EL MUNDO › LA COMUNIDAD GAY DEBATE CóMO SEGUIR LA LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACIóN

Desconcierto en el día después

El padre del atacante descartó un móvil religioso y recordó la homofobia de su hijo. En tanto, diversas voces del colectivo GLBT expresaron su pesar por lo sucedido y advirtieron sobre la necesidad de acentuar los reclamos contra los prejuicios y la segregación.

El padre de Omar Mateen, el joven que asesinó a 49 personas en una disco gay de Orlando, descartó un móvil religioso en el accionar de su hijo, a la vez que puso de manifiesto el perfil homofóbico del múltiple homicida y el suyo propio. Seddique Mir Mateen, el padre de Omar, recordó la ira que provocó en su hijo ver a dos hombres besarse; el episodio ocurrió hace un tiempo, en el centro de Miami. En un mensaje que difundió por las redes sociales, Seddique padre sacó a relucir su homofobia: “Dios castiga a los implicados en la homosexualidad” porque se trata, según él, de una elección sexual que “no corresponde a los humanos”. El múltiple homicidio conmueve de manera especial a la comunidad latina “a la que pertenece el 90 por ciento de las víctimas”, aseguró el subsecretario de Estado de Puerto Rico, Rolando Padua, quien agregó que “mucho más de la mitad son puertorriqueños”.

El padre de Mateen, de origen afgano, había hecho una campaña televisiva para postularse como candidato a presidente de Afganistán, pero finalmente desistió. Al hablar sobre su hijo, aseguró que tuvo una buena educación y que era respetuoso con sus padres. En un reportaje de la cadena NBC dijo desconocer “qué le llevó a entrar en un club gay y matar a 50 personas”, pero sostuvo que lo ocurrido “no tiene nada que ver con la religión”.

Fue entonces cuando recordó el episodio de Miami, donde Omar vio a dos hombres que se besaban y se acariciaban. “Mira eso. Ellos hacen eso y mi hijo lo ve”, dijo Omar, según el relato de su padre. Ese día estaban presentes, además, la esposa del joven y un hijo del matrimonio. Mientras el padre dice que su hijo era muy tranquilo, un ex compañero de trabajo le dijo al The New York Times que Omar “siempre estaba hablando de matar”.

Omar Mateen nació en 1986 en el estado de Nueva York. Cuando era niño, la familia se mudo a Florida. En 2006 terminó sus estudios secundarios en tecnología criminalística. Un año más tarde comenzó a trabajar en G4S, una de las mayores empresas de seguridad. Las autoridades de la firma dicen que habían evaluado e investigado a Mateen en profundidad y que no descubrieron nada que llamara la atención. Las fotos muestran a Mateen con una camiseta del NYPD (New York Police Department), el departamento de policía de Nueva York, que se puede comprar en Manhattan en cualquier esquina.

En 2009, Mateen se casó y compró una vivienda. Hasta ese momento todo parecía muy estable en su vida, aunque no lo era. Dos años después se separó de su esposa, Sitora Yusufiy, quien dijo que su ex esposo era un hombre psicológicamente volátil, enfermo y muy violento, que la golpeaba a menudo.

Ante lo ocurrido, uno de los temas planteados es cómo reaccionará, hacia el futuro, la comunidad LGTB de los Estados Unidos, conmocionada por la matanza –sin motivación política o religiosa– más grave ocurrida en territorio norteamericano. Ante la pregunta, la activista Kelly Knoxx, de 28 años, dijo que el múltiple crimen es, precisamente, “uno de los porqué nos movilizamos”. Sostuvo que es imperioso movilizarse porque “la acción del gobierno y los poderes legislativos no alcanza”. Por eso reclamó que la comunidad LGTB “debe reafirmarse para luchar contra la homofobia y ponerle fin a estas tragedias”.

Para John Becker, de 31 años, el Capital Pride Festival de este año fue “más sombrío” por lo sucedido en Orlando “pero más desafiante” que en ediciones pasadas. Ante la masacre, el desfile que recorre la Pennsylvania Avenue “no fue sólo una celebración de las distintas identidades sexuales, sino también una oportunidad de mostrarse unidos como comunidad”.

“Estos actos de violencia tienen como objetivo enviar un mensaje a toda la comunidad para que guarde silencio y sienta miedo”, señaló, para agregar que ante lo sucedido “debemos levantarnos y seguir amándonos. Tenemos que decir: ‘No, no nos van a quitar esto’”. Por su parte, Jonathan Beebe-Franqui, de 32 años, dijo que en la marcha llevó una bandera arco iris en la que se leía “Pulse”, en honor al club gay de Orlando. Oriundo de Miami y con amigos y familiares en Florida, la noticia le recordó que ser LGTB “todavía puede resultar peligroso en Estados Unidos”.

Beebe-Franqui admitió que le horroriza pensar que el tiroteo haya tenido como objetivo un bar gay, el tipo de lugar que siempre les había parecido “un puerto seguro para la comunidad LGTB. La gente cree que los locales gays son lugares para la música, el sexo, las drogas y el alcohol, pero lo cierto es que no es así en absoluto”.

“Aquí es donde nos reunimos, nos encontramos y saludamos y donde podemos ser nosotros, celebrando quienes somos. Si los homosexuales ya no pueden sentirse seguros yendo a clubes gays, no tenemos dónde ir”, reflexionó con una mezcla de tristeza y temor.

La Capital Pride Alliance, que organiza los festejos, se manifestó a favor de continuar con el programa previsto para la semana. En un comunicado, condenó lo que calificó de “acto terrorista gratuito y sin sentido”. En el principal escenario de la fiesta se guardó un minuto de silencio. Reacciones similares a las de Washington se registraron en Los Angeles y otras ciudades de los Estados Unidos.

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Homenajes en Orlando frente a la disco Pulse, el escenario de la masacre.
Imagen: AFP
 
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