”.
Los ciudadanos rompemos las reglas, damos coimas, contribuimos a la corrupción, no sabemos decirles adiós a las trampas. Pasarse las señales de stop es hacer trampa, aun cuando no hay coche a la vista; dar mordida es corromper; mentir es crear inseguridad, desconfianza y, al final de cuentas, temor. Una ciudad en la que se tiene miedo, como sucede en nuestra capital, es una ciudad contra la que todos quieren protegerse. De allí las innumerables rejas y calles cerradas, de allí la estafa, el robo y el engaño. ¡Cuántas veces no hemos oído decir que el D.F. es una trampa mortal!
Los tiempos de Pinocho, a quien le crecía la nariz cada vez que mentía, son ahora los tiempos de la mancha negra que se extiende encima de nuestra cabeza y la ensucia aunque nadie la vea. Así le ha pasado a la ciudad de México. La hemos apaleado tanto, más bien, nuestros dirigentes mentirosos y tramposos la han servido tan mal, la han maltratado tanto, que la hemos tiznado con smog, y el aire que alguna vez fue transparente ahora es irrespirable. ¿Podremos limpiarla algún día? A mediados de enero de este año soplaron vientos con una velocidad de 50 kilómetros por hora que sellevaron todos nuestros desperdicios y pudimos disfrutar de un cielo maravilloso. Así también los trabajos de los niños en Adiós a las Trampas. Con su escritura, se llevan toda la corrupción que nos ahoga, toda la porquería, y nos dejan resplandecientes como la nieve blanca en la altura de los volcanes, el volcán Popocatépetl y su volcana la Iztaccíhuatl.

* Escritora. Fragmentos de su discurso pronunciado en la entrega de premios de Adiós a las trampas, en el Museo del Papalote. De La Jornada, de México. Especial para Página/12.

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