EL MUNDO › LABORISTAS Y LIBERALES CONSERVADORES IGUALARON EN ESCAÑOS LEGISLATIVOS

Voto contra voto en Australia

Shorten abanderó en esta campaña la defensa de un sistema universal de salud, escuelas públicas y protección de los derechos de los trabajadores. Turnbull utilizó en la recta final el temor sobre los efectos del Brexit en la economía.

Las elecciones celebradas ayer en Australia arrojaron un resultado muy parejo entre la coalición Liberal-Nacional del primer ministro, Malcolm Turnbull, y el Partido Laborista de Bill Shorten, aunque este último ha recuperado varios escaños perdidos en las elecciones anteriores.

Unos 15,6 millones de electores estaban llamados a las urnas para elegir a 150 miembros de la Cámara de Representantes y 76 senadores. Escrutado el 93,33 por ciento de los votos, la Comisión Electoral Australiana concede 69 escaños a los conservadores y 69 diputados al laborismo de los 150 que formarán el siguiente Parlamento nacional. El que obtenga 76 asientos contará con la mayoría absoluta y podrá formar gobierno y, si ninguno lo consigue, el que más diputados tenga comenzará los contactos para negociar una alianza de Gobierno. Los independientes obtuvieron dos escaños, los Verdes –habituales aliados del laborismo– 1; Katter’s Australian Party uno; y otro para Nick Xenophon Team. La candidata laborista Linda Burney ha sido en estas elecciones la primera mujer indígena en ganar un escaño en la Cámara baja.

Los australianos votaron ayer en unas elecciones que se proyectan como muy reñidas, en las que el primer ministro saliente de la coalición conservadora se expresó confiado en que se impondrá a los laboristas.

Malcolm Turnbull, de 61 años, estimó que estará en condiciones de formar gobierno, pese que no se prevé‚ que haya una victoria contundente de su formación. “Podemos confiar en que podremos formar una coalición mayoritaria para el nuevo parlamento’’, dijo Turnbull. “Con seguridad somos los únicos que tenemos la capacidad o la posibilidad de hacerlo’’, afirmó. Sin embargo, el país ha sufrido en los últimos años de inestabilidad política, con cinco primeros ministros en cinco años. Turnbull espera legitimarse en estas elecciones tras el golpe de Estado interno en el partido liberal que hizo caer en septiembre a Tony Abbot. Tras una campaña en la que los resultados se proyectaban como muy ajustados, Turnbull utilizó en la recta final el temor sobre los efectos del Brexit en la economía.

Los principales grupos mediáticos australianos, como News Corps Australia o Fairfax Media, se han posicionado a favor de Turnbull en nombre de la estabilidad. “Tenemos que resistir, tenemos que tener un plan para responder a las necesidades de esta época, una época de desafíos y de oportunidades’’, dijo Turnbull, ex banquero y multimillonario que también ejerció como periodista.

“No vamos a saber esta noche el resultado de las elecciones. Quizá no lo sepamos durante días. Lo que sí sabemos es que el Partido Laborista ha regresado”, dijo Shorten en un rueda de prensa en referencia a los 13 diputados que han recuperado. “Cualquier cosa que pase la próxima semana, si estamos en el Gobierno o la oposición, el Partido Laborista está recargado de energía y unido y más decidido que nunca”, remarcó Shorten, cuyo formación pagó en los comicios de 2013 la crisis de liderazgo en el seno del laborismo. Shorten abanderó en esta campaña la defensa de un sistema universal de salud, escuelas públicas y protección de los derechos de los trabajadores.

Desde la llegada del laborista Kevin Rudd en 2007 al poder tras una década de reino del liberal John Howard, el mundo de la política australiana se ha visto particularmente agitado. Rudd fue derrotado por la laborista Julia Gillard en 2010 antes de retomar el poder en 2013 y cederlo a los pocos meses en elecciones legislativas a Tony Abott, derribado a su vez por Turnbull. Los próximos comicios debían celebrarse antes de enero de 2017 y Turnbull decidió adelantarlos para asentar su mayoría en el senado. El equilibrio de poder en la Cámara alta depende actualmente de independientes o representantes de partidos minoritarios que han bloqueado algunos de sus proyectos de reforma. Turnbull podría lamentar su decisión, ya que ciertas encuestas predicen un aumento de independientes o de formaciones minoritarias como los Verdes.

“Las alternativas nunca han sido tan vastas’’, considera el politólogo Nick Ecomou, de la Universidad de Monash. La popularidad del primer ministro también ha caído por las dudas sobre la eficacia de sus reformas, y por disputas internas espoleadas por los partidarios de su predecesor en el cargo. Los laboristas, por su parte, han hecho una campaña clásica, prometiendo inversiones en salud y educación, mayor justicia fiscal y el desarrollo de las energías renovables.

Durante la campaña, Turnbull ha prometido reducciones de impuestos, ha defendido su controvertida política migratoria, y sobre todo, ha destacado la amplia experiencia económica de su equipo, en un momento en que Australia, que lleva un cuarto de siglo sin experimentar un periodo de recesión, negocia el fin de la era dorada de la minería. En lo relativo a la cuestión fundamental del cambio climático, pese a ser considerado más sensible que Abott en materia medioambiental, no ha cambiado en absoluto la línea de su predecesor. Admitiendo la importancia del carbón para su economía, los laboristas tampoco prevén una salida plena del uso de este fósil. Shorten propone un objetivo de reducción de las emisiones del 45 por ciento respecto a 2005 con horizonte 2030, mientras que Turnbull apuesta por un 26 por ciento.

Un total de 57 partidos e independientes se presentaron a estas elecciones, con 994 candidatos para la Cámara baja y 661 aspirantes para la Cámara alta. La estabilidad económica, cuya preocupación fue amplificada por el Brexit, protagonizó el final de la campaña electoral que comenzó en mayo pasado y que ha sido la más larga del último medio siglo en Australia. La jornada transcurrió con normalidad y con algunos retrasos en los centros de votación que han originado largas filas, en parte por la confusión causada por los cambios del sistema para elegir a los senadores que aprobó el Parlamento poco antes de que se convocasen las elecciones de forma anticipada.

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