ECONOMíA › JAIME GAZMURRI, SOCIALISTA, SENADOR CHILENO

“Seamos socios en la dificultad”

El vicepresidente de la Cámara alta de Chile llegó a Buenos Aires a visitar colegas y renovar amistades de su exilio entre nosotros. Habló con Página/12 de la crisis en los envíos de gas, encontró “buena voluntad”, pero reclamó “instituciones supranacionales” para resolver este tipo de problemas.

 Por Santiago Rodríguez

“Entendemos que hay una situación de emergencia energética, pero reclamamos que se aplique el criterio de reciprocidad y que seamos socios en la dificultad”, explicó a Página/12 el vicepresidente del Senado de Chile, el socialista Jaime Gazmurri, a propósito del conflicto planteado con la Argentina por las restricciones en la exportación de gas a ese país. De visita en Buenos Aires –donde estuvo exiliado en los últimos años de la dictadura chilena–, Gazmurri aprovechó para reunirse con legisladores, como Cristina Kirchner, con quienes analizó la crisis. “Encontré buena voluntad”, contó de esos encuentros en los cuales conversó también de la integración regional y de la necesidad de empezar a generar “instituciones políticas supranacionales” para resolver las controversias que se presenten. En sus charlas tampoco estuvo ausente el tema del envío de tropas a Haití.
–¿Cuáles deberían ser los ejes centrales de la futura agenda de Latinoamérica?
–El tema es cómo desarrollamos economía, sociedad política, instituciones y estabilidad en un mundo que ha cambiado mucho; cómo nos insertamos con autonomía en la economía y en el mundo global; cómo somos capaces de generar procesos que combinen desarrollo económico con integración social. Hay que repensar las formas de conducción que ejercen los Estados. Al mismo tiempo, la gran disyuntiva es si vamos a pensar nuestros desarrollos nacionales como parte de un conjunto mayor o como crecimientos centrados en nuestros Estados nacionales.
–¿Usted cómo los pensaría?
–Como espacios políticos comunes. La integración tiene que tener como motor principal la vocación política de integrar, de construir instituciones. Si no hacemos eso, la sola integración comercial es muy precaria, porque está sujeta a avatares de cada una de las partes. Pongo dos ejemplos: uno es la devaluación brasileña del 2000, que tuvo efectos terribles en la economía argentina y cambió todas las condiciones de comercio mutuo; el otro, esta crisis energética de hoy día en la Argentina, que está repercutiendo de una manera, que puede ser también bastante dramática en Chile. Si enfrentamos los dilemas y problemas que vamos a tener, sin afirmar marcos comunes políticos con disciplina e instituciones, no vamos a tener un proceso sostenido. Hemos avanzado mucho, pero avanzamos todavía muy poco en el terreno institucional y en la generación de instituciones comunes supranacionales. El Mercosur es el eje y hay que pensarlo como proceso de integración sudamericano y abierto también hacia la América latina del Centro y del Norte. Si no operamos como unidad política en el mundo que viene, vamos a ser víctimas y no constructores del orden que se establezca. América del Sur tiene la población y los recursos para convertirse en un actor de primera línea.
–¿Qué hubiera cambiado de la actual crisis por el gas de existir la institucionalidad supranacional de la que usted habla?
–Hay una dimensión en el tema del gas que me preocupa, que es la falta de un marco mutuamente aceptado para manejar la crisis, y tenemos con el gobierno del presidente Kirchner una diferencia: nosotros le damos validez de tratado al protocolo de integración gasífera, que fue el marco sobre el cual optamos por hacernos muy dependientes de las exportaciones de gas de la Argentina y el gobierno argentino ha dicho que la ley argentina prima frente a ese protocolo, porque no pasó por el Congreso. Es una discusión jurídica, pero también política: cuando firmamos ese protocolo entendimos los dos países que no era necesario pasarlo por los Congresos porque estaba amparado por los acuerdos de la Aladi y, por lo tanto, tenía valor de ley. Entendemos perfectamente que hay una situación de emergencia energética en la Argentina, pero reclamamos que se aplique el criterio de reciprocidad y que seamos socios en la dificultad: esto es que si hay un 15 por ciento de disminución de los suministros, Chile también deberá tener un 15 por ciento menos de exportaciones. En esto se plantea un clásico ejemplo de que cuando no hay instituciones políticas sólidas se generan dificultades para enfrentar los problemas que tenemos. El Mercosur no tiene, por ejemplo, un mecanismo de solución de controversias y hay áreas sensibles. La institucionalidad supranacional se va haciendo más indispensable en la medida en que la integración se fortalece.
–¿Cuáles son las áreas sensibles?
–La más sensible fue la que superamos, que es el área de la seguridad: mientras tuviéramos pleitos que podían dar origen a conflictos en materia de seguridad daba una inseguridad completa a todo los procesos. El área energética es claramente sensible, porque afectan al conjunto del funcionamiento de la economía y la vida cotidiana de las personas. Otra área que va a ser importante es la financiera y cambiaria para poder establecer flujos sólidos y permanentes. Además, avanzaría también a ciertas convergencias en política social, en materia salarial, de inmigración, de prestaciones sociales, de manejo combinado de recursos ecológicos y ambientales que son comunes.
–¿Qué impacto real tiene en Chile la disminución en las exportaciones de gas de la Argentina?
–Hoy tenemos una matriz energética donde el 70 por ciento es hidroelectricidad y el 30 por ciento es gas. Como el 100 por ciento de ese gas es argentino, cualquier restricción nos afecta el 30 por ciento de nuestra capacidad generadora, con distinto impacto en las diferentes regiones del país. Si los suministros bajan mucho eso puede afectar a sectores industriales que no tienen alternativa de reconversión, con el consiguiente impacto en el empleo y en el crecimiento. En cuanto a la generación de electricidad, la alternativa al gas tiene un costo aproximadamente ocho veces mayor, con lo cual tendríamos problemas de encarecimiento y eso tiene efecto en el nivel de vida de la gente y en el crecimiento. En el mediano plazo tendremos que examinar en conjunto cuál es el potencial gasífero argentino a futuro, porque es de vital interés para la Argentina, pero también para Chile.
–Concretamente, ¿en cuánto se redujo la exportación de gas argentino?
–Va cambiando día a día porque depende de diferentes variables, con lo cual tenemos además un problema de imprevisibilidad.
–El gobierno argentino señaló que Chile firmó contrato con las empresas y que, en todo caso, debe reclamarle a ellas.
–El mercado del gas lo operan las empresas, pero sobre un marco regulatorio, ya que las autorizaciones de exportación las da el Gobierno, No se trata del mercado del vino.
–Acá también se hizo la lectura de que los reclamos chilenos estaban motivados, en buena medida, en cuestiones internas de la política chilena.
–Este reclamo es del gobierno chileno, por más que la oposición se aproveche y diga que somos débiles con la Argentina y que nos hemos equivocado en ser tan integracionistas. La derecha chilena es muy aislacionista y se va a aprovechar, pero de la oposición allá nos encargamos nosotros, y hasta ahora, lo hemos hecho más bien que mal: tenemos un gobierno que tiene 60 por ciento de apoyo popular en su quinto año.
–¿Hasta qué punto la crisis energética lesionó la relación entre la Argentina y Chile?
–Estamos en un punto donde debemos resolver bien el marco para generarnos más confianza mutua.
–¿Con quiénes estuvo en la Argentina?
–Con la senadora Cristina Fernández, con diputados de la Comisión de Relaciones Exteriores y con la conducción del socialismo argentino.
–Obviamente, hablaron de la crisis del gas.
–Somos gente amiga y no discutimos del tiempo, aunque tampoco hablamos sólo del gas, sino también de asuntos como el Mercosur y Haití. En las reuniones encontré buena voluntad y espero haber contribuido a que se mire el asunto también desde el lado de Chile.
–¿Y de Haití qué conversaron?
–En Chile estuvimos a favor de la constitución de la fuerza multinacional, porque Haití necesita auxilio en materia de seguridad y porque valoramos mucho que sea una intervención latinoamericana. Esta es una colaboración política y militar que cambia la relación estratégica que ha habido entre los países de un área, que también fue en el pasado muy conflictiva, además de estar amparada por las Naciones Unidas.
–¿Qué opina de quienes advierten que se le hace el juego a Estados Unidos para que pueda sacar tropas de Haití y mandarlas a Irak?
–No estoy de acuerdo. Cuando se meten los norteamericanos se quejan, pero ahora que podemos hacer una contribución como latinoamericanos frente a un problema objetivo, también se quejan. Está en nuestro propio interés y no creo que le estemos haciendo el trabajo sucio a Estados Unidos.
–¿En qué medida será posible la plena integración latinoamericana, mientras no se resuelva el conflicto que Bolivia mantiene con Chile por la salida al mar?
–Está en el más profundo interés de Chile normalizar la relación con Bolivia. Entre Bolivia y Chile no hay problemas jurídicos de derecho pendientes, toda vez que se concluyó un tratado de paz con todas las formalidades del caso, pero sí un tema político: la demanda boliviana de una salida al mar es casi uno de los elementos de la identidad de Bolivia. Se pueden buscar soluciones y esas soluciones las tenemos que buscar entre nosotros y los bolivianos. Todos los países en América latina comparten esto, menos Venezuela y no ahora sino históricamente. Un acuerdo requeriría también el apoyo explícito y formal de Perú. Soluciones se pueden buscar, pero se equivoca la dirección política boliviana si cree que las vamos a encontrar en la confrontación. Hay que generar condiciones de confianza y por lo tanto, gestos inamistosos de Bolivia hacia Chile no ayudan para buscar acuerdos permanentes.

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