CULTURA › ENTREVISTA CON SERGIO WAISMAN

“La traducción es un acto de resistencia periférica”

En su libro Borges y la traducción analiza irreverencias borgeanas contra el canon y su concepto de la reescritura.

 Por Silvina Friera

La literatura argentina preserva una larga tradición de citas falsas, erudición apócrifa y referencias equívocas. En muchas ficciones traducir y escribir son las dos caras de la misma moneda de la creación. Jorge Luis Borges da un paso más allá al objetar el concepto de “texto definitivo” y la noción de que las traducciones son necesariamente inferiores a los originales. El traductor y profesor Sergio Waisman analiza las irreverencias borgeanas contra las metrópolis y sus cánones en Borges y la traducción (Adriana Hidalgo), que se presenta hoy a las 18.30 en el Centro Cultural de España (Florida 943) con la participación de Ricardo Piglia y Patricia Willson. En este libro, subtitulado “La irreverencia de la periferia”, Waisman examina las contribuciones de Borges al pensamiento teórico sobre la traducción en tres de sus ensayos principales: “Las dos maneras de traducir”, “Las versiones homéricas” y “Los traductores de Las mil y una noches”. Pero además, demuestra cómo estas teorías coinciden con el desarrollo de sus técnicas narrativas en Historia universal de la infamia, Ficciones y El Aleph. “La traducción se suele pensar como una actividad literaria secundaria, la de un escriba, pero para Borges no existe diferencias entre la producción de textos originales y traducciones”, dice Waisman en la entrevista con Página/12.
“La traducción siempre es equívoca, mala o desviada, nunca logra ser fiel como se dice que debería ser. Pero en vez de condenar esta idea sobre la traducción, Borges la defiende porque encuentra que a menudo los méritos de una traducción residen más en sus infidelidades creadoras que en sus fidelidades –explica Waisman–. En la obra de Piglia, que pone al día las técnicas de Borges y de Arlt, la traducción es un acto de resistencia periférica.” El autor de Borges y la traducción vive desde los 9 años en Estados Unidos y actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la George Washington University y ha traducido al inglés a los argentinos Ricardo Piglia (Nombre falso y La ciudad ausente) y Juana Manuela Gorriti y al boliviano Nataniel Aguirre.
–¿Por qué Borges celebra las infidelidades creadoras de una traducción como la de Galland en Las mil y unas noches?
–Borges sostiene que una traducción puede ser originaria, puede fundar. Cuando va descubriendo las inconsistencias, las falsedades, las contradicciones en algunos casos las celebra porque valora el resultado, le parece feliz y eficaz. El leyó media docenas de traducciones de Las mil y una noches y encuentra que el primer traductor fundador, Galland, tiene varios cuentos que nunca se encontraron en ningún original. Galland volvió de Medio Oriente con un joven ayudante que supuestamente fue el que le contó los cuentos que incorporó como parte del original. Los traductores siguientes, que traducen del original, no encuentran esos cuentos, y sin embargo todos los incluyen porque de alguna manera la traducción de Galland funda lo que es Las mil y una noches para el Occidente.
–¿En qué sentido Borges equipara el acto de escribir con el de traducir?
–Para Borges la traducción siempre forma parte del trabajo de un escritor, son dos actividades que se nutren. Practicar la traducción como si fuera una forma de escritura originaria o incorporar la traducción en la creación de textos es una postura, una manera de crear literatura importante, especialmente para entender cómo los escritores y traductores de la periferia se relacionan con las tradiciones argentinas y del centro occidental europeo y norteamericano.
–¿Por este modo de relacionarse con las tradiciones toma como ejemplo una traducción que hace Borges de un poema de e.e. cummings?
–Sí, traduce Buffalo Bill, que trata sobre un personaje legendario del oeste de Estados Unidos. Desde el punto de vista de las formas y la sintaxis es una traducción muy literal que recrea los experimentos formales del original. Pero pone la palabra “padrillo” y a la vez que reproduce el experimento poético vanguardista de cummings lo desplaza a la pampa argentina. Mientras la palabra “padrillo” desplaza el texto hacia el Río de la Plata, la literalidad de la traducción nos llevaba hacia la leyenda norteamericana.
–¿Cómo explica la irreverencia de la periferia?
–Se podría decir, quizá no muy en serio, que lo más importante que nos deja Borges es la idea de que las escrituras periféricas tienen el gran valor de poder ser reescrituras, borradores y versiones que no tienen que ser fieles al original. La literatura para Borges siempre es traducible. El escritor argentino está en relación con el centro de una manera análoga a la del judío respecto de Occidente o los irlandeses respecto de Gran Bretaña: están al margen del centro, pero también son parte de él. Y esa libertad que tienen de entrar y salir del canon les permite a los escritores argentinos y latinoamericanos actuar con irreverencia ante las tradiciones del centro y las propias. Borges realiza esa irreverencia a través de la escritura como traducción y mucho de lo que se ha analizado del sistema de intertextualidades en sus textos se puede también repensar como un modo de la traducción.

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Waisman presenta su trabajo hoy en el C.C. de España, con la participación de Ricardo Piglia y Patricia Willson.
 
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