EL MUNDO › HABIA SIDO CONDENADO POR EL ASESINATO DEL QUIMICO BERRIOS

Se mató un represor chileno

Ramírez Rurange había sido sentenciado el martes último por el asesinato del ex agente de inteligencia Eugenio Berríos, un químico que trabajó con el gas sarín usado por la dictadura de Augusto Pinochet y fue asesinado en Uruguay.

El general en retiro del ejército chileno, Hernán Ramírez Rurange, se suicidó este jueves, luego de ser condenado a 20 años de cárcel por su responsabilidad en el secuestro y muerte del ex químico de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Eugenio Berríos, hallado muerto en Uruguay en 1995.

Según los primeros reportes oficiales, el ex militar se encontraba junto a su mujer en su domicilio ubicado en la comuna de Las Condes, en la ciudad de Santiago, de donde salió hasta la escalera de su edificio para dispararse en la cabeza con su revólver calibre 32.

Ramírez ingresó al Hospital Militar de Santiago con “una herida de bala craneal” y “dada la gravedad de la herida y pese a los esfuerzos realizados por el equipo médico que lo atendió, el general (R) falleció a las 3 de la mañana. Ramírez fue sentenciado el martes último por el asesinato de Berríos, químico que trabajó con el gas sarín usado por la dictadura de Augusto Pinochet. Berríos fue encontrado muerto en una playa de Uruguay, días antes de prestar testimonio por el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, ocurrido en Washington, Estados Unidos.

El ex jefe de la Central Nacional (CNI), Odlanier Mena, también condenado por delitos de lesa humanidad, se disparó en la cabeza cuando el ex presidente Sebastián Piñera cerró la prisión militar Cordillera, lo que significó el traslado de todos sus reos hasta el penal Punta Peuco, ubicado en Santiago.

Berríos huyó de Chile a Uruguay en octubre de 1991, cuando la dictadura ya había terminado y se iniciaban las primeras investigaciones por algunas de las más de 3200 víctimas que se le atribuyen al régimen (1973-1990).

Confabulados con la dictadura chilena para borrar los rastros de sus crímenes, militares uruguayos ayudaron a concretar el asesinato de Berríos, en uno de los últimos vestigios de la llamada Operación Cóndor, un plan acordado en la década del ’70 y que unió a las dictaduras militares del Cono Sur para el exterminio de opositores.

A Berríos se le sindica como el responsable de la fabricación en Chile de los denominados gases sarín, soman y tabun, para ser usados en conflictos con países vecinos y contra opositores al régimen. Tras refugiarse en Uruguay, su cadáver fue hallado en la playa del balneario El Pinar de ese país.

La Corte Suprema de Chile había confirmado el martes la sentencia a 20 años de prisión de Ramírez, quien de acuerdo a la investigación judicial ordenó el secuestro de Berríos, por petición expresa de Pinochet, quien tras dejar el gobierno permaneció ocho años más al frente del ejército, hasta 1998. Otros 10 ex militares chilenos fueron también condenados a penas de entre cinco y 20 años, mientras que tres ex militares uruguayos –Tomás Casella, Eduardo Radaelli y Wellington Sarli– recibieron entre cinco y 15 años de cárcel.

Los oficiales uruguayos llegaron a Chile en abril de 2006 luego de ser extraditados. Todos los condenados debían iniciar en los próximos días el cumplimiento de las condenas en el penal especial para uniformados de Punta Peuco, en las afueras de Santiago.

Con la muerte de Berríos se perdió valiosa información acerca del desarrollo de armas químicas durante la dictadura de Pinochet, que hoy la Justicia investiga si se pudieron haber usado en la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva, en 1982, y del poeta comunista y Premio Nobel, Pablo Neruda, a pocos días de iniciado el régimen, en septiembre de 1973.

“Obviamente este caso es una situación lamentable y como gobierno vamos a seguir trabajando por el establecimiento de la verdad”, afirmó la ministra de Justicia, Javiera Blanco, que adelantó que el gobierno trabaja en iniciativas para evitar que prescriban delitos de lesa humanidad y que los condenados no reciban beneficios penitenciarios.

Frei y Neruda murieron en la misma clínica de Santiago. El ex mandatario, que se alzaba en esa época como la principal figura de la oposición a Pinochet, murió de una repentina septicemia tras ingresar por una operación rutinaria. La Justicia halló rastros tóxicos en los restos del ex presidente. Neruda, en tanto, murió un día antes de partir a México para iniciar desde allí la oposición internacional a Pinochet. Inicialmente, se informó que murió a raíz del agravamiento de un cáncer, pero un panel de expertos analiza desde 2011 si recibió una inyección que pudo haber acelerado su muerte.

“La figura de Berríos era de extraordinaria importancia para poder esclarecer realmente casos de violación a los derechos humanos ocurridos en la dictadura”, dijo la abogada Fabiola Letelier, hermana del ex canciller chileno Orlando Letelier, asesinado tras el estallido de una bomba adosada a su auto en Washington en 1976. Cuando Berríos fue citado a declarar en este caso –para el que inicialmente la dictadura planeó un asesinato con armas químicas– se produce su huida a Uruguay.

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El general pinochetista Ramírez Rurange había sido condenado a 20 años de cárcel.
 
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