DEPORTES › ARGENTINA-BRASIL, A LAS 21.45 EN EL MONUMENTAL

Clásico con mucho en juego

La 15ª fecha de las Eliminatorias se cierra esta noche con el enfrentamiento de las potencias del fútbol sudamericano, en el que argentinos y brasileños dirimen cuestiones de importancia, tanto de competencia como internas, de cara al Mundial del próximo año.

 Por Pablo Vignone

¿Qué partido vamos a ver esta noche cuando la Argentina y Brasil vuelvan a protagonizar uno de los encuentros que más expectativas despierta en el fútbol mundial? ¿Será ese partido decisivo que espera José Pekerman? ¿O el amistoso de lujo que, precavidamente, preconizó Carlos Alberto Parreira? ¿Será un absoluto choque de estilos, teniendo en cuenta lo que se vio en las presentaciones previas de ambos conjuntos, en Quito y en Porto Alegre? ¿O, por el contrario, será un muestrario exquisito de fútbol bien jugado, una competencia excitante de lujos y toques, un acontecimiento de esos que quedan grabados a fuego en la memoria colectiva?
No será, sin duda, un partido más. Porque aunque ambas selecciones estén prácticamente clasificadas para el Mundial de Alemania (el equipo argentino lidera la tabla con 28 puntos, uno más que Brasil, que está segundo), los dos equipos se juegan cosas importantes. Parreira saca de la galera el calificativo de “amistoso de lujo” para achicar el pánico, seguro. Para que una eventual derrota duela menos. Para escamotearle el signo extraordinario que un Argentina-Brasil por los puntos (aunque la importancia de los porotos esté algo atenuada en esta ocasión) siempre posee.
¿Qué se juega Argentina? Mucho. La revancha de la derrota en Belo Horizonte en aquella mágica noche de Ronaldo; la revancha de la caída en la final de la Copa América, cuando aquella última versión Bielsa de la Selección Argentina había conseguido mayoría a la hora de enamorar gente; el clásico, por último, un clásico cuya historia generalmente le sonrió hasta mediados de los ’60, pero que la generación que se esforzó por conseguir una popular haciendo cola bajo la lluvia, y soportando los palos de la policía, no conoció y anhela saborear.
Se juega, además, una credibilidad. Después del espantoso paso en falso dado en Ecuador, con exceso de tacticismo y bajísimas actuaciones individuales, hay una sensacional ansiedad por ver qué es la Selección Argentina versión Pekerman. Por saber si lo quiere jugar al partido o prefiere pensarlo, si la táctica volverá a ocupar esta noche un lugar preponderante, en desmedro de la calidad de los jugadores. El mensaje del delantero único disgustó; esta noche, Saviola o Delgado acompañarán a Crespo; tampoco estará Cambiasso para hacerle el auxilio al compás de Riquelme; son varias las incógnitas por develar.
El éxito del experimento anterior (Bolivia de visitante, Colombia de local) parece ya una nota histórica. Hay que dar de vuelta examen. Y no se trata sólo de ganar, que es obvio, sino, como lo reconocen la mayoría de los jugadores, de estar a la altura del prestigio del equipo nacional. Esta mayoría que vivió el último ciclo de Bielsa es consciente de lo que se había logrado en esa etapa, futbolística y emocionalmente. Quieren retomar esa senda. No hay ocasión más apropiada que hacerlo frente a un examinador exigente.
¿Qué se juega, a su turno, Brasil? Lo reconoció el fabuloso Tostao en una nota radial que le hizo ayer el colega Ezequiel Fernández Moores. El fútbol brasileño tiene, en esta etapa, una sensacional camada de cracks, nombres que, de a uno y en fila, impresionan. Ronaldinho, Robinho, Kaká, Adriano... Pero Brasil no ha conformado, todavía, un equipo que asuste. No ha hecho grandes partidos. Recién en los últimos encuentros, como contra Paraguay el domingo, Parreira cambió el esquema, lo hizo más ofensivo, lo dotó de otra audacia. Roberto Carlos aseguró que este equipo de Brasil está en condiciones de llegar con siete hombres a posiciones de gol. Pero, esta vez, enfrente no está Paraguay, ni mucho menos. Está la Argentina. Una derrota, aunque sea en Buenos Aires, puede atentar contra la mística de un equipo que planea agotar su formación en la final del Mundial.
Demasiado en juego hay como para que el de esta noche sea sólo un amistoso de lujo. Pero, pese a todo lo que hay en juego, puede ser un partido de lujo. Como siempre, la última palabra la tienen los jugadores.

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