ECONOMíA › PANORAMA ECONOMICO

Relato ficcional

 Por Alfredo Zaiat

Como la economía es un espacio de disputa de poder donde intervienen actores sociales con intereses enfrentados, existe una fuerte tensión en los relatos sobre los acontecimientos según quién sea el emisor. Esas explicaciones de eventos económicos tendrán más o menos predicamento de acuerdo con el grado de captación logrado en la atención social y qué tipo de hegemonía discursiva fue conseguido en los canales de difusión. Se trata de una disputa válida de relatos económicos desplegados en el debate público. Por caso, la inflación será entendida por unos como una derivación del aumento de la emisión monetaria para financiar el gasto público, mientras que para otros será la expresión de la intensidad de la puja distributiva y alimentada por el mercado cambiario. Son manifestaciones de posturas políticas diferentes con raíces interpretativas en corrientes del pensamiento económico opuestas. Es una disputa por la orientación de la política económica con impactos distintos en los sujetos económicos. En forma esquemática, unos postulan el ajuste (fiscal y monetario) para alcanzar el bienestar y otros proponen la expansión (fiscal y monetaria) para lograr ese mismo objetivo. En esa legítima pelea política e ideológica por el sentido, cada relato privilegiará cifras, tendencias o iniciativas que permitirán fortalecerlo y minimizará o ignorará las que lo debilitaría. Si la dinámica de esa pelea fuera sólo así, los debates serían de más fácil comprensión y sería más sencillo precisar cuáles son los objetivos y efectos de las opciones de política económica. Sin embargo, ese marco de tensión está siendo contaminado por un penetrante relato ficcional, como si fuera una narración literaria de lo fantástico, con elementos no naturales, magia o seres que no existen. Varios eventos económicos están siendo inundados con relatos ficcionales, pero uno se está destacando del resto: la categoría default sobre la deuda argentina ha adquirido esos rasgos con más profundidad en gran parte de los medios y en el elenco de economistas de la city.

Sentencian el default de la deuda surgida del canje 2005 y 2010 cuando no se cumple ninguna condición de un default. Elaboran las perspectivas de la economía doméstica incorporando como un dato central el acontecimiento de un default. Afirman que la estrategia del Gobierno en el litigio con los fondos buitre, como el envío al Congreso del proyecto de ley de pago soberano local de la deuda, prolongará el estado de default. Parten del supuesto falso de la existencia del default, con obvia intencionalidad política, y de ese modo construyen un relato ficcional, que no tiene nada que ver con la tensión discursiva de visiones contrapuestas sobre la realidad económica.

Un acontecimiento inédito como el bloqueo judicial en el eslabón de pago del banco fiduciario es definido como un default, cuando no lo es en términos del contrato y tampoco lo es en el aspecto financiero y económico. Argentina cumplió con sus obligaciones, giró los dólares al agente pagador y tiene solvencia para cumplir con sus próximos vencimientos. Estas condiciones no califican para ser definido como default. Así lo evalúan los propios bonistas del canje que no cobran por culpa del juez Thomas Griesa. No dirigen sus reclamos al país deudor, sino que han decidido demandar al Bank of New York Mellon: los fondos de George Soros y Kyle Bass. Adelantan que aceptarán el pago local: el fondo Fintech de David Martínez Guzmán. Deciden apelar el fallo ante la Cámara de Nueva York: el grupo Euro Bondholders. Y el Citibank, como agente pagador, también apeló ante esa cámara. Ninguno consagró el default de la deuda argentina ni proponen aplicar la cláusula de “aceleración”. Esta dispone que si existiera incumplimiento en el pago de un vencimiento podrían reclamar el cobro de la totalidad del capital del bono.

Pese a la frustración de los hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica, algunos de ellos ampliando su radio de actuación de los medios hacia la reciente audiencia pública en comisiones del Senado, reiterando sus conmovedoras actuaciones sin explicar por qué sigue sin pasar lo que nunca dejan de decir que va a pasar, el mercado bursátil no está castigando a la Argentina por el default. ¿Será que no existe el default deseado? Además de las mencionadas cuestiones contractuales, financieras y económicas, la evolución de las cotizaciones de las principales variables financieras y bursátiles refleja que los inversores evalúan en los hechos, más allá de rechazar la política económica de CFK, que Argentina no le paga a los fondos buitre porque está ejerciendo su potestad de nación soberana de no cumplir con una orden judicial injusta. Y que ratifica su voluntad de pago a los bonistas del canje, que no cobran por el bloqueo de Griesa.

Es ilustrativo comparar el comportamiento de las acciones y títulos públicos, como así también del dólar, en los meses posteriores de un verdadero default, como el de 2002, y el construido en el relato ficcional, de los últimos dos meses. El compañero de la sección de Economía Cristian Carrillo acercó las siguientes cifras que permiten observar la reacción del mercado ante esos dos diferentes acontecimientos financieros. Para despistados, cuando cualquier país declara el default de su deuda, las cotizaciones de los activos se derrumban.

- El índice MerVal, que reúne a las acciones líderes, descendió de 470 a 270 puntos, una caída de 42,6 por ciento, de enero a junio de 2002. En cambio, desde el 26 de junio de este año, cuando Argentina depositó los dólares de los bonistas en el Bank of New York Mellon, desafiando a quienes atemorizaban con la posibilidad del embargo de ese dinero por parte de Griesa, el MerVal subió de 7820 a 9817 puntos, un alza de 25,5 por ciento.

- La paridad cambiaria pasó de 1,75 a 3,90 pesos por dólar en ese turbulento primer semestre de 2002, alza de 122,9 por ciento. En los últimos dos meses, la cotización oficial avanzó de 8,15 a 8,42 pesos, 3,3 por ciento, y la del denominado blue, subió de 12,05 a 14,05 pesos, 16,6 por ciento. La variación en esa plaza informal es menor si se calcula desde el máximo alcanzado el 23 de enero pasado, cuando se ubicó en 13,06 pesos. El alza sería entonces de apenas 7,6 por ciento.

- Los activos más sensibles en un default son los títulos públicos, porque el país que se declara insolvente no pagará los vencimientos de intereses ni capital de esa deuda, además que el paso siguiente será el de una reestructuración con una probable quita y reducción de la tasa de interés. Por ese motivo, las cotizaciones retroceden. Eso es lo que sucedió en la primera mitad de 2002. Los bonos Brady FRB descendieron 28,8 por ciento; los Globales 2017, 10,0; los Brady Discount, 7,9; los Brady Par, 6,0, y los Globales 2027, 2,6 por ciento. Un recorrido opuesto registraron los bonos en los últimos sesenta días: el Par en dólares subió 23,1 por ciento; el Boden 2015, 21,7; el Bonar 2017; 17,3, y el Descuento, 11,3 por ciento.

- El movimiento de las acciones es un indicador de las expectativas de los inversores sobre el futuro de la economía. En un escenario de default, son malas, porque estiman quebrantos y recesión. Por ese motivo, en los meses posteriores al default de 2002 los papeles empresarios en el recinto bursátil bajaron con fuerza: Banco Galicia lo hizo 76,3 por ciento; Telecom, 68,4; Banco Francés, 53,4; Indupa, 26,9, y Acindar, 20,0 por ciento. La respuesta de inversores bursátiles a la actual situación ha sido la opuesta a un escenario de default: subieron las cotizaciones. Las principales alzas fueron las de Petrobras, avanzando 65,3 por ciento; Aluar, 35,0; Siderar, 32,2; Banco Macro, 26,0; Banco Francés, 12,9, y Banco Galicia, 8,4 por ciento.

- Desde el 26 de junio hasta el cierre de ayer, la acción de YPF subió 26,8 por ciento. Como prueba que los grandes inversores internacionales no consideran que Argentina está en default, el financista George Soros informó hace dos semanas que se convirtió en el cuarto mayor tenedor de acciones de YPF, al adquirir el 3,5 por ciento del paquete invirtiendo en la operación 450 millones de dólares.

Estas cifras muestran que para el mercado bursátil no existe el evento de default de la deuda argentina.

El relato ficcional, como en esta ocasión con el default, está al servicio de modelar las expectativas económicas y, en última instancia, para consolidar la economía del miedo con la pretensión de que una mayoría termine defendiendo intereses que no son propios para que el resultado sea proteger o recuperar privilegios de unos pocos.

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