EL MUNDO › CERCA DE DOS MILLONES EN LA PROTESTA DE LAS SEIS CENTRALES SINDICALES CONTRA LA REFORMA EN FRANCIA

Marcha contra el plan jubilatorio de Sarko

Los sindicatos consiguieron prácticamente multiplicar por dos el número de manifestantes que a finales de mayo se opuso a esta reforma de Sarkozy que rompe con una herencia del difunto presidente socialista François Mitterrand.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Trabajadores del sector público se manifiestan contra la reforma jubilatoria en las calles de París.
Imagen: EFE.

La segunda movilización del año contra la reforma del sistema de jubilaciones sacó más gente a la calle de lo que el Ejecutivo de Nicolas Sarkozy había calculado. Las seis centrales sindicales de Francia lograron movilizar a casi dos millones de personas, según fuentes sindicales, y unas 800.000, según las autoridades, para protestar por la reforma de las jubilaciones presentada por el ministro de Trabajo, Eric Woerth, cuyo objetivo es ampliar la edad de la jubilación para llevarla a los 62 años, frente a los 60 actuales. Antes de ayer, el entorno del gobierno había calculado que con menos de dos millones de personas en la calle la reforma estaba ganada. Pero la movilización superó el vaticinio oficial y los sindicatos consiguieron prácticamente multiplicar por dos el número de manifestantes que a finales de mayo se opuso a esta reforma que rompe con una herencia del difunto presidente socialista François Mitterrand.

Los sindicatos y la izquierda francesa –muy dividida sobre esta cuestión– argumentan que esta reforma penaliza a los trabajadores con menos calificación y beneficia al patronato por cuanto todo el peso de la reforma cae en las espaldas de la clase trabajadora. Las frondosas manifestaciones que poblaron las calles de ciudades como París, Marsella, Burdeos, Rennes, Le Mans, Niza, Lyon, Grenoble o Saint Etienne caen en el peor momento para el artífice de la reforma, Eric Woerth. El ministro de Trabajo aparece personalmente implicado en un enredado y jugoso escándalo de favores concedidos a una de las grandes fortunas del mundo y la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, única heredera del creador y fundador del imperio de cosméticos L’Oréal. Esta auténtica telenovela tiene como protagonistas al ministro, a su mujer, a un dandy curioso, a la millonaria y a un mayordomo que grabó conversaciones personales de la millonaria. El problema radica en que la fortuna de esta riquísima mujer estaba administrada en parte por Florence Woerth, la esposa de Eric Woerth en la época en que era ministro de Presupuesto. Florence Woerth era una suerte de “asesora económica” de Liliane Bettencourt. Esta señora de 87 años tenía la costumbre de ocultar su dinero para no pagar impuestos: había abierto varias cuentas ocultas en países de bondad fiscal –Suiza– y poseía una isla en las Seychelles que nunca declaró al fisco. El “conflicto de intereses” parece evidente, pero el ministro lo refutó y ratificó que permanecería en su cargo.

El escenario de los paros y las manifestaciones de ayer era tanto más denso cuanto que otros titulares del Ejecutivo figuran con escándalos encima: uno de ellos fue intimado por el primer ministro francés, François Fillon, a pagar de su bolsillo los 15.000 dólares que consumió en cigarros de La Habana y que fueron pagados con dinero público. Esta pelota vino a mezclarse con otra, es decir, el fiasco oprobioso de la selección francesa de fútbol en el Mundial de Africa del Sur y su inevitable transferencia al orbe político. Nicolas Sarkozy se metió en el asunto y ayer recibió al jugador Thierry Henry, es decir, justo cuando el país estaba en la calle por motivos menos frívolos que una pelota de fútbol. François Chérèque, responsable del segundo sindicato francés, la CFDT, estimó que fue “la mayor manifestación del año y ello muestra que el sentimiento de injusticia frente a esta reforma brutal crece”. Los sondeos tienden a darle razón. Según una cuesta de CSA, el 68 por ciento de los franceses aprobó la convocatoria a la huelga. Los carteles que desfilaron por París tenían un sólido tono irónico de denuncia de la desigualdad en el tratamiento. Una pancarta decía “Jubilación: primer ministro, seis meses; legisladores, seis años; obrero, 42 años. ¿Dónde está el error? ¡1789 está llegando!” –Año de la Revolución Francesa que derrocó a la monarquía–.

La reforma de las jubilaciones es la iniciativa más polémica de la presidencia de Nicolas Sarkozy. Esta debería ser aprobada en septiembre en el Parlamento, con o sin consenso, según reafirmó Nicolas Sarkozy. El gobierno presentó como argumento los cambios que se han producido y la necesidad de equilibrar las cuentas del Estado si se quiere garantizar la jubilación para todos. La crisis financiera de 2008 triplicó el déficit del sistema de jubilaciones y pensiones en Francia. Este llegó en 2010 a 32.000 millones de euros. El gobierno alega que si no hay cambios en 2018 ese déficit llegará a 42.300 millones de euros. Lo cierto es que el carácter de la reforma, los escándalos que implican a los ministros sin que éstos renuncien y el tratamiento de favor que reciben los caprichosos y millonarios jugadores de la selección francesa de fútbol que hicieron un papelón mundial en Sudáfrica le dieron verosimilitud al discurso sindical de izquierda. Este apunta a decir que los que tienen mucho reciben todo y los que poco tienen lo pierden todo. El jugador Thierry Henry fue uno de los que hizo la huelga con la selección en Sudáfrica –se negaron a entrenar–. Sin embargo, Sarkozy lo recibió ayer. El líder de la CGT, Bernard Thibault, comentaba el jueves con cierta ironía: “Si 23 huelguistas (los jugadores) logran modificar la agenda del presidente, pensamos que los responsables sindicales serán recibidos”. El jefe de la CFT cerró el comentario diciendo: “Hay millones de personas en las calles, hay millones de desempleados, tenemos problemas de poder adquisitivo y el presidente pasa su tiempo escuchando a un futbolista que gana 15 millones por año”.

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