ECONOMíA › BIELSA RECLAMO EN CANCUN MERCADOS MAS ABIERTOS

Buscando abrir una ventana

Junto a Brasil en el Grupo de los 21, Argentina criticó en la OMC los privilegios comerciales de las naciones poderosas.

 Por Cledis Candelaresi

Sujeta a la mano de Brasil y bajo el comando del canciller Rafael Bielsa, Argentina intenta dar varias batallas en el seno de la OMC, que por estos días realiza su cumbre ministerial en Cancún. No quiere, como España, renombrar como “cava” o “queso azul” al champagne y al roquefort, para eludir el pago de un copyright a los europeos. Tampoco seguir admitiendo que los países ricos obstruyan el ingreso del software local mientras aquí se acoge de muy buen gusto el capital y los servicios extranjeros. Y, básicamente, pelea por abrir más mercados a los productos agrícolas, aun a costa de que esto sólo redunde en mayor renta para el campo. “Nosotros tratamos de abrir una ventana de oportunidad. Cómo se distribuye luego esa utilidad es una cuestión de política tributaria interna: para eso existen las retenciones”, argumentó en diálogo con Página/12 desde el balneario maya el ministro de Relaciones Exteriores.
“Argentina trabaja codo a codo con Brasil”, asegura el funcionario, intentando disipar cualquier duda sobre la cercanía que existe con la administración de Luiz Inácio Lula da Silva. Una presunta prueba de este esfuerzo mancomunado es que ambos países integran un quinteto de voceros sobre las negociaciones agrícolas, las más complicadas y clave del poco probable éxito y presunto fracaso de la reunión ministerial.
Brasil comanda el Grupo de los 21, que entre otros integran Argentina, China e India. Fue armado para contraponer una propuesta de libre comercio agrícola mucho más contundente de la que presentó la conducción de la OMC, síntesis de las ideas de Estados Unidos y la Unión Europea. Esta apenas sugería hacer tímidos retoques a las multimillonarias subvenciones con que protege a sus productores agrícolas, no sólo para que abastezcan a sus mercados internos sino para que exporten a precio de dumping.
En la cumbre que se inició el miércoles, el G-21 ya computó dos éxitos: que su iniciativa sea considerada en un pie de igualdad con la de los países proteccionistas y que el debate del cónclave haya comenzado por la cuestión agrícola. Si no hubiera acuerdo en esta materia difícilmente puedan avanzar las negociaciones en otros puntos, y la actual cumbre devendría en un inevitable fracaso.
Según explica el canciller argentino, la iniciativa de los veintiuno postula, en lo sustancial, ponerles un techo a los aranceles (que, en el caso de Japón, superan el 700 por ciento). Y al mismo tiempo, reducir efectivamente los subsidios a la producción que se exporta. Dos objetivos ambiciosos y difíciles.
En particular si se tiene en cuenta que el delegado estadounidense, Robert Zoellick, ayer presionó a sus pares de México y Chile para que persuadan al resto de sus circunstanciales socios a ceder en este terreno. El castigo, les advirtió, sería quedar integrados al bloque de los pobres. Cuánto se conseguirá finalmente de esta puja es aún un misterio. Lo claro es que cualquier logro en este sentido mejoraría las posibilidades de las exportaciones agropecuarias locales, que representan más de la mitad de las ventas externas del país. Aunque, a diferencia de otros países, el sistema de producción rural argentino no permita directamente derramar ese beneficio al conjunto de la sociedad.
Argentina también pulsea con Europa en otros terrenos bastante sensibles. Europa planteó en el seno de la Organización Mundial de Comercio generalizar la “denominación de origen”, por la cual sólo puede denominarse borgogna al vino de la región homónima de Francia, riojano al de La Rioja española o gruyère al queso suizo de Friburgo. Para seguir comerciando esos productos habría que renombrarlos (con los consiguientes problemas comerciales) o pagar un derecho, algo que quieren evitar los países en desarrollo que reconocen en aquella imposición una barrera paraarancelaria.
A través de sus negociadores, Argentina también intenta que se libere el intercambio de servicios, “preservando la autonomía regulatoria de cada nación”, subraya Bielsa. Este reaseguro le permitiría a la Argentina conservar algunos tímidos amparos a la importación de trabajo y capitales que no sería lógico poner en revisión cuando las naciones más fuertes del planeta no ofrecen reciprocidad en este sentido. “Un ejemplo son las concesiones de servicios públicos. Sería bueno que los europeos tengan la misma apertura que nosotros”, reflexiona el canciller argentino.
Un sueño del Gobierno es transformar la Argentina en India, que exporta fortunas en software, aprovechando el dólar caro y la mano de obra capacitada. Pero estas ventajas se diluyen rápidamente frente a las restricciones de los potenciales importadores ricos.

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