ECONOMíA › KIRCHNER RECORRIO LA RURAL
EN MEDIO DE EXCITADOS, OFENDIDOS Y PEDIGÜEÑOS

En una muestra caben todos los humores

No fue el sábado al acto inaugural, pero concurrió ayer. Kirchner visitó la Rural sin promesas ni buenas noticias para los ruralistas, con los que dijo no tener ningún problema. Lo recibió un arco variopinto, entre la mayoría que lo aplaudió y aquellos que recordaron, con nostalgia, a Menem.

 Por David Cufré

Dos chicos con guardapolvo conversaban animados en medio del gentío. “Le voy a pedir que me regale 10 mil dólares”, comentó uno de ellos, de pelo negro y revuelto. “Pedile más”, sugirió el otro. Delante de ellos ya se había formado un cordón compacto de personas que aguardaban la llegada del Presidente. En primera fila, sobre una parecita de medio metro, una señora de campera azul y lentes oscuros repetía que Néstor Kirchner “es el hijo de Alfonsín”, con evidente antipatía por ambos. Una corriente de excitación empezó a correr por la Rural desde que a las tres de la tarde se supo que el patagónico visitaría el predio. Muchos estaban dispuestos a aplaudirlo, y a otros se los veía más enojados. “Ahora se decidió a venir”, dijo con despecho una mujer de tapado negro. “Lo habrán traído de los pelos”, arriesgó, con gesto áspero.
La ausencia de Kirchner en la inauguración de la muestra de la Sociedad Rural desató un pequeño vendaval. Cuando el jefe de Estado dijo a mediados de la semana pasada que no asistiría al evento del sábado, la mayoría de los dirigentes del campo le saltó al cuello. Incluso Manuel Cabanellas, de Confederaciones Rurales Argentinas, de quien Kirchner ayer dijo ser amigo. Otros lo interpretaron como un gesto de autoridad, para demostrar que el Presidente no se prestaría a ser juzgado en ese espacio tan asociado al establishment empresario. En ese sentido, la Sociedad Rural, sostén del menemismo durante años, quedaba anotada en la lista de sectores con los que confrontó el Gobierno, como las cúpulas militares, los jueces de la Corte enjuiciados, los funcionarios del PAMI removidos y los economistas ortodoxos acusados.
La visita de ayer al predio de Palermo fue la forma elegida por el propio Kirchner para desactivar las especulaciones. “No lean debajo del agua. Si tuviera algún problema con los dirigentes de la Rural vendría y se los diría personalmente. Y ellos me contarían sus problemas de manera racional, como corresponde a personas sensatas que somos”, afirmó en la conferencia de prensa que clausuró su paseo por la exposición. Igual de enfático fue para asegurar que “no vengo a hacer demagogia ni a prometer lo que no puedo cumplir”, en referencia a las retenciones a las exportaciones, que los ruralistas piden disminuir y el Gobierno afirma que mantendrá sin cambios. “Conozco el problema del impuesto a las exportaciones, pero vivo con los pies en la realidad”, agregó, ante la insistencia periodística en el asunto.
Detrás de las puertas de vidrio que impedían el acceso al salón donde Kirchner contestaba preguntas, una pequeña multitud permanecía curiosa y esperaba para saludarlo de nuevo. Su llegada hasta ese sitio había sido una aventura. Fueron 25 minutos de locura, con muchos aplausos y gritos de aliento, con empleados que abandonaban los stands para acercarse al enjambre presidido por una cabellera blanca que asomaba sobre tantas cabezas. Y detrás del séquito, desde un primer momento, un grupo de personas fuera de sí, con un cartelito que decía “ahorristas estafados”. “Chorros, devuelvan la plata”, “chirolita de Duhalde”, “ladrones”, gritaban, y varios lograban sacar chiflidos que aturdían.
Sin embargo, ese grupo quedaba siempre en minoría frente a las muestras de aprobación y reconocimiento generales. Kirchner, su esposa Cristina Fernández y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, bajaron del auto presidencial cerca del picadero, delante de una tribuna adonde se habían amontonado varios para tener una mejor visión. “Me emociona mucho verlo, y eso que soy radical. Estoy muy esperanzada”, confió a Página/12 una mujer que estaba acompañada por su hija adolescente. “Estos tipos se están comportando como verdaderos bestias”, protestó después un señor que se declaró socialista, refiriéndose a los ahorristas. “Si acá estuviera Menem, los sacarían a patadas”, agregó. Y otro, igual de molesto, recordó que “a Menem le frotaban los zapatos y no decían nada mientras regalaba el país”.
El presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, le agradeció a Kirchner su visita, que consideró “una señal de estímulo para el campo”. La semana pasada, por el contrario, lamentó que no concurriera a la inauguración y lo consideró poco menos que un desaire. Kirchner, a su vez, había hecho mención al apoyo de la entidad a la convertibilidad y, por carácter transitivo, al menemismo. “No tengo resquemores y nunca los tuve. Durante dieciséis años fui a todas las fiestas del campo en mi provincia y ayudé a los productores ganaderos durante los años de sequía”, puntualizó ayer Kirchner. Y luego dio una respuesta que pareció de ocasión ante una pregunta por las denuncias que involucran al titular del Senasa, Bernardo Cané. “Están todas las instancias abiertas para investigar cualquier denuncia. Estamos atentos a ello”, indicó. Cuando se iba, un peón rural se apartó del numeroso grupo de eufóricos y gruñó: “Tendría que haber venido más temprano a saludar a los trabajadores, como hacía Menem”.

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Néstor Kirchner llegó ayer a la Rural después de haber desistido de participar en la inauguración.
 
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