ECONOMíA › DISPUTAS ENTRE LAS ENTIDADES EN TORNO DEL PARO DECRETADO POR CRA

Suenan voces detrás de la tranquera

CRA mantiene firme la decisión de parar a partir del sábado, por cuatro días. Los sectores más duros le reclamaban dos semanas de inactividad. Otras entidades sospechan de los móviles de la medida.

 Por Claudio Zlotnik

A 96 horas del inicio del primer paro del campo contra la administración Kirchner, la medida de fuerza ya levantó un áspero debate entre las distintas partes. Los productores critican con dureza al Gobierno, pero a la vez miran con recelo a otros sectores de la cadena, que se están quedando con una rentabilidad extraordinaria. Desde la Casa Rosada, por su parte, reprochan a los ruralistas que organizaron la medida de fuerza por el largo silencio que mantuvieron durante el uno a uno. La desconfianza existe entre las propias entidades del campo.

El anuncio del paro puso en el centro de la escena la rentabilidad del sector agropecuario. Los productores de Carbap aseguran que la barrera a las exportaciones los puso al borde de la quiebra. Culpan al Gobierno del fuerte golpe, que indujo una caída del 30 por ciento promedio en el precio del ganado en pie. Rebaja cuya total dimensión nunca llegó a las carnicerías de barrio ni a los supermercados. Desde que se pararon las ventas al exterior, los cortes bajaron 5 por ciento, en promedio. Esa caída llegó a duplicarse en los casos de los cortes populares. Y entonces, ¿quién se quedó con el resto?

Desde las entidades agropecuarias ponen la lupa en los intermediarios y en la cadena de comercialización. Por un lado los frigoríficos y los matarifes y, por el otro, las propias carnicerías incrementaron sus márgenes de ganancia en el último trimestre. Los productores, incluso, aseguran que los grandes frigoríficos stockearon gran cantidad de medias reses aprovechando los valores deprimidos de la hacienda.

Esta distorsión malhumoró a los productores, desde los más pequeños a los grandes. Pero también es cierto que, según coinciden tras las tranqueras, la convulsión fue aprovechada para llevar a la superficie cuestiones ideológicas. Los sectores más liberales del ruralismo le quieren enviar a Néstor Kirchner una fuerte señal de que resistirán en pie cualquier nueva intención de intervencionismo estatal. Sobre algunos campos sobrevuelan los fantasmas de más medidas regulatorias, como la resurrección de la Junta Nacional de Granos o la Junta Nacional de Carnes. O de que desde el Estado se controlen los alquileres de los campos, como ocurría durante los años ’70.

En este contexto ideológicamente cargado, se entiende la interna política en el seno de CRA. Los sectores más duros, referenciados en su vicepresidente, Néstor Roulet, y en Manuel Cabanellas, que reclamaban dos semanas de huelga, y los más favorables al diálogo, encabezados por Mario Llambías, titular de CRA. Las miradas de resquemor se cruzan también entre la Rural y los productores de Confederaciones. Si bien en público la Sociedad Rural respaldó la protesta, en la intimidad los dirigentes maldicen la oportunidad: se produce justo en la misma semana de la exposición anual en Palermo.

En el Gobierno aseguran que el paro no tendrá mayor impacto en la comercialización de carnes ni de granos. La medida comienza durante el fin de semana y se extiende al lunes y martes, lo que no debería traer complicaciones. Lo mismo, la semana pasada hubo gestiones de Guillermo Moreno para frenar la huelga y no habría que descartar un nuevo acercamiento antes del viernes.

A poco de la medida de fuerza, en los despachos oficiales siguen destacando el éxito que tuvo la prohibición de las exportaciones de carnes, aun a costa del enojo de los productores. Eso no quita que los funcionarios sigan con lupa la evolución del precio de la hacienda en Liniers, que se encareció 16 por ciento en los últimos cinco días. Los mismos funcionarios admiten que el levantamiento parcial de las exportaciones es una de las causas principales de la suba de los valores. Si bien aseguran que no debería haber ningún problema con los precios al consumidor, miran con atención que, en medio de la pelea por el paro, las carnicerías o la industria aprovechen para incrementar aún más su rentabilidad.

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El mercado de Liniers es visto como el termómetro de la situación de la producción.
 
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