ECONOMíA › COMO LOGRAR QUE EL COMERCIO BILATERAL SE AUTORREGULE

La pelea por venderse mejor

Los dos socios mayores del Mercosur evaluarán esta semana la aplicación de la cláusula de adaptación competitiva sectorial.

 Por Claudio Scaletta

La Argentina y Brasil se preparan para definir esta semana sus diferencias comerciales. Desde el jueves se reunirá en Buenos Aires la Comisión de Monitoreo del Comercio Bilateral. Brasil responderá, se espera que afirmativamente, a la propuesta argentina de aplicar salvaguardas cuando las asimetrías comerciales produzcan daños sectoriales. El objetivo es inducir la concreción de acuerdos de autorregulación comercial entre los privados. Se espera que la discusión suba de tono en textiles y, en menor medida, en calzados, bienes de capital y arroz. Otros diferencias, como las de autopartes, vinos y harinas, estarían más encarriladas. También se esperan medidas conjuntas contra productos chinos, como bicicletas, herramientas, textiles y juguetes.
A la cabeza de la agenda de las reuniones que se realizarán el jueves y viernes próximos estará la respuesta del vecino país al establecimiento de la “cláusula de adaptación competitiva o sectorial” propuesta por la Argentina y que habilitará salvaguardas transitorias cuando se demuestren asimetrías en los flujos de intercambio. Si bien existieron muchas resistencias por parte de los industriales brasileños, en la Secretaría de Industria local descuentan que Brasil aceptará el nuevo instrumento. El consenso en ambos países es que no será necesario llegar a la aplicación de las salvaguardas, las que se instrumentarían frente a la demostración de existencia o amenaza de daño sectorial provocado por aumentos extraordinarios en las importaciones, pues confían en que la sola existencia del potencial mecanismo restrictivo será suficiente aliciente para inducir los acuerdos de autorregulación entre privados. Este último aspecto es, entre las diferencias, el punto de consenso principal: los dos gobiernos aspiran que los conflictos comerciales se resuelvan entre los privados, dejando que la intervención de los estados –la aplicación de medidas específicas, como cupos, licencias no automáticas o salvaguardas arancelarias– se produzca solamente en aquellos casos en que tales acuerdos resulten imposibles.
Las ramas que actualmente registran situaciones de conflicto son los textiles, calzados, juguetes e inyectoras de plástico, del lado argentino, y el arroz, las mezclas de harinas y los vinos, por el lado de Brasil.
En algunos de estos sectores ya se llegó a los ansiados acuerdos entre privados. Es el caso de los vinos, donde los productores mendocinos arreglaron no competir por precio en los productos de menor calidad. También se llegó a un acuerdo en calzados. En textiles, en cambio, subsisten muchos sectores sensibles, como el de las toallas.
Tanto en calzados como en textiles la demanda de los empresarios locales era el establecimiento de licencias no automáticas de importación, las que ya funcionan en algunos productos de línea blanca y electrónica. Este mecanismo supone que el importador debe pedir permiso para importar (una licencia) que es aprobado por Industria, siempre y cuando los productos cumplan con determinados prerrequisitos “técnicos”, en un plazo de hasta 90 días (no automático). La importación no necesariamente se prohíbe, pero en el mejor de los casos se demora.
En el caso de las harinas la solución la aplicó Brasil al precisar que podía ser considerado “premezcla”. En la Argentina las exportaciones de harinas pagan retenciones del 20 por ciento, pero las premezclas sólo un 5 por ciento. Así una harina con un simple aditivo se exportaba como premezcla ahorrándose 15 puntos de retenciones. Brasil rechazó esta categorización y puso una barrera a estas últimas al considerarlas “subsidiadas” por la Argentina.
En el sector arrocero, la situación es más compleja. Brasil tiene sobreproducción y aplica precios sostén, lo que era aprovechado por algunos productores locales. Para contrarrestar el ingreso de losproductos argentinos, se optó por aplicar una batería de restricciones paraarancelarias.
El sector automotor es otro donde el libre intercambio resulta impensable, pero a fines de la semana pasada se formalizó que no habrá libre comercio. A diferencia de otras oportunidades, esta vez no se trató de una posposición de fechas, sino que el plazo para alcanzar el hipotético libre comercio fue sencillamente eliminado. Por lo tanto, continuará el régimen de “intercambio compensado”. Dado que esta compensación no es 1 a 1, en las reuniones de esta semana se discutirán algunas modificaciones de los márgenes. Uno de los aspectos más delicados en este sector es de las autopartes. Como en toda cadena de valor, existen intereses contrapuestos. Las terminales están interesadas en bajar los precios de sus proveedores. Las autopartistas decidieron defenderse creando una cámara supranacional a la que llamaron Mercopart.

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