DEPORTES

La increíble historia del entrenador corrupto que ganó la Copa Davis

Shamil Tarpischev, el capitán del equipo ruso, fue aplaudido por Boris Yeltsin, el mismo que lo destituyó por corrupción.

 Por Pablo Vignone

La historia del ruso Shamil Anviarovich Tarpischev, capitán del equipo ruso de Copa Davis que acaba de ganar por primera vez para su país la famosa ensaladera de plata, ejemplifica como pocas cómo el éxito deportivo limpia de manchas la reputación más arruinada. Tarpischev, que además de su cargo dirige el equipo ruso de la Copa Federación –la Davis femenina-, ejerce la presidencia de la Federación Rusa de tenis y, como si no bastara, es miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), fue sacudido por denuncias de corrupción que le hicieron perder, en 1996, el cargo de ministro de Deporte de su país, con que lo había investido el presidente de su país, Boris Yeltsin. Cuando el escándalo no pudo ocultarse más, en octubre de aquel año, Yeltsin destituyó a Tarpischev, su antiguo coach de tenis. El domingo, el ex presidente ruso fue el hincha más destacado en el Omnisport de Paris-Bercy, celebrando la victoria.
Tarpischev es capitán del equipo ruso desde 1997, un año después de haber sido destituido, y titular de la Federación desde noviembre de 1999. Desde esa investidura dirige la organización de la Copa Kremlin, el torneo ATP de Moscú. También integra el COI desde 1994, y su dudoso perfil político no le impidió mantenerse en el organismo hasta la actualidad. “Lo único que me faltaba para conseguir total satisfacción era ganar la Davis”, dijo tras la victoria 3-2 sobre Francia. ¿Qué especie de logros había alcanzado ya en su vida para cifrar en un resultado deportivo la cumbre de su desarrollo personal?
La historia del ascenso político y social de Tarpischev es una parábola de cómo funcionaron las cosas en Rusia tras la caída de la URSS. Cuando alcanzó la presidencia, Yeltsin colocó a su coach al frente de la Fundación para el Deporte Nacional (NSF), un grupo de federaciones deportivas que tenía garantizado un derecho excepcional: era una de las dos instituciones en Rusia que podían importar alcohol y tabaco sin pagar impuestos y venderlas para financiarse; la otra era la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Era una mina de oro: mucho dinero para financiar el deporte, al estilo de la vieja URSS, pero una puerta abierta al ilícito enriquecimiento personal. De la NSF, Tarpischev saltó al Ministerio de Deporte. El escándalo estalló cuando Boris Fedorov, un antiguo titular de la NSF, presentó a Yeltsin un informe que vinculaba a Tarpischev con el crimen organizado ruso y lo acusaba de desfalco.
Fedorov denunció, además, que el coronel Aleksandr Korzhakov, el jefe de guardaespaldas de Yeltsin, se había quedado con 300 millones de dólares de la NSF. Korzhakov era amigo personal de Tarpischev. El 5 de octubre de 1996, Yeltsin destituyó a su antiguo coach; pocos días después, Fedorov sufrió un atentado en Moscú que casi le cuesta la vida.
La oportunidad de hacer dinero fácil que representaba la NSF era tan fabulosa que, a la hora de repartirse mercados y beneficios, varios dirigentes deportivos sufrieron las consecuencias: el ex campeón mundial de boxeo y dirigente Oleg Karatayev fue asesinado en Nueva York, al ex luchador Otari Kvantrishvili le dispararon saliendo de un sauna público en 1994, el presidente de la Federación Rusa de Hockey sobre Hielo, Valentin Sytch, fue asesinado en su auto en abril de 1997...
Su condición de funcionario no le impedía, al parecer, ejercer como lobbista. Tarpischev representó durante esos años a la compañía TransCIS, con sede en Irlanda. Según denunció en 1997 el popular programa televisivo ruso “Itogi”, TransCIS compró “agresivamente” dos enormes plantas de fabricación de aluminio en Siberia Central; a partir de entonces, los cuerpos de varios hombres de negocios vinculados con el rubro aparecieron sucesivamente sin vida. Curiosamente, en octubre pasado, en la fiesta de la última Kremlin Cup, Tarpischev apareció acompañado por Oleg Deripaska, el director de la compañía Aluminio Ruso...
Como amo y señor de la Federación Rusa de tenis, Tarpischev montó en cólera cuando Anna Kournikova, más conocida por su sensualidad que por su talento tenístico, se negó a representar a su país en los Juegos de Sydney 2000. Su viejo amigo, Yevgeny Kafelnikov –el mismo que se negó a jugar el último single, el domingo, y obligó a Tarpischev a mandar al court al juvenil Mikhail Youzhny–, le hizo olvidar el mal momento ganando la medalla dorada. Se vengó al no volver a convocarla para la Fed Cup.
Kafelnikov dejó Francia rumbo a Zurich, Suiza, donde ayer se operó de várices. Tarpischev regresó a Moscú junto a Yeltsin, dejando al equipo francés masticando bronca. Los únicos franceses que sonrieron fueron los empleados de aduana que decomisaron la valija de 25 kilos, cargada de medicamentos, que el médico del equipo ruso, Valeri Oschapkin, entró al país sin que el Comité Olímpico ruso lo notificara...

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Shamil Tarpischev posa junto a la ansiada Copa Davis.
“Para la satisfacción total me faltaba la Copa.”
 
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