DIALOGOS › FACUNDO CARMAN, COLECCIONISTA DE PUBLICACIONES POLíTICAS ARGENTINAS DE LOS AñOS 55 AL 76

“Muchas revistas de la resistencia peronista eran dirigidas por mujeres”

El politólogo Facundo Carman es el coleccionista más importante de revistas políticas argentinas, sobre todo del período de la resistencia peronista, cuando estas publicaciones estaban ilegalizadas.

 Por Patricio Porta

Frente a la Bombonera, en el “patrio grande” de su casa que es el barrio de La Boca, vive Facundo Carman, politólogo, investigador y bibliófilo. Puertas adentro se extiende una colección inabarcable de libros, revistas, diarios y afiches que forman parte de su trabajo cotidiano. Mientras relata los caminos que lo llevaron a conseguir tal o cual publicación, en una visita guiada por su biblioteca, Carman se va perdiendo en un mar de papel. Sólo él sabe la historia que guarda cada uno de los ejemplares que tiene en sus manos.

En El poder de la palabra escrita. Revistas y periódicos argentinos (1955-1976), libro de reciente publicación, despliega una investigación hemerográfica sobre la prensa no comercial producida entre el derrocamiento de Juan Domingo Perón y el golpe cívico-militar-eclesiástico que puso fin al gobierno de Isabel Perón. Como bien demuestra en sus 700 páginas, este período coincide con la etapa más prolífica en cuanto a la variedad y cantidad de publicaciones.

Antes de su presentación el próximo 21 de noviembre en La Boca, Carman dialoga con Página/12 sobre la influencia de la prensa gráfica, el rol de los diarios y revistas durante la resistencia peronista y la conformación de su archivo personal.

–¿Cómo te convertiste en bibliófilo?

–En la casa de mis padres había bibliotecas enormes de libros y de colecciones de revistas. Mi papá trabajó de periodista toda su vida y tenía las colecciones donde había estado. Viví en una casa llena de libros. Uno empieza a ser coleccionista de chico, sin darse cuenta. Pero también tiene que ver con mi militancia en la Juventud Peronista. Cuando arrancaba la democracia estaba la discusión constante sobre qué había pasado en los 60 y en los 70. Eso me llevaba a Parque Rivadavia y a esos lugares a conseguir las revistas de los 70 para ver de qué hablaban. Ahí comienza mi coleccionismo. En algún momento al coleccionismo le tenés que dar un camino, porque si no es llenar piezas y piezas de revistas. Es en ese momento cuando elijo un período.

–¿Ese período tiene que ver entonces con una curiosidad propia, que viene de tu trayectoria militante?

–Tengo muchas colecciones, pero en un momento empiezo a analizar las publicaciones periódicas del siglo XX, y después de una larga investigación llego a la conclusión de que la gráfica fue mucho más importante que la radio y la televisión desde el golpe de 1955 hasta marzo de 1976. Cuando delimito la época, hace más de 20 años, me empiezo a especializar en publicaciones del 55 al 76. Hasta el día de hoy, entre el 80 y el 90 por ciento de esas colecciones son de ese período.

–¿Cómo fuiste armando tu biblioteca?

–Por un lado, iba a remates. Compré la colección de Federico Vogelius, el fundador de la revista Crisis. Después está la búsqueda permanente en parques y entre personas que recogían de la basura. A la vez, lo que me propuse fue armar una buena colección de libros de todo lo que hubiera salido desde el 55 a la fecha de historia argentina. Eso fue fundamental porque siempre había referencias a revistas, que me sirvió para la ubicación histórica. Y todo lo que salió en Argentina que hablara de diarios y revistas. Más tarde le tuve que buscar la vuelta a qué decir de cada revista. Es muy difícil analizar una revista y tratar de resumir o establecer cuáles son más importantes que otras. Hay veces que uno se enamora de publicaciones que no son tan importantes.

–¿Cuál es la revista más rara que tenés?

–Hay muchas. Algunos periódicos de la resistencia peronista, que por lo general se conocen uno o dos y después uno se da cuenta de que fue un fenómeno masivo. Por ejemplo, te encontrás con Soberanía, que lo dirigía Nora Lagos, que era la nieta del fundador del diario más tradicional de Rosario, La Capital. Está muy bien hecho y es totalmente anti Revolución Libertadora. Y este diario se vendía muchísimo en Rosario. Ella sufrió allanamientos y cárcel. Pero cuando uno ve los titulares se sorprende de cómo salía a la calle. Además el tema de los periódicos de la resistencia peronista es un fenómeno masivo y muy poco estudiado. Otra cosa que me fui encontrando, que si bien se habla en los libros pero no está en las bibliotecas y que nunca nadie vio, eran las publicaciones que hizo el Ministerio de Bienestar Social de López Rega. Hay una que reemplaza a El Caudillo, que es Puntal. Cuando en el 75 descubren dónde está la Triple A, descubren también las pilas de revistas Puntal. Ese tipo de cosas son raras.

–Durante la resistencia peronista hay una proliferación de publicaciones, algunas eran más políticas, otras sindicales y otras barriales. ¿A cuántos lectores llegaban?

–Después de la Libertadora hay una explosión de revistas desde la izquierda, desde lo cultural. Hubo incluso en la Universidad de Buenos Aires una cierta libertad. Se va formando lo que después se conoció como la nueva izquierda. Pero desde la derecha también. La proliferación de revistas fue impresionante. La Libertadora hizo la vista gorda. Al único sector que reprimió, censuró y persiguió, con el decreto 4161, es al peronismo. Desde el 46 al 55 la producción cultural y periódica del peronismo había sido más que nada desde el Estado para abajo. No había sido la gran cosa. A partir de la Libertadora uno se encuentra con una producción increíble en todo el país. No sólo de la resistencia sindical o barrial, sino también cultural. A pesar de la represión, se repartían y se vendían, y eran éxitos de venta. Entre las dos publicaciones de la resistencia peronista que sobreviven al 55 unos meses, hasta que sube el sector más duro de Aramburu, El Líder, que era de la CGT, y De Frente, de John William Cooke, vendían 500 mil ejemplares. Había cola en los kioscos y se agotaban. Según un estudio de la época, cada revista era leída entre cuatro personas. Era una locura. La Libertadora toma nota de eso y clausura estas dos publicaciones, y cada vez que salía una publicación peronista la perseguía.

–Pero pese a la clandestinidad, seguían saliendo.

–Sí, y seguían teniendo éxito. Por eso se da un fenómeno de publicaciones que hasta la actualidad no se estudia en la UBA. Eso tiene que ver con la tradición de estudiar la historia casi exclusivamente a través de los procesos políticos y económicos. Por lo golpes militares, la Argentina no tiene archivos públicos buenos. Recién ahora se están formando. Uno no puede imaginarse a la Biblioteca Nacional teniendo periódicos comunistas en esa época. Es imposible. En estos 30 años de democracia y estabilidad las instituciones tienen el desafío y el deber de ir armando colecciones.

–¿Cuál es la publicación de la izquierda peronista más representativa y cuál de la derecha peronista en esos 17 años que van del 55 al 76?

–El peronismo sacó cientos de publicaciones porque la forma que cada organización de la resistencia tenía de hacerse sentir importante ante el comando táctico, e incluso ante Perón, era a través de una publicación. El tema de sacar un periódico, de la tirada, de la regularidad, tenía que ver con la fuerza de esa organización. Hubo muchísimos periódicos de la línea dura, de la más negociadora, de la “línea diamante”, la más absolutamente intransigente. Había uno que se llamaba El Guerrillero, que lo dirigía César Marcos, y que era muy intransigente. Es interesante ver cómo el punto en común de todos era la vuelta de Perón, aunque cada uno tuviera su mirada. La división no es entre la derecha y la izquierda peronista, que se va dando a mediados de los 60. La división entre los periódicos de la resistencia peronista es entre la línea blanda y la línea dura. Hubo periódicos que sufrieron muchísimas clausuras, como Palabra Argentina y Línea Dura, que lo dirigía una militante y poetisa muy importante, María Granata, y que tenía llegada a John William Cooke. Todos los periódicos terminaban allanados y quemados. La policía iba a la imprenta y los prendía fuego. Después estaban los periódicos más negociadores. La gran división se da con el pacto Perón-Frondizi. Hay periódicos que de la noche a la mañana llaman a votar a Frondizi, y El Guerrillero desconoce la orden de Perón y llaman a apoyar votando en blanco.

–Más cercano al golpe del 76 ya hay una derecha peronista bastante formada.

–A fines de los 60, dentro de lo que uno llama periódicos del peronismo, ya no se divide más en línea dura y línea blanda. Ahí sí se va formando lo que se conoce como la izquierda y la derecha peronista. Hay un diario peronista en la década del 60 que marca esa división de aguas y que es Compañero, dirigido por Mario Valotta, y en el que están Gustavo Rearte y Cooke. Un diario que marca tendencia en la izquierda peronista. Y por ejemplo, De Pie!, dirigido por el sindicalista José Alonso, que es de esa misma época, pertenece a la ortodoxia peronista, a la derecha peronista, que termina apoyando el golpe de Onganía. Esa divisoria de aguas empieza en los 60. En los 70, los dos símbolos de la izquierda y de la derecha peronista van a ser El Descamisado y El Caudillo.

–¿Qué características tiene las publicaciones radicales en esa época?

–Los radicales tenían también muchas publicaciones, que vendían muchísimo. No tenían el nivel de masividad del peronismo, dado también por ese carácter de prohibido. Yo he comprado bibliotecas a tipos nacionalistas de derecha, antiperonistas a muerte, que tenían bien guardaditos todos los periódicos de la resistencia peronista. Eso lo he visto en departamentos de Avenida del Libertador. O sea, los diarios de la resistencia peronista los compraba el gorila de Avenida del Libertador. Eso lo he verificado. El tema con los radicales es la división entre Balbín y Frondizi y la rivalidad terrible entre los dos sectores. Para los periódicos balbinistas, el principal enemigo pasa a ser Frondizi. El nivel de agresividad es impresionante. Sobresale Voz de Mayo, dirigido por Ernesto Sammartino, que es el que inventó el famoso término “aluvión zoológico”, y que es radical y tremendamente antiperonista. Sale en 1958 y sus dos grandes enemigos eran el peronismo y Frondizi. Todos los números hablaban del pacto entre el “tirano prófugo” y Frondizi. Se vendía muchísimo, e incluso Frondizi llegó a sacarle la cuota de papel y a acusar a Sammartino, que lo corría por derecha, de golpista.

–Muy pocas veces se habla de la relación de los gobiernos radicales con la prensa.

–Frondizi después del 59 clausuró periódicos peronistas y comunistas. Se cansó de clausurar. La prensa comunista empezó a sufrir persecuciones a partir del ‘57, cuando la Libertadora toma nota de la proliferación de estas publicaciones en pleno contexto de la Guerra Fría. De hecho, una de las primeras publicaciones filocomunista es Propósitos, de Leónidas Barletta, que salió por muchísimos años y ponía un recuadro que decía que no aceptaba avisos publicitarios. El periódico se mantenía con suscripciones y la venta en kioscos. Cuando empieza a ser muy crítico con la Libertadora lo clausuran semana por medio.

–¿Y en relación con las revistas culturales?

–También fue un fenómeno masivo. Ahí se formó la nueva izquierda, muy crítica al Partido Comunista tradicional. En la década del 60 hubo cientos de publicaciones. Las más famosas fueron las de Abelardo Castillo, como El grillo de papel y El escarabajo de oro. Esas revistas hacían una revalorización de América latina y del peronismo. Contorno fue también un poco la precursora.

–¿Había espacio para la experimentación en estas publicaciones?

–Sí, revistas literarias, de cine, de teatro, culturales, políticas, de campo, hippies. La mirada que tengo es que si una revista hacía un planteo sobre la realidad argentina, entraba en la categoría que a mí me interesaba. Sólo quedaron afuera las revistas muy técnicas. En mi colección hay revistas religiosas y están también las de Grinberg, como Opium, que tenían una mirada más pacifista y daban la discusión a los militantes revolucionarios. Desde esas páginas, estaban en contra de ellos y los criticaban. Son revistas muy importantes para entender la década del 60. La izquierda despreciaba a esas revistas.

–Leyendo tu libro me llamó la atención la revista Voz Femenina, que era una revista peronista y, a su manera, feminista.

–Dirigida por una militante mujer, Ofelia Decivo Braica de Saint Bonnet. Uno de los grandes descubrimientos del libro son las publicaciones de la resistencia peronista dirigidas por militantes mujeres. Algo que no ha sido estudiado. Otra publicación similar es Abanderada, dirigida por dos hermanas de Pompeya, que planteaba que la mujer tenía que salir a lo público, de la casa, a pelear por la vuelta de Perón. Se repartía en los sindicatos de la zona sur y tenía tanto éxito que cada vez que salía la policía secuestraba todos los números y hacía una fogata gigante en Parque de los Patricios. Para eludir el decreto persecutorio 4161, una hermana salía como directora un número, y al otro salía la otra hermana como directora hasta que clausuran la revista definitivamente. Las publicaciones duraban hasta que descubrían de qué imprenta salían. La mayoría fue perseguida. Nora Lagos fue torturada, presa y se tuvo que exiliar en Paraguay.

–¿Qué pasa con la publicaciones a partir del retorno de la democracia en 1983, en particular con aquellas dedicadas a temas como el feminismo o el humor político?

–La revista Persona es una revista feminista de liberación del 83. También las había en los 70. Lo que pasa en el 83, al igual que pasó en el 73, es una explosión de revistas, porque obviamente se podía publicar libremente. El tema es que la televisión se había convertido en el medio más importante. También había muchos programas políticos en la radio. La historia era otra. Ya no había una preponderancia del papel sobre la radio y la tele.

–La última dictadura había dejado su marca a través de una censura muy fuerte.

–La última dictadura fue feroz y bajó mucho el nivel de producción de revistas. No era lo mismo hacer una revista de izquierda revolucionaria durante la dictadura de Onganía que en la dictadura de Videla. El nivel de represión fue mucho más alto. Humor fue un fenómeno masivo, pero Tía Vicenta y Satiricón habían sido fenómenos populares tremendos. Humor representa la última revista masiva de humor político. Además Humor se daba en una época muy especial, donde la sociedad necesitaba respirar. Las tiradas fueron masivas hasta la vuelta de la democracia, cuando bajaron cada vez más hasta que la revista desapareció. Mengano salió a competir con Satiricón, y aunque nunca llegó a su nivel vendía bastante.

–¿Qué papel jugó una revista de la magnitud de Primera Plana en una época donde la gráfica era predominante?

–Si uno investiga Primera Plana, lo primero que impresiona son los miles y miles de ejemplares que tiraba. Argentina era el principal consumidor de revistas de América Latina, por lejos. No había tampoco un nivel de desigualdad en la sociedad como va a haber después. Todo el mundo estaba pendiente de lo que salía en Primera Plana.

–¿Qué lectura hacía del peronismo?

–La revista tenía una mirada crítica del peronismo. Incluso Hugo Gambini sacó unos suplementos sobre la historia del peronismo que eran muy críticos. Y otras publicaciones le discutían a Primera Plana. Es decir, cualquier cosa que salía en una revista influía. En el semanario Mayoría de los hermanos Jacovella se acusa a David Viñas de ser un agente comunista por haber ido a la Unión Soviética. Y Viñas fue a la redacción de Mayoría y se agarró a trompadas con el director. Al siguiente número Mayoría pone un recuadro y explica que arreglaron ese tema como hombres. La palabra escrita tenía mucha influencia y el Estado paraba las antenas. En la primera parte del libro pongo todas las clausuras que se produjeron. Se estaba muy pendiente del poder de la palabra escrita, de cualquier cosita que saliera.

–¿Creés que la palabra escrita perdió peso?

–En comparación a épocas pasadas sí. Pero hay que contextualizar. En plena Guerra Fría había otros parámetros, se estaba a favor de la revolución o en contra. Se discutía en serio. Las revistas de derecha son muy interesantes, tenían buena calidad. El Príncipe, que es de la derecha liberal, o El Burgués, de 1973, son revistas con mucho sentido del humor, que ironizan constantemente a la izquierda y al peronismo. El Burgués cierra porque la ortodoxia peronista pone una bomba en la redacción. Es muy entretenido ver a las revistas de la derecha nacionalista que apoyan el golpe a Illia, como Cruzado Argentino, que era nacionalista católica y que al mes se desilusiona porque Onganía pone como ministro a Krieger Vasena, un economista liberal. Entonces en el título ponen “Nos onganiaron”. Eran compañeros de armas de Onganía, que pierde la paciencia y termina clausurando las propias revistas que lo apoyaban en un principio. Hoy las revistas partidarias son todas de alabanza. Antes había más crítica. Algo curioso me pasó con la revista Ciudadano de América, de diciembre de 1974, que se dedicaba a alabar a López Rega. La publicación decía que desde 1949 se publicaba y se repartía en distintas partes del mundo. Entonces salí a buscar por todos lados y jamás encontré otro número. El director había inventado que Ciudadano de América salía desde hacia 25 años y justo ese número estaba dedicado a López Rega. Era una gran mentira. Me volví loco buscando otros números.

–¿Te obsesionaste con alguna publicación en particular?

–Sí, me obsesioné con un periódico de la resistencia peronista que todavía no lo conseguí, que se llama Sudestada, y que lo clausuran después de que publicara una foto de Rojas haciendo un homenaje a Perón y a Evita junto a Espejo, que era el secretario general de la CGT. Todo el mundo hablaba de Sudestada. Lo busqué desesperadamente. Viajé incluso a Bahía Blanca. Fui a las instituciones públicas, contacté a los coleccionistas y no lo pude conseguir. Esa es una figurita difícil. Pero desde que saqué el libro e hice la presentación ya tengo unos 70 datos nuevos. Muchas personas se acercaron, de distintos lugares, diciéndome que tenían revistas a las que no le daban importancia. El libro no es estático, tengo que hacer una nueva edición para publicar nuevos datos.

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Imagen: Bernardino Avila
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