ECONOMíA › OPINION

A la plata le pagan más

 Por Julio Nudler

Al personaje de esta historia le pasaron unas cuantas cosas en los últimos tiempos. Dejando de lado las más personales e íntimas, le encanutaron el plazo fijo que tenía y después lo echaron del trabajo. Es decir, nada diferente de lo que le sucedió a tantos otros. Pero anteanoche recibió una excelente noticia: podrá recuperar los 7000 pesos de su plazo fijo, que con el CER se le irán a cerca de diez mil. No serán los 18 mil que tendría si le devolvieran los 5000 dólares que puso en el banco, ¿pero para qué llorar desde el alma lo perdido?
Ahora con 10 mil pesos se abre un maravilloso mundo ante él: puede hacer trabajar esa plata; más exactamente, hacer que trabaje en lugar de él, que es un desocupado. La pondrá en letras del Banco Central o en un plazo fijo libre (el que le pisaron era un plazo fijo esclavo, según ahora se sabe). Quizá le rinda 6000 pesos anuales, que es lo mismo que 500 al mes, una cifra que él no puede conseguir con sus manos ni su cerebro. Es incluso más de lo que mucha gente gana, aun teniendo trabajo.
Después se asombran de que haya cada vez más audaces que olvidan lo sucedido y confían su dinero al Estado o a los bancos. ¿Qué alternativa les queda, si la plata que ganan con su labor no les alcanza, o si ni siquiera tienen empleo? Tampoco van a preguntarse quién está en condiciones de tomar esa plata que se deposita al 60 por ciento: ¿qué negocio resulta tan rentable o, si es el Gobierno, cómo hará para devolver esta nueva deuda? La cuestión no les incumbe.
La gente común que tuvo ahorros, ahora se los está comiendo, o trata de vivir de ellos. Los economistas seguirán distinguiendo entre dinero transaccional (el necesario para la subsistencia cotidiana) y no transaccional (el reservado para el futuro), pero a esas categorías les pasó por arriba la crisis. Ahora rigen otras, menos sistematizables.
En los primeros meses del cataclismo, la gente aún podía respetar el sagrado carácter de sus ahorros, y, en la medida en que lograba rescatarlos, los convertía en dólares a cualquier precio, porque el dólar, con su constante ascenso, era gran reserva de valor y hasta generosa fuente de renta. Pero, por el momento, perdió esa vitalidad.
Su papel va siendo tomado por los pesos puestos a tasa, que además crean la subyugante sensación de que se puede beber la leche sin que la vaca se vaya muriendo. En su momento se verá si es así. Esto dependerá de la inflación. Pero es demasiado preguntar, sobre todo cuando los países no dan para elegir.

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