ECONOMIA › TEMAS DE DEBATE. COMO IMPACTA LA BAJA DEL PRECIO DEL CRUDO EN EL NEGOCIO DEL SHALE OIL

El futuro del petróleo no convencional

En poco más de seis meses la cotización del petróleo cayó más de 50 por ciento, generando incertidumbre sobre la viabilidad de implementar las costosas técnicas de fracturación hidráulica para extraer hidrocarburos. Qué puede pasar en el nuevo escenario que se abre.

Producción: Tomás Lukin

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Difícil de predecir

Por Gustavo Barbarán *

A mediados de 2014 se produjo un importante cambio en el escenario mundial producto de la interrupción de la estabilidad que venía presentando la cotización internacional del petróleo desde 2011, en torno de los 100 dólares por barril. Desde junio hasta la actualidad se registró una caída de más del 50 por ciento en el precio de la variedad Brent, referencia de la mayor parte del crudo que se comercializa a nivel mundial. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) estimó que durante este año el mundo necesitará unos 28,9 millones de barriles de crudo diarios de sus países miembros, la cantidad más baja en más de una década. Pero con el incremento en la producción proyectada en Estados Unidos (más del 70 por ciento desde 2008) y una capacidad de producción de 30 millones de barriles diarios de la OPEP, todo indica que por tiempo indeterminado la oferta superará a la demanda.

En consecuencia, analizar hoy si la persistente caída en el precio del crudo terminará impactando en el desarrollo de los recursos no convencionales de la Argentina resulta muy prematuro, en tanto es muy difícil determinar su piso definitivo y plazos posibles de recuperación. Especialmente, cuando hay en juego motivaciones económicas y geopolíticas que explican esta volatilidad, que ni el más informado de los consultores domésticos podría considerar y mucho menos predecir.

Sí se tienen algunas certezas: la política de precios del gobierno nacional en el mercado local de los hidrocarburos durante los últimos diez años apuntó a desvincular los precios locales de los internacionales. Esto ha sido fundamental a la hora de resguardar el crecimiento económico y la competitividad de la economía local en períodos en que el precio del crudo presentó una alta variabilidad internacional, principalmente entre los años 2007 y 2009.

En este contexto, la implementación de derechos de exportación al petróleo crudo y sus derivados en el mercado local (Res. N 394/2007 del Ministerio de Economía) permitió amortiguar el efecto que estas fluctuaciones pudieran causar internamente, protegiendo al consumidor y atenuando el impacto sobre el nivel de actividad, empleo y precios internos. Así, a nivel interno, en el período 2007-2009 el petróleo crudo tipo Escalante se mantuvo en torno de 42 dólares por barril, mientras que desde 2012 se ubicó alrededor de 70 dólares (cuando la cotización internacional superaba los 100 dólares por barril).

Esta política permitió que los precios locales (para combustible automotor, generación eléctrica e industrias) se mantuvieran relativamente bajos en comparación con su nivel internacional. A su vez, posibilitó sostener las tarifas de transporte, electricidad y los costos de las industrias, como modo de incrementar el poder adquisitivo de los salarios y la competitividad de la industria.

En esa línea, el comportamiento de la principal empresa nacional de energía también ha ido a contramano de la tendencia general que registraron las operadoras privadas. El año pasado cerró con una caída del 11 por ciento del déficit energético (contra muchos de los pronósticos, que a comienzos de año indicaban que se incrementaría) y una significativa reducción en la declinación de la producción de gas natural (0,53 por ciento contra el 5,7 por ciento de 2013) y del petróleo (1,4 contra 2 por ciento). Esta situación se explica por la mayor producción de YPF, que lideró la suba en ambos segmentos, orientada por el interés público que desde su recuperación el Estado le ha impreso a su nave insignia del sector. En tanto, la contribución que en ese sentido ha hecho la mayoría de las otras empresas del sector ha sido marginal, y muchas, incluso, han mostrado retrocesos en sus niveles de producción respecto de años anteriores.

En definitiva, entonces, más que el intento por proyectar escenarios futuros, cruzados por múltiples e impredecibles variables, lo importante es aferrarse a trayectorias recientes y a convicciones políticas que les dan sustento y valor. La magnitud del potencial energético del país nos exige estar a la altura del desafío y discutir en qué dirección queremos apuntar la recuperación de la producción de hidrocarburos de la Argentina. En ese sentido, y especialmente en un año electoral como el que tenemos por delante, sería deseable exigir de candidatos definiciones precisas respecto del rol que prevén para YPF en el marco de un proyecto político. Saber para qué queremos energía seguramente aportará más y mejores elementos para el análisis y dejará claro quiénes están verdaderamente comprometidos en alcanzar el autoabastecimiento y quiénes sólo aspiran a revertir logros.

* Profesor de Política y Economía de la Energía (Unsam).


¿Energía para qué?

Por Diego di Risio * y Diego Pérez Roig **

Desde mediados de 2014 se registra una estrepitosa caída del precio internacional del petróleo así como de otros hidrocarburos y derivados. Luego de superar los 110 dólares entre junio y julio, la cotización del barril de crudo Brent descendió ininterrumpidamente hasta ubicarse entre 50-65 dólares. Aunque el precio parece haberse fijado en esa franja, al día de hoy nadie se animaría a apostar en favor de una estabilización en el corto plazo.

La tendencia al alza de precios de la última década y esta caída abrieron un debate acerca de la viabilidad económica de explotar hidrocarburos no convencionales en la Argentina. Se trata de una discusión que, sin embargo, no debe reducirse a la simple ecuación costo/beneficio. Desde el punto de vista ambiental y sanitario, la utilización a escala masiva de las técnicas de fractura hidráulica y perforación horizontal sobre formaciones de lutitas acumula numerosas denuncias y prohibiciones. En Estados Unidos, el Departamento de Salud del Estado de Nueva York acaba de publicar un informe en el que señala que “la ciencia que rodea a la fractura hidráulica es limitada o recién está emergiendo (...) los estudios existentes generan dudas sustanciales sobre si los riesgos inherentes a la fractura hidráulica son lo suficientemente comprendidos para su manejo adecuado”.

¿Cuáles son algunos de estos riesgos? Impactos sobre el aire y potenciales afecciones respiratorias, cambio climático, contaminación superficial y del agua potable subterránea (por migración de metano y/o químicos utilizados en la técnica), sismicidad inducida e impactos sobre la forma y calidad de vida de las comunidades urbanas y rurales afectadas. El informe sintetizó cuatro años de estudios realizados con el objetivo de asesorar acerca del desarrollo masivo de estas explotaciones. El resultado fue la recomendación de prohibición, finalmente implementada, como en otros estados (Vermont) y países (Francia y Bulgaria).

En la Argentina, el incipiente de-sarrollo de los no convencionales lleva casi mil pozos realizados, de las decenas de miles necesarios para lograr el autoabastecimiento energético. Sin embargo, esta ínfima proporción es suficiente para dar cuenta de los riesgos en términos de accidentes (como pérdida de pastillas radiactivas en pozos de Total e YPF), violaciones de derecho indígena, y la ocupación de áreas protegidas y tierras dedicadas al cultivo. Recordemos que en los últimos meses más de 40 municipios del país han prohibido la técnica en su ejido al priorizar el principio precautorio en materia ambiental.

Finalmente, más allá de la incertidumbre que rodea a los precios y las técnicas, no pueden obviarse las consideraciones más políticas del asunto. La producción y el consumo de energía no son algo “externo” a las relaciones sociales predominantes en la sociedad capitalista, sino que guardan con ellas un vínculo indivisible. La explotación económica y de la naturaleza que sostiene la acumulación capitalista supone una periódica reestructuración de los procesos productivos bajo la premisa del crecimiento infinito, que opera como arma del capital frente a la continua insubordinación del trabajo. Este es el secreto más recóndito de las revoluciones tecnológicas que han caracterizado al funcionamiento del capitalismo en sus más de dos siglos de existencia. La reducción de los trabajadores a meros apéndices de las máquinas, así como la inevitable aceleración en el transporte y el consumo de mercancías, implican crecientes costos energéticos y ambientales, como fielmente atestigua el desbocado proceso de mundialización de las relaciones capitalistas de las últimas décadas. Gracias a su inigualable densidad energética, los hidrocarburos son prácticamente insustituibles para esta forma de reproducción social. Proyectos como el de Vaca Muerta se insertan en esta matriz de relaciones, y, por lo tanto, carecen de todo tipo de “neutralidad” en términos de clase. Su cuestionamiento pues, lejos de ser retrógrado, se encuentra grávido de una pregunta sumamente enriquecedora que amerita el mayor debate público posible: ¿energía para quiénes y para qué?

* Politólogo, integrante del Observatorio Petrolero Sur (OPSur).

** Politólogo, integrante del Centro de Estudios para el Cambio Social (CECS).

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