ECONOMIA

En Brasil, ni el gobierno de Lula confía en el real

El sector público les pasa el riesgo cambiario a los bancos, que se cubren comprando dólares, con lo que se deprecia el real y acelera la inflación.

 Por Julio Nudler

A pesar del superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, que este año superaría los 8000 millones de dólares (antes de la devaluación del real en enero de 1999, el año 1998 cerró con un estrepitoso déficit de casi 34 mil millones), el tipo de cambio seguirá sufriendo todo este año una intensa presión especulativa y no bajaría del entorno de 3,20 reales por dólar, según un informe especial de la cotizada consultora Affonso Celso Pastore & Associados, al que Página/12 tuvo acceso. El propio Banco Central se muestra urgido por rescatar aceleradamente los pases cambiarios (venta de obligaciones en dólares con simultáneo compromiso de recompra futura, o al revés, obviamente todo en dólares), que le vencen mes a mes. Así bajó el stock de esas deudas de 44 a u$s 22 mil millones. Ocurre que “la vulnerabilidad de la economía brasileña a los shocks externos depende en gran medida de la alta proporción de deuda pública atada al dólar”. Pero en lo inmediato esas cancelaciones acentúan la merma del real.
El documento destaca que con los rescates de los pases (swaps) cambiarios el gobierno va pasándole el riesgo devaluatorio al sector privado. Históricamente, este sector venía endeudándose en dólares y cubriéndose del riesgo cambiario con la compra de contratos de pase con el Banco Central, con lo que era finalmente el Estado el que cargaba con ese riesgo a cambio de una prima, y esto volvía a la deuda pública sensible al tipo de cambio real. Pero al rescatar esos swaps gradualmente, el Gobierno reduce su vulnerabilidad a los shocks externos. Ante ello, el sector privado se cubre a su vez elevando su demanda de dólares en el mercado de contado. Es eso lo que hacen particularmente los bancos.
Pastore y sus cinco socios señalan que antes de que creciese la incertidumbre cambiaria y aumentase la volatilidad del tipo de cambio, los bancos mantenían una posición vendida de cambio, lo que significa que asumían compromisos en dólares a futuro, con la expectativa de que el real se mantendría fuerte, pero luego de que a comienzos de abril se intensificaran las fluctuaciones de la paridad, convirtieron esa posición en fuertemente comprada, mostrando así sus profundas dudas respecto de la moneda local. “Esa conversión explica en gran parte la presión sobre el tipo de cambio en las últimas semanas”, indica el documento.
Este comienza por mencionar la irritación que causó entre numerosos políticos, empresarios y economistas la decisión del Copom, el comité que decide sobre política monetaria, de mantener invariada en el 16 por ciento anual la Selic, que es la tasa de referencia. Pero Pastore y compañía respaldan la opción por no reducir la tasa, señalando que la suba del dólar y del petróleo harán que la inflación desborde la meta anual de 7 por ciento. Por ende, no era momento para una política monetaria más laxa.
Desde una posición bastante reconocible para un argentino, los Pastore boys recomiendan elevar el superávit fiscal primario, para evitar así una disminución de la demanda de bonos brasileños, la cual eleva el riesgo Brasil y deprecia el real. “Un mayor ajuste fiscal reduciría los temores respecto de la sustentabilidad de la deuda pública... El país ganaría crecimiento económico”, aseguran sin sonrojarse. “Sin embargo –lamentan–, ante las elecciones de noviembre, el gobierno parece no estar dispuesto a dar ese paso, aunque lo ayudaría más en el logro de sus objetivos políticos que su decisión de mantener los superávit fiscales constantes”, es decir, ¡cerca del 4,5 por ciento del PIB!
Mientras tanto, en Buenos Aires la consultora Finsoport emitía ayer un informe reservado en el que caracterizaba del siguiente modo la “trampa financiera” en la que se debate Brasil:
- El peso de la deuda (circa 58 por ciento del Producto) alimenta el temor de que el gobierno deje de pagar sus compromisos, lo que eleva la aversión de los inversores a mantener títulos brasileños, incrementa el riesgo país y acentúa la salida de capitales.
- Para retener fondos y sofrenar la depreciación del real y la consiguiente presión inflacionaria, el BC endurece la política monetaria.
- Con las altas tasas de interés se atenúa la salida de capitales, pero al mismo tiempo se encarece la deuda pública, un 60 por ciento de la cual está indexada a la tasa Selic, mientras otro 10 por ciento sigue al dólar. Esta estrategia actúa contractivamente sobre el nivel de actividad.
- Ambos efectos erosionan los indicadores de solvencia pública, intensificando los temores de default y la dinámica divergente.
Aunque Finsoport no descarta en absoluto que Brasil declare la cesación de pagos, marca sensibles diferencias con la situación de la Argentina en 2001. Una es que el vecino no presenta dificultades serias en sus cuentas externas. Otra, que la brasileña es una economía muy poco dolarizada en relación a sus contratos, por lo que los movimientos en el tipo de cambio no provocan grandes impactos patrimoniales ni podrían conducir a una generalizada ruptura de contratos.

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Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, bregando por no estrellarse.
 
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