EL MUNDO › WASHINGTON Y BRUSELAS NEGOCIAN LA FORMACIóN DE LA ZONA FRANCA MáS GRANDE DEL MUNDO

Libre comercio entre Europa y Estados Unidos

En una declaración conjunta, Obama y dos de los principales líderes de la Unión Europea, Van Rompuy y Barroso, señalaron que están comprometidos a profundizar una relación transatlántica “equivalente a la mitad de la producción global”.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Estados Unidos y la Unión Europea (UE) anunciaron el comienzo de negociaciones para la formación de la zona de libre comercio más grande del mundo. En una declaración conjunta, el presidente Barack Obama, el del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, señalaron que están comprometidos a profundizar una relación transatlántica “equivalente a la mitad de la producción global y casi un billón de dólares anuales”.

El anuncio siguió a una solitaria frase del discurso del Estado de la Unión de Obama, el martes por la noche, en la que anunciaba el comienzo de las negociaciones “porque un comercio libre y justo es la base de millones de puestos de trabajo en Estados Unidos”. Esta frase fue el punto de partida que estaban esperando en Europa mandatarios como la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro británico David Cameron, quienes se habían manifestado en más de una oportunidad a favor de un tratado. “Eliminar las barreras comerciales que quedan para asegurar un amplio acuerdo no será fácil y requerirá valentía de ambas partes, pero será ampliamente beneficioso”, dijo Cameron, uno de los primeros políticos europeos en reaccionar al anuncio.

Con un 2013 incierto a la vista y el permanente desafío de Asia en el horizonte, la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio es uno de los pocos senderos que tienen los países desarrollados para salir a mediano plazo de la arena movediza que ha dejado el estallido financiero de 2008. Según estimaciones oficiales de la UE, un acuerdo amplio estimulará el crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) en un 0,5 por ciento. En Estados Unidos el cálculo del Representante Comercial Ron Kirk era que una eliminación de las barreras comerciales añadiría unos 50 mil millones de dólares a la economía estadounidense.

El reiterado fracaso de la Ronda de Liberalización Comercial de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que comenzó en 2001 después de los atentados contra las Torres Gemelas y tuvo un último intento de resucitamiento en 2011, es parte del trasfondo de esta búsqueda de acuerdos bilaterales que se han multiplicado en los últimos años. Los aranceles comerciales EE.UU.-UE son bajos –en promedio un tres por ciento–, pero su eliminación, en un intercambio calculado en cerca de tres mil millones de dólares diarios, supondría un gigantesco estímulo y un significativo ahorro que podría trasladarse al consumo doméstico, un sector que a ambos lados del Atlántico necesita alicientes que lo ayuden a gastar a pesar del sobreendeudamiento incurrido en la pasada década del dinero fácil.

No cabe duda que ambas partes lo necesitan. Mientras Asia, América latina y Africa tienen una respetable perspectiva de crecimiento para este año, la UE, con el marasmo de la Eurozona, el gigantesco endeudamiento y los programas de austeridad, está luchando por evitar la recesión, mientras que Estados Unidos sufrió una contracción en el último trimestre del año pasado y necesita un crecimiento menos esquelético que el actual para recuperar el terreno perdido. Pero los obstáculos a una zona de libre comercio EE.UU.-UE son también gigantescos. Si el anuncio de Obama fue música para Merkel y Cameron, el sonido fue un poco más disonante para el presidente de Francia, François Hollande, siempre preocupado por cualquier amenaza a los subsidios agrícolas que se llevan casi el 40 por ciento del presupuesto europeo.

El tema agrícola –que ha empantanado la negociación de un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la UE– no es el único obstáculo. Una verdadera pesadilla es la armonización regulatoria de la industria farmacéutica, automotriz y alimentaria. Un caso que promete largas batallas son los alimentos genéticamente modificados que tienen fuertes trabas en Europa.

Los pesimistas señalan que una negociación a fondo tomará años. El modelo Mercosur-UE es un ejemplo de las dificultades. A fines de 1995 ambos firmaron un Acuerdo Marco Interregional (AMI), paso previo a un Tratado de Asociación, basado en el libre comercio, la cooperación y el diálogo político. Unos 18 años más tarde está claro que el libre comercio ha sido la tumba del asunto, pese a lo cual, en la última sesión plenaria de la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur en diciembre, la presidenta Cristina Fernández apoyó una aceleración de las negociaciones con la UE, siempre y cuando se “hable de igual a igual”.

Según el profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Nottingham Andreas Bieler la crisis económica mundial, que puede complicar la negociación EE.UU.-UE, podría también acelerarla, sobre todo cuando el fantasma asiático está tocando a la puerta de los países desarrollados. Este tipo de competencia con China puede empujar a un acuerdo, a pesar de que en muchas áreas todavía no hay una competencia directa con China que tiene mucho más comercio en exportaciones baratas, mientras que Estados Unidos y la Unión Europea están más centrados en productos más sofisticados”, señaló a Página/12 Bieler.

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El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, anuncia en Bruselas la negociación con Estados Unidos.
Imagen: EFE
 
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