ECONOMIA › SINDICATOS, EMPRESAS Y ESTADO

Ménage à trois

 Por Alfredo Zaiat

Los empresarios deberían estar conformes o, al menos, satisfechos. Un Kirchner, Cristina, por primera vez en el período de gobierno de casi cuatro años y medio, estuvo presente en un evento que congrega a lo más granado del establishment. Si antes se sentían maltratados porque otro Kirchner, Néstor, no concurría a sus mitines para parlotearles, ayer tuvieron una sobredosis: Cristina habló corrido casi 50 minutos, y luego casi media hora más para responder tres amigables interrogantes que les trasmitió Gustavo Ripoll, director general de Microsoft y titular de IDEA. Al parecer, los ejecutivos ya habían escuchado bastante y querían comer, por los murmullos en la sala al momento de las preguntas. Fue todo un símbolo. A los empresarios les interesa saber lo que piensa el Presidente o la eventual Presidenta, pero les importa mucho más que se allane a los usos y costumbres del poder económico. Esto es, que el político les rinda tributo público y pase el examen de lo que denominan “previsibilidad para los negocios”. De acuerdo con los posteriores comentarios de superficie, Cristina Fernández de Kirchner superó esa prueba.

Se presentó recordando que no era la primera vez que estaba en un Precoloquio de IDEA. “Es la segunda oportunidad de encontrarnos”, evocó, aunque su anterior visita fue cuando no estaba en el poder. La convocatoria fue excepcional. Los principales ejecutivos de las más importantes empresas del país se acercaron al salón más grande que tiene el Sheraton, en Retiro. Pero también tuvo su mesa el titular de la CGT, Hugo Moyano, quien evitó el traje y la corbata, y en otra más lejos, Oscar Lescano y Juan José Zanola, de los Gordos de la CGT, sentados junto al banquero Jorge Brito, Ernesto Gutiérrez de Aeropuertos Argentina 2000 y Marcelo Mindlin y Alejandro Mac Fairlane, de Edenor.

Esa comunión de sindicatos y empresarios, con el Estado como el tercer jugador, constituye el eje principal de la propuesta socioeconómica de Cristina Fernández de Kirchner para su gobierno. Un ménage à trois que ayer precisó un poco más frente al selecto auditorio de IDEA. El proyecto, que se traduciría en el corazón de la próxima gestión, consiste en articular un amplio acuerdo social para brindar viabilidad y sustentabilidad al actual modelo económico. Acuerdo que la candidata oficialista amplió por encima del conocido –pero con escasa utilización en Argentina– de precios y salarios entre gremios y patronal, para extenderlo a definir objetivos macroeconómicos. Con la pretensión de fijar metas y evaluar su cumplimiento, detalló. De inversión, salarios, superávit fiscal, de crecimiento económico, entre otras variables, mencionó Cristina.

Resulta ambicioso ese proyecto, teniendo en cuenta la experiencia reciente y la historia pasada de los agentes económicos. Ese plan de acuerdo social aspira a involucrar a sindicatos y empresas detrás del actual modelo económico, en una aceptación de las actuales reglas de juego que, inicialmente, puede parecer pretencioso, no por la evaluación más o menos positiva del presente proceso, sino por los antecedentes de los protagonistas. La motivación es que “estamos ante otro país, es una oportunidad que no hay que desperdiciar”, propuso Cristina. Y definió el rol que, según ella, le corresponde a cada uno de los actores:

- A los empresarios, generar riqueza en un contexto de distribución del ingreso. Para seducirlos, los elogió diciendo que “no es pecado la riqueza empresaria, ganar dinero, como motor del crecimiento”.

- A los trabajadores, mejorar su participación en el reparto de la riqueza, considerándose además como consumidores y usuarios, sin detallar qué significa.

- Al Estado, lo distinguió por la negativa: “Ya no se necesita un Estado omnipresente”, pero dejó en claro mediante varios ejemplos que ocupará un papel relevante en la economía, según el caso. O sea, será un Estado- árbitro dependiendo de las circunstancias que el poder político considere la intervención.

Ante la evidente dificultad que implicará ordenar esa propuesta, Cristina Fernández de Kirchner admitió que su plan de acuerdo social no anula la conflictividad social, sino que aspira a que sea canalizada “democráticamente”. Y concluyó, en tono de confesión o de reconocer restricciones: “No todo será color de rosa”.

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Cristina de Kirchner precisó el proyecto de acuerdo social.
 
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