ECONOMíA › COMO SE FRENO LA SUBA EN LAS
NAFTAS QUE LAS PETROLERAS YA HABIAN DECIDIDO

Breve historia del aumento que no fue

 Por Raúl Dellatorre

Más que un acuerdo, “fue una imposición”. Varios describen en esos términos la solución final por la que se evitó el incremento del precio de las naftas, aunque no todos quieran decir lo mismo. Para unos, fue una imposición del Gobierno, que amenazaba con una fuerte suba de las retenciones si las petroleras movían los valores de surtidor. Para otros, el aumento de los combustibles fue frenado por una imposición de Repsol YPF a la competencia, respondiendo a un acuerdo con el Gobierno. Finalmente, hay quien, parado en la posición de defender la solución encontrada, opina que “la salida fue impuesta por la realidad, porque no se podía seguir con un acuerdo ficticio en el que las refinerías seguían acumulando una deuda con las productoras imposible de compensar”. ¿Muchas verdades parciales juntas hacen la Verdad? Repasemos los hechos.
El lunes por la noche, productoras y refinerías tenían prácticamente cerrado el acuerdo para subir el precio de referencia del crudo (de 28,50 a 32,50 dólares el barril), que se reflejaría en un aumento del 5 por ciento en el precio final de los combustibles. Pero desde el Gobierno, Alberto Fernández objetó el eventual aumento y le reclamó “responsabilidad social” a las empresas, principalmente a aquellas que operan en los dos segmentos, producción y refinación. Era un llamado, sin nombrarlos, a Repsol y Petrobras para que frenaran el aumento.
El martes, desde temprano, empezaron los conciliábulos. De petroleros entre sí, refinadores entre sí, unos con otros, del Gobierno con Repsol, del Gobierno con Petrobras, e infinitos contactos telefónicos en el medio. La opción de los privados era seguir adelante con su acuerdo sin aval del Gobierno, pero en términos que sólo conformaban a los productores. La respuesta del Gobierno fue que si aumentaban las naftas, subirían las retenciones a la exportación, de modo que las ventas al exterior del crudo perdieran atractivo frente a las ventas al mercado interno.
Alberto Fernández volvió directamente sobre Repsol y Petrobras. Antes de que la sangre llegara al río, surgió una nueva alternativa de boca de los empresarios: que los productores trasladaran la retención de las exportaciones al precio interno del petróleo, es decir, que éste se calculara como el precio internacional menos el porcentaje de retenciones. Una solución teórica que pocas veces se refleja en un mercado monopólico como el argentino.
Con un precio en el mercado mundial de 40 dólares por barril y retenciones del 25 por ciento, el valor interno resultante es 30 dólares. A Fernández y Julio De Vido les pareció bien la propuesta en tanto no afectara el precio de los combustibles. Un representante de la empresa española salió a buscar consenso para la misma.
De hecho, el planteo suponía “romper” todo lo acordado hasta el momento entre las firmas privadas. La propuesta de Repsol encontró rápido apoyo de Petrobras. Para las productoras, implicaba resignar el precio internacional, que hasta octubre cobraban parte en efectivo (28,50 dólares) y el resto como un crédito a la refinería compradora. Para las refinerías, significaba un mayor desembolso en efectivo (30 dólares en lugar de 28,50) pero sacarse de encima el engrosamiento indefinido de la deuda con los productores, que ya acumula 200 millones de dólares. Hasta media tarde del martes no había una definición, pero el acuerdo para incrementar las naftas perdía fuerza. El Gobierno empezaba a ganar la pulseada.
Hacia fin de la tarde, De Vido se comunicó con Alejandro Mc Farlane, director de Repsol YPF, para saber cómo evolucionaba la propuesta. “Va bien, pero no está cerrado”, fue la respuesta que oyó el ministro. Inmediatamente lo citó a Casa de Gobierno para conocer detalles de las negociaciones. Allí lo esperaba, además del ministro, el Presidente de la Nación. Kirchner escuchó el relato y consideró que “el acuerdo” estaba suficientemente maduro. Se comunicó con los directivos locales de Petrobras, obtuvo su aprobación y de inmediato convocó a Fernández para que, junto a De Vido, anunciaran que no iba a haber aumentos en las naftas. Y comprometió a la conducción de Repsol YPF a que hicieran público su acuerdo, aunque todavía no estuviera cerrado con todo el sector. Eran más de las nueve de la noche del martes.
El resto de las empresas no salía de su asombro. Productoras y refinadoras se encontraron con una solución cerrada cuando todavía no habían prestado su acuerdo. Ayer, mientras se negociaba entre productoras y refinadoras un nuevo compromiso de volúmenes de entrega, muchos no disimulaban su rencor hacia Repsol, del que consideraban que había abandonado la corporación petrolera privilegiando su vínculo con el Gobierno. En ámbitos oficiales se anotaba este hecho como una segunda conquista: haber roto el frente petrolero.

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El lunes a la noche ya estaba decidido un aumento del 5 por ciento.
 
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