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Un elefante ocupó mucho espacio en la TV de Rusia

Aparentemente, el proceso electoral rumbo a las elecciones legislativas de hoy en Rusia ha sido irreprochable. Compitieron 23 partidos y todos pudieron expresarse. Pero la TV tuvo “un elefante” –dice esta nota– que favoreció al Kremlin.

Por Mary Dejevsky *
Desde Moscú

Esta noche, los rusos prenderán sus televisores después de cenar y verán imágenes y oirán palabras que han sido familiares a la mayoría de los norteamericanos y europeos occidentales por décadas, pero que aún son una novedad en Rusia. Después de las 8 de la noche, al menos cuatro canales de televisión estarán propagando “especiales electorales”, algunos de los cuales están programados para durar toda la noche, con todos los presentadores estrella, analistas políticos principales y la magia de alta tecnología que puedan entregar. En las horas previas, millones de rusos –aunque bastantes menos que en los tiempos soviéticos– habrán ido a las urnas a elegir su nuevo Parlamento nacional, la Duma. Once líderes regionales también serán elegidos, así como una cantidad de nuevas legislaturas locales.
La institución que preside y monitorea las elecciones, la Comisión Electoral Central, ha instalado una supercomputadora supuestamente capaz de calcular los resultados con una precisión de dos puntos decimales a medida que cada circunscripción entrega sus resultados. También ha reequipado su sede central de Moscú para presentar estudios deslumbrantes, dotados por las compañías de televisión en diferentes variaciones de los colores patrióticos de rojo, blanco y azul. Hay múltiples conexiones de computadora y vastas pantallas para ayudar a los periodistas a seguir las novedades a lo largo de todo este país de 10 husos horarios. Hasta ahora, asumiendo que la tecnología se sostenga, todo bien. También es promisorio el grado al cual las reglas electorales han sido observadas por los medios rusos –y, por cierto, por los candidatos y sus partidos, en los tres meses de campaña–. A cada partido se le adjudicó una cantidad fija de tiempo en el aire que pudo usar como quiso.
En las últimas dos semanas también hubo debates televisados casi todas las noches, involucrando cada vez de cuatro a seis de los 23 partidos registrados. A medida que pasaban los días, los argumentos se volvieron más sustanciales, los políticos más competentes para presentar sus posiciones en el tiempo que tenían y los miembros de la audiencia más atraídos a unirse a las preguntas en los micrófonos.
No se permitió que se tomaran o publicaran encuestas de opinión después del jueves, y no lo fueron. La campaña –en el aire y en las calles– terminó en la medianoche del viernes. Ayer fue un día libre de política; la televisión pasó mayormente programas sobre la naturaleza, de preguntas y respuestas y de espectáculos. Sin embargo, este retrato de escrupulosa honestidad y disciplina no es todo lo que parece. Hubo un gran elefante detrás, o a menudo en el centro, de la pantalla de televisión, y se llamó Rusia Unida. Este es el partido que fue montado hace cuatro años como una alianza de otros dos partidos, para vehiculizar las políticas del presidente Putin en la Duma. En ese breve plazo, ha llegado cerca de convertirse, como su propia propaganda alardea, en el “partido del poder”.
Rusia Unida tiene la influencia, y el dinero, que se deriva de su patronazgo por el Kremlin. Juntas, estas ventajas se han vuelto conocidas como “recursos administrativos” durante la campaña. Sin romper necesariamente regla alguna, Rusia Unida ha sido sin embargo capaz de imponerse de un modo que ningún otro partido logró hacerlo.
Sus posters y banderas permanecieron en su lugar mientras los de los otros partidos eran misteriosamente arrancados. En las últimas tres semanas de la campaña, las noticias televisadas, aunque no estuvieran controladas directamente por el Estado, daban la apertura al presidente Putin casi todos los días.
Las noticias pro-Kremlin eran seguidas a menudo por otras noticias que mostraban a los principales oponentes de Rusia Unida, los comunistas, en una luz desvaforable. Inicialmente, Rusia Unida pareció contemplar a los reformistas de libre mercado como la amenaza principal, pero posteriormente cambió de blancos. Durante la semana pasada, los programasde noticias mostraron escenas de impresionante decadencia urbana y rural, pero sólo en circunscripciones donde los comunistas están en el poder. También hubo recordatorios estratégicamente desplegados de los viejos malos tiempos, incluyendo una larga cobertura de una manifestación de partidarios de sacerdotes y monjes ortodoxos reprimidos en la Unión Soviética. No se mencionó que la manifestación había sido organizada por el ala juvenil de Rusia Unida.
Esta cobertura parcial atrajo la atención de observadores de la OCDE en Europa en su informe provisorio publicado el fin de semana pasado, que expresó serias dudas no sobre la conducción de las elecciones pero sí sobre la ideologización que los observadores detectaron en la prensa. Tal vez como resultado de ese informe, o porque sus encuestadores le dijeron que la misión había sido cumplida, la tendencialidad pro-Kremlin de las noticias televisadas fue menos marcada en la segunda mitad de esta semana. Rusia Unida está apuntando a conseguir más de un 30 por ciento de los votos y la elección de una buena cantidad de aliados. Cualquier cosa menos que eso, y su uso táctico de “recursos administrativos”, significarán un rebote.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Moscovitas cruzan una calle frente a posters electorales
del partido Rusia Unida.
 
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