EL MUNDO › UNA RAMA LOCAL DE LA ORGANIZACION EXTREMISTA ATACO UNA PLANTA DE GAS EN ARGELIA EN REPRESALIA POR LA INTERVENCION EN MALI

Al Qaida capturó más de cuarenta rehenes

Entre los rehenes hay norteamericanos, británicos, franceses y noruegos. El comando reclama la liberación de cien islamistas detenidos en Argelia, a lo que Argel se niega. En la toma de la planta murieron un británico y un argelino.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La intervención militar francesa en Mali, decidida hace una semana por el presidente socialista François Hollande con el pretexto de combatir el terrorismo e impedir el avance de los islamistas hacia las regiones del sur, tropezó con un desenlace dramático: un grupo islamista que se reivindica como una rama de Al Qaida proveniente del norte de Mali atacó una planta de gas situada en la localidad argelina de Amenas, al sureste del país y próxima a la frontera con Libia. El comando de Aqmi (Al Qaida en el Magreb Islámico) secuestró a 41 personas, en su mayoría extranjeros. El asalto a la planta de gas explotada por la compañía nacional Sonatrach, junto a la británica British Petroleum y la noruega Statoil, dejó un saldo de dos muertos, un británico y un argelino. Uno de los islamistas que participaron en el operativo afirmó que éste se llevó a cabo en “represalia” contra la intervención francesa en Mali. Entre los 41 secuestrados hay personas de nacionalidad británica, norteamericana (7), francesa (2), noruega (13) y japonesa. Además, el comando también mantiene en cautiverio a 150 argelinos que trabajaban en el lugar. A diferencia de los 41 extranjeros, los argelinos sólo estarían bloqueados en la base, pero no secuestrados. Un portavoz del grupo terrorista planteó como exigencia la liberación de cien islamistas detenidos en Argelia. Argel rehúsa ceder en este punto.

Los miembros del comando dijeron que pertenecían a la brigada Jaled Aboul Abbas, Mokhtar Belmokhtar. Este último, apodado El Tuerto, es uno de los jefes históricos de Al Qaida en el Magreb islámico y quien introdujo esta célula en el norte de Mali. Un diario argelino, El Watan, reveló que a la cabeza del grupo terrorista Katiba de Moulathamine –Los Firmantes con Sangre– está Mokhtar Belmokhta. El ministro argelino de Interior, Dahou Ould Kablia, aclaró que los terroristas no procedían de Mali sino de Libia y que no consiguieron su propósito de abandonar la planta gasífera con los rehenes y salir del país.

Los terroristas advirtieron en un comunicado que cualquier intento de liberar a los rehenes acabaría en un “trágico final” y exigieron que se ponga término a los ataques franceses en el norte de Mali. Este episodio se produce en un momento en que Francia cambió su estrategia de intervención en Mali. Las tropas francesas, un total de 2500 hombres, o sea, más que las que estaban movilizadas en Afganistán, empezaron a combatir “cuerpo a cuerpo” con los islamistas que intentan ganar las ciudades del sur de Mali. La configuración cambió de pronto con la permeable lectura que París hizo de la resolución 2085 del Consejo de Seguridad de la ONU, que autorizó el despliegue de una fuerza africana en Mali, pero en ningún caso la intervención directa de un país occidental y, menos aún, con tropas en tierra.

La situación es confusa. Informaciones coincidentes dan cuenta de la férrea resistencia que los soldados franceses encuentran en su avance. Pese a los bombardeos con aviones Mirage, las tropas francomalienses aún no lograron retomar el control de la ciudad de Koma, que estaba en manos de la coalición de cuatro grupos islamistas que se aliaron en su avance hacia el sur. En este sentido, el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, admitió que la guerra “será larga” (ver aparte). Drian reveló que los grupos islamistas cuentan con alrededor 1200 combatientes en el centro del país. A ello cabe sumarle los refuerzos provenientes de las células islamistas que abundan en la vasta zona sahariana, en donde AQMI tiene un control total. Se trata de un territorio que va desde Mauritania –oeste– hasta Libia en el este, y desde Nigeria y Níger –sur– hasta Argelia y Túnez.

Francia enfrenta a un adversario complejo y cambiante, y muy bien armado. Los jihadistas cuentan con un fructuoso arsenal proveniente de la guerra occidental que destronó al presidente libio Muammar Khadafi. Muchos de los combatientes a los que hoy enfrenta Francia trabajaron como mercenarios al servicio de Khadafi. El grupo que perpetró el ataque en Argelia secuestró en 2009 a tres catalanes y más tarde a un italiano.

La elección de Argelia como blanco también se explica por la solidaridad que Argel manifestó con París a propósito de la intervención militar en Mali. En signo de respaldo, Argelia anunció que cerraba su frontera con Mali para impedir que los islamistas se refugiaran en Argelia. Demasiado tarde. A las opiniones públicas occidentales parece encantarles la guerra, sobre todo cuando el objetivo son musulmanes o islamistas. El 75 por ciento de la opinión pública respalda la decisión del presidente socialista de entrar en el conflicto maliense. Ahora, sin embargo, con el secuestro colectivo de 41 extranjeros en Argelia, el conflicto reviste una dimensión mucho más internacional e imprevisible.

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Imagen de la planta de gas en Amenas, en la que participa la petrolera noruega Statoil, donde fueron secuestrados 41 occidentales.
Imagen: EFE
 
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